domingo, 16 de enero de 2022

 

LOS CAMINOS DEL DESTINO LLEVAN A LA SANGRE QUE RESUCITA

Amilkar volvió a casa, ha estado muy pensativo, había muchas en cosas en que pensar. Había pasado tanto en tan poco tiempo. Y ahí, entre toda la maraña de pensamientos que recorrían su mente, recordó el viejo diario. Por supuesto, cómo olvidar algo tan misterioso y a la vez tan potencialmente importante, quizá no era totalmente legible, pero si se esforzaba, quizá hallaría alguna buena respuesta a los secretos de la casa. 

Mariana: ¡Amilkar! qué bueno que llegas, me he dado cuenta de que son cuatro las habitaciones que están disponibles para nosotros, así que me he adelantado y yo ya he escogido. Tienes las otras tres para escoger, pero deberás limpiarla tú, Ah pero debo advertirte que una de ellas no se puede abrir, mañana iré por el cerrajero para que abra esa puerta. 

Amilkar: descuida mamá, ya he elegido la mía y es la habitación que está en el último piso de la casa. 

Mariana: ¡No me digas! no sabía que había otra habitación, solo revisé el pequeño invernadero que hay ahí, no pensé que uno de los cuartos fuera una habitación. 

Amilkar: Así es, y como ya ha elegido la suya entre las cuatro que están juntas, yo me quedaré con esa.

Mariana: ¡Si tú lo dices! solo espero que no haga frio en esa parte de la casa.

Amilkar: para nada.

Mariana: Pues tendrás que limpiarla todos los días, tu alcoba es ahora tu responsabilidad, además de que tendrás que ayudarme a limpiar de vez en cuando, no podré yo sola con toda esta enorme casa. 

Amilkar: claro que sí mamá, no te preocupes. 

La habitación de la parte superior era la menos sucia de todas, quizá fue la alcoba de Evangelina, pero Amilkar tenía especial interés en que ese lugar estuviera a su alcance, además de que sentía que habitar la parte más alta de la casa le daba cierto grado de importancia. Tan pronto terminaron él y su madre de cenar, Amilkar fue a su nueva habitación y comenzó a buscar el diario de la tía Evangelina. Una vez que lo tuvo, lo miró nuevamente, lamentó mucho que aquella sustancia, sea lo que haya sido, hubiera desvanecido el texto escrito a mano a tal grado de hacerlo ilegible. Pero la curiosidad de un joven impetuoso es una fuerza grande y poderosa; así que estaba decidido a estudiar el diario hasta donde sus capacidades se lo permitieran, y esta noche no sería la excepción. 

"Es difícil no quererles, cada uno sale de mi propio ser. Son creaturas creadas a mi imagen y semejanza. Son mis hijos, los hijos que nunca el tiempo desvanecerá. No me cuesta hacer a ninguno de ellos, todos salen de mi cabeza cual pensamientos fluidos que uno tiene en los ratos de ocio. Soy esposa de mi mente, de la única que no me traiciona, ni puede traicionarme jamás...”

“Mi abuelo me ha dicho que es tarde para él, su cuerpo no aguantará más, pero su alma sí que vivirá. Quisiera saber a qué es lo que se refiere ¿serán acaso dichos de una persona senil y agonizante? Pero lo dice de una forma muy convincente, como si fueran cosas que ha pensado durante toda la vida...”

“No me arrepiento de lo que he hecho, el poder lo tengo yo, ES MÍO Y SOLO MIO, SOY YO LA QUE TODO LO PUEDE, ESA ES LA REALIDAD Y LA ÚNICA VERDAD, SOY LA VIDA Y LA TRANSFORMACIÓN...”

“Una sombra fría me sigue, no puedo evitar pensar que me estoy volviendo loca, a veces siento que no me obedecen a mí, que pierdo control sobre ellos. Algo está sucediendo, puede que sea que enfermo de poder... debo ser más cautelosa, no me pueden quitar algo que ya es mío ¡eso lo sé! tardé años en entenderlo ¡EN DOMINARLO! Y SOY CAPAZ DE LO QUE SEA POR DEFENDER MI POSICIÓN...”

“Creo que ha sido mi conciencia la que me engaña, puede que tenga cierto remordimiento por mis actos, pero son pensamientos que debo desechar, me estorban, no son parte de lo que soy ahora, no tengo por qué sentirme culpable de nada. Son ellos los tontos que no saben lo que es el verdadero universo, la verdad de la vida. Ellos están condenados a perecer por sus estupideces... “

“He intentado un experimento nuevo, pero ha sido un total fracaso, aún no estoy segura si realmente es él. No puedo saberlo si no confió en lo que me dice, pero lo que me dice es, que no es él. Lo niega rotundamente, no termino de entender, ¿es quizá otra persona u otra forma? podrá sentir rencor hacia mí por lo que hice, o es alguien limpio que nada tiene que ver. ¡No! no puede no tener nada que ver, los lazos que he unido para que esto sucediera lo mantienen de alguna manera conectado con lo sucedido. ¿Pero que es entonces lo que he hecho? Lamentablemente no sé si él lo logró, no me explicó nada de esto de la manera debida. No puedo creer que hubiera sido solo un aficionado. ¡No! no lo creo, debió ocultarlo deliberadamente para que no me diera cuenta si decidía regresar ¡claro! de esa manera podría volver a reclamar todo lo que era suyo ...”

“Debo dejarlos ocultos, no puedo dejar que nadie sepa de esto, todas mis herramientas deben estar aseguradas... en.... quizá... por lo que debe... un lugar.... yo... la cap.... al... el al..."

Amilkar: No puedo leer ninguno de los parajes por completo, todos están borrosos, en especial este último. No entiendo que quiere decir cada uno de estos párrafos, además están salteadas las hojas, maldita tinta, porque tenía que correrse. ¿Pero de qué habla? siento que verdaderamente hay algo en esta casa, no puedo dejar de pensarlo. ¡LO TENGO QUE DESCUBRIR!

Mariana: ¡Puedo entrar!

Amilkar: ¡Eh! Sí, un momento... un segundito.

Mariana: ¿Por qué cierras la puerta?

Amilkar: ¡Lo siento! es que me estaba vistiendo para ir a dormir. ¿Qué sucede? ¿Qué paso?

Mariana: No nada, es solo que quería ver tu nueva habitación.

Amilkar: ¡Ah, no! yo ya la escogí.

Mariana: No te preocupes, solo quiero conocerla es todo. No te la voy a quitar, si es lo que estás pensando.

Amilkar: ¡Bueno!

Mariana: Hijo, creo que este cuarto no estaba tan sucio... pudiera ser que... ¡Sí! estoy segura. Aquí dormía tu tía Evangelina. 

Amilkar: Espero que no haya problema con eso.

Mariana: No, la verdad es que yo no quería quedarme en el cuarto de ella. En cierta forma me siento aliviada, pero...

Amilkar: Pero ¿qué?

Mariana: No, nada hijo. ¿Cómo te fue hoy? por cierto.

Amilkar: Muy bien, he conocido a la prima de Ana. La hemos pasado genial. 

Mariana: ¡Enserio! No tenía idea de que tuviera una prima ¿Y ella es bonita?

Amilkar: Mamá, ¿vas a empezar con eso otra vez? ya te dije que no tengo interés en alguna chica en este momento.

Mariana: ¡Ay hijo! es que me cuesta mucho creer que no haya ninguna chica tras de ti, si tú eres guapísimo.

Amilkar: No mamá, a las chicas les gustan los payasos, como David Bolaños o el imbécil de Tristán Gutiérrez. Todas las chicas hablan de esos buenos para nada solo porque hacen fiestas todos los fines de semana y se comportan como una bola de chimpancés amaestrados. 

Mariana: ¡Nah! yo creo que te equivocas, es solo que te comportas muy gruñón. No creo que esos chicos se parezcan en algo a ti. No, no me engañas. Pero si pareces actor de novela juvenil. Además, el pasado catorce de febrero hubo muchos regalos para ti de las clientas y de otras chicas que seguro son tus compañeras de escuela. ¿O me vas a decir que todas esas cartas y chocolates te los dio Ana?

Amilkar: Mamá si no tienes otra cosa de que hablar, creo que deberías irte a dormir.

Mariana: Jajajaja, ay mi niño enojón, pero no tienes por qué ponerte así. Pero bueno, tienes razón, es tarde y mañana tengo que irme un poco más temprano. Le dije a Lolita que pasaría a recoger su encargo. Descasa, dulces sueños amor.

Amilkar: Hasta mañana, descansa también.

Las páginas del diario eran varias, pero ninguna daba pistas concretas sobre lo que estaba escrito, más bien generaban más confusión. Pero era tarde y el día siguiente era día de escuela. Entonces Amilkar decidió dejar la investigación para otro día, quizá dormir le ayudaría a aclarar más sus ideas. 

A la mañana siguiente, Amilkar se despertó muy temprano, aún no salía el sol, pero estaba en buen tiempo para poder arreglarse y desayunar. Mientras lo hacía, se mantenía pensando en algo que él sabía que pasaría, que vería a Minerva nuevamente, la espera había terminado por fin. El chico pensaba cosas como “Pudiera ser que esta vez sí pudiera hablar con ella... podría ser... pero…” Amilkar era muy orgulloso, no le gustaba ser el primero en iniciar una conversación con las demás personas. De hecho, Amilkar era vanidoso y por ello siempre esperaba que las personas se interesaran en él, y como así era la mayoría de las veces, él jamás tomaba la iniciativa para conocer a alguien, siempre estaba seguro de que los demás querían conocerlo a él y ser parte de su vida, cosa que también él no les permitía. No porque no quisiera, sino porque, a pesar de ser considerado un chico genial y muy popular, él era inseguro de sí mismo y no quería arruinar la imagen que los demás tenían de él, o más bien, que los demás habían construido por él.

Pero Minerva era una chica muy segura de sí misma, ella no era de las personas que les gustaba seguir a los demás ni admirar a nadie más. Era muy extrovertida y con mucha personalidad, por ello, ella también era una chica muy solicitada por los compañeros de su escuela. Era sabido que Minerva no tenía novio ni ninguna relación sentimental con nadie, eso alentaba a muchos jóvenes a tratar de concursar entre ellos por la atención de ella. Pero la joven lo sabía y tomaba provecho de ello. Amilkar estaba algo enceguecido por la belleza de Minerva y por su forma tan empoderada de ser. Así que no se daba cuenta de la verdadera personalidad de ella, y estaba resuelto a crear una circunstancia que le permitiera entablar alguna relación con ella y poder llegar a su corazón.  Pero no estaba seguro de cómo hacerlo, es más, no tenía ni idea de que hacer, sin que pareciera que era como los otros chicos ni dañar su reputación de chico duro. Pero había alguien que sí que le ayudaría de alguna manera.

Ana: Hola chicas que tal ¿Cómo están el día de hoy? 

Las jóvenes a las que se dirigía Ana le respondieron con un tono chocante y cortante.

Patricia: ¡Hola Ana! pues muy bien gracias, ya sabes, pensando en cosas nuestras.

Ana intentaba entrar en el círculo de amistades de Minerva para poder ayudar a su gran amigo a conseguir una oportunidad con ella. Pudiera ser que muchos pensaran que Ana sentía algo por Amilkar, pero eso ya había quedado muy en el pasado. Ella había adquirido otros sentimientos hacia su amigo, y pese lo que pensaran los demás sobre la forma de actuar o de ser de Ana, ella en realidad era alguien madura que no deseaba complicar las cosas. También sabía que Minerva era persona superflua y llena de complejos, que no era alguien que pudiera tener una relación sería, aun así, estaba segura de que Amilkar no haría caso de las palabras que ella le dijera. Tenía que experimentarlo por cuenta propia. Ana sabía que tanto Minerva como Amilkar, eran muy semejantes en su forma de ser, por lo que casi apostaría su propia vida en que Minerva y él no serían compatibles.

Ana: Genial chicas ¿y que tienen planeado hacer?

Ofelia: No lo sabemos aún, apenas es lunes. Tenemos toda la semana para hacerlo, pero dudo que te interese ¿o sí? nadie va a vestir de negro ni esas cosas tan raras que te gustan a ti.

Ana: ¡Para nada, te equivocas! 

Patricia: Sí, es que Ana. No te ofendas linda, pero eres un poco extraña ¿no lo crees?

Ana: Puede que un poco, pero eso que tiene que ver con querer hablar un poco con mis compañeras de clase.

Ofelia: Es que se nos hace muy raro que nos dirijas la palabra de esa forma, usualmente tú no tienes interés en nosotras.

Ana: No es eso chicas, es solo que a veces estoy un poco ocupada con algunos problemas y cosas así. 

Patricia: ummm. No lo sé Ofe ¿tú qué opinas?

Patricia y Ofelia se miraron la una a la otra, y como si hubieran sincronizado sus pensamientos, ambas sonrieron como si hubiera algo de lo que pudiesen sacar algún provecho.

Ofelia: Mira Ana, nosotras nos conocemos desde hace mucho, puede que tengamos pensado que no somos personas importantes para ti, pero también puede que estemos equivocadas. jeje, pero bien, si quieres puedes asistir a nuestra pequeña reunión. Pronto será Halloween, así que haremos una pequeña fiesta en casa de Ofelia, sus padres salen de viaje por una semana así que tendremos la casa para nosotros, y si puedes traer a ese galán de Almikar contigo, créeme que estaríamos súper agradecidas contigo.

Ana: Por supuesto, considérenlo hecho... ¡oh! una pregunta...

Ofelia: ¿Sí? ¿Qué sucede?

Ana: ¿Minerva estará también en la fiesta?

Patricia: Claro que sí, no podemos no invitar a nuestra querida amiga de toda la vida.

Ofelia: Así es… ¿Por qué el interés en ella?

Ana: No, es que... bueno... pues creo que entre más gente conozca, mejor ¿no?

Patricia: Supongo que sí... solo... no te haga muchas ilusiones, eres linda, pero, nuestro círculo de amigos es muy especial. En fin, si te animas, puedes traer algunas cosas para que todos podamos pasarla bien. ¿Ya sabes no?

Ana: Claro (hay que gente tan superficial y absurda, insinuarme que lleve droga o alcohol. En fin, que podría esperar de este par de brutas, seguro solo quieren asegurar su suministro de embrutecedores artificiales). Yo me encargo de eso (lo que hago por ti amigo).

Ana sabía que las chicas populares de su salón planeaban una fiesta de ese tipo, y que seguramente Minerva asistiría a un evento como ese, creyó que era la mejor oportunidad de acercar a Amilkar a la clase de persona de la que estaba enamorado de una manera sutil. Ana pensaba que tampoco sería fácil convencer a Amilkar, ni siquiera, aunque le dijera que Minerva asistiría a la fiesta. Pero tenía que convencerlo de alguna manera. Pudiera ser que intentara engañarlo, pero eso no era ni siquiera una opción. Ana jamás intentaría poner el juego su lealtad para con su amigo de esa forma, así pensó que le hablaría con la verdad. Solo que la excusa sería que intentaría hacer que Altagracia se divirtiera un poco, pues Amilkar sospecharía si solamente Ana le pedía que la acompañara a la fiesta de buenas a primeras. El chico sabía que Ana nunca tendría interés en una actividad así.

Amilkar: Hola Ana ¿Qué tal todo? ¿Cómo estuvo tu prima después de lo que pasó?

Ana: Hola Amil, pues ella estuvo mejor, se vio más animada una vez que olvidó todo eso. 

Amilkar: Que bueno... umm ¿Qué querían esas chicas?

Ana: ¡Oh! Patty y Ofe, emm bueno... Pues quieren hacer una de sus fiestas tradicionales de Halloween, han invitado a casi toda la clase.

Amilkar: ¿Incluyéndote?

Ana: Sí, sé que es raro. Pero tal vez quieren tener más variedad de gente.

Amilkar: ¿Iras?

Ana: No lo sé, quizá si vaya, pero solo para que Altagracia pueda ir también, ella quiere conocer a un poco más de gente y ya sabes, relacionarse más. 

Amilkar: No me dio la impresión de que quisiera ser una chica popular, o interesarse en esas cosas.

Ana: No, pero no quiero que se la pase encerrada todo el tiempo, quizá puede que nos divirtamos mucho. Amilkar, también quiero pedirte que nos acompañes. ¿Puedes?

Amilkar: Ah, no lo sé, no me gustan esas cosas de chicos tontos que solo quieren emborracharse y hacer estupideces, ya lo sabes.

Ana: Lo sé, pero seremos tres, y nosotros haremos nuestro propio ambiente.

Amilkar: Sí, pero a mí no me van a dejar en paz. Van a estar preguntándome cosas y rodeándome todo el tiempo.

Ana: Por favor, solo será un rato.

Amilkar: Bueno, veo que tienes mucho interés en ello, está bien. Pero solo será menos de una hora o algo así.

Ana: Sí, si todo comienza a ponerse feo entonces nos vamos a otro lugar. ¡Gracias Amil!

De alguna forma, Amilkar buscaba una excusa para poder asistir a la fiesta de Patricia y Ofelia.  De todas formas, él ya se había enterado de que habría una fiesta, Patricia y Ofelia ya lo habían invitado por medio de un correo electrónico, pero como no estaban seguras de sí acudiría, ellas sintieron que fue un golpe de suerte que Ana se hubiera acercado a ellas y de esa manera poder garantizar la asistencia de Amilkar. Con ello todos pensarían que el serio Amilkar las tomaba en cuenta por el solo hecho de ir a su fiesta.

Ivan: ¡Amilkar! Hola buen día.

Amilkar: ¡Eh, oh! eres tú. ¿Qué tal?

Ivan: ¿Pues hace un buen día hoy no crees?

Amilkar: Sí, supongo que sí.

Ivan: ... Bueno, iré a terminar algo que deje pendiente, ojalá podamos hablar luego.

Amilkar: ¡Seguro!

Ana: No sabía que le hablabas a ese chico.

Amilkar: Ah, bueno lo que pasa es que me lo encontré ayer por la tarde cuando volvía a casa. De hecho, él fue el que se me acercó mientras descansaba en una banca de un parque. 

Ana: No me digas, seguro que... puede que sea cierto después de todo.

Amilkar: ¿El qué? ¿De qué hablas? ¿Qué sea cierto que?

Ana: ¿No sabes lo que se dice de aquel chico?

Amilkar: No, ni siquiera recordaba quien era cuando me habló.

Ana: Bueno, lo que sucede es que ese chico suele comportarse de una manera algo extraña. No sé cómo decirlo, pero mucha gente dice que ese chico no habla con las chicas en absoluto, y si lo llega a hacer, lo hace de una manera muy cortante. 

Amilkar: No sé qué tiene eso de malo. 

Ana: Pero con los chicos es muy atento y muy... emm... cariñoso. No sé si me estoy dando a entender.

Amilkar: Creo que no por completo, no se a dónde quieres llegar con eso.

Ana: Lo que intento decirte, es que hay una fuerte sospecha de que a ese chico le gustan otros chicos.

Amilkar: Ya veo, mmm la verdad no sabría decirte si es verdad, apenas si he conversado con él y no me pareció que quisiera intentar algo de eso conmigo. 

Ana: Pues yo lo que, si sé, es que siempre está solo. Parece que no tiene muchos amigos.

Amilkar: Sí, eso mismo me dijo. 

Ana: En fin, gracias por aceptar ir con Altagracia y conmigo.

Amilkar: …

Amilkar no respondió y parecía haberse quedado petrificado un momento. Ana chasqueaba los dedos frente a los ojos de su amigo para despertarlo de ese ensueño.

Ana: ¿Amil? oh ya... Mine ha llegado jajajaja, no sé por qué siempre te pones así cuando llega (no sé cómo no se da cuenta de la clase de chica que es, pero espero que pronto lo haga. No sé qué pensara cada vez que la ve, pero seguramente es sobre como poder hablar con ella sin parecer alguien interesado).

Amilkar: ... (Ojalá que... quizás haya alguna manera, tengo que descubrirlo).

Después de clases y de estar en la cafetería, Amilkar regresaba a casa para explorar cada rincón y poder encontrar algo más que un diario deslavado. No paso mucho tiempo hasta que decidió explorar la vieja capilla, el lugar más lúgubre de la casa. Miraba detrás de cada uno de los santos e imágenes y cuadros que se encontraban ahí con la esperanza de hallar alguna puerta o cofre que contuviera las supuestas "herramientas" de las que había hablado su tía Evangelina en su diario. Fue así que en el altar encontró una pequeña compuerta la cual estaba abierta. Aparentemente alguien había forzado el candado, ya otra persona había hurgado en ese sitio, probablemente había sido la policía, tratando de encontrar algo que guiara la investigación que se realizó en aquella mansión tras la muerte de Evangelina; lo cual no parecía viable ya que no se había abierto el pasillo de la capilla hasta que ellos llegaron a esa casa. No había sino una especie de frascos extraños de apariencia muy elegante, el vidrio con el que estaban hechos estaba trabajado de una manera extravagante, como cualquiera de las cosas que hay en un santuario o una iglesia. Pero había en su interior un líquido de un color púrpura precioso, tenía un tono encendido que invitaba a mirarle por mucho tiempo. Sea lo que sea, Amilkar investigaría sobre que era aquella, debía haber alguna otra pista dentro, sin embargo, no existía nada más en el interior de aquel compartimiento que esos frascos de vidrio. Paso casi toda la tarde en su cuarto observando el frasco, cuando lo abrió, un olor muy dulce salió de aquello. Al no poder hacer alguna prueba en ese momento, escondió los frascos en un closet y se fue a descansar.

En la noche volvió a soñar cosas extrañas, pero esta vez no estaba en otro tiempo, estaba soñándose dentro de la casa. Él estaba al pie de las escaleras, mientras que veía cómo una larga fila de muñecas de porcelana señalaba hacia la puerta de salida, como si estuvieran exigiendo que Amilkar saliera de esa casa. Aquellas muñecas emitían sonidos inentendibles, casi como si estuvieran cuchicheando entre ellas. Eso aterro al chico, quien inmediatamente salió de ahí por el camino que le indicaban. Pero al estar fuera, otra larga fila de muñecas se encontraba allí. Pero ellas no señalaban a salida principal, si no que se extendían de manera que rodeaban la casa, señalando hacia la parte de atrás, en el patio trasero donde aún la maleza predominaba. Amilkar siguió aquel camino de muñecas el cual terminaba cerca de una trampilla que estaba cerca de una estatua de un ángel, muy deteriorada, por cierto. 



CAPITULO 7

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