EL CAOS EN LA MENTE
Amilkar se sentó por
un momento, había ascendido a la superficie muy rápido, casi de un modo instantáneo,
estaba completamente excitado. Apenas, gracias a unos segundos de paz, comenzó
a pensar en lo ocurrido. Su piel sufrió un efecto de erizamiento al recordar lo
que había visto en las cuevas. Casi sintió que quería desmayarse, después
sintió un gran alivio al poder haber regresado a casa sano y salvo. Enseguida
creyó que era genial que hubiese un lugar así del cual solo él supiese su
existencia. Sin embargo, eran muchas las emociones que estaba teniendo en ese
preciso instante. El cómo es que algo que había soñado pudiera existir. Aquella
muñeca era prueba de ello. Además, ese hecho le hacía recordar las
espeluznantes imágenes infernales que acompañaban aquella pesadilla. Y la gran
creatura que apenas observó hace unos minutos en la oscuridad ¿Qué demonios
era? Los innumerables túneles que estaban allí, los abismos y precipicios... ¿A
dónde conducían todos ellos? ¿Qué clase de animales emitían sonidos tan
perturbadores como los que había logrado escuchar? y lo más importante ¿Qué
hacían las marionetas allá abajo? ¿A quién pertenecían? Después de tener tantas
interrogantes asolando su tranquilidad, pensó que era mejor darse un baño y
alistarse para la fiesta de esa noche.
Ana y su prima
seguramente no tardarían en venir. Amilkar no sabía si revelar la existencia de
aquella cueva a su mejor amiga, pero él pensaba que quizá debía esperar un poco
más a que se aclarara el misterio, saber si podía confiar un secreto así.
Después de haberse
arreglado para la fiesta, Amilkar tomó a Ofuku y la examinó por largo tiempo,
observó que tenía movimientos muy libres, estaba articulada de manera que
presentaba una amplia movilidad, pero había algo que le llamó la atención; la
boca de la muñeca podía abrirse, lo que le llevó a preguntarse la razón de
ello. Estaba muy bien fabricada, podía incluso ponerse de pie y mantener la posición
en la que uno la dejara. El material con que estaba construida parecía ser
de una madera muy sólida.
Enseguida, alguien
llamó a la puerta, seguramente sería Mariana, quien habría terminado de hacer
algunas cosas fuera de casa.
Amilkar: Mamá ¿Cómo te fue?
Mariana: Bien, hijo. Hemos ido a ver al abogado Andrés, necesitaba
aclarar algunas cosas sobre la propiedad. Pero bueno, no quiero hablar de esas
cosas ahora.
Amilkar: ¿Es muy grave?
Mariana: No, es solo que hay muchas personas que están algo en contra de
que este lugar haya pasado a nuestras manos.
Amilkar: ¿Quiénes?
Mariana: No tiene caso, pero bueno, creo que debes saber sobre tu tío
Flavio. Es un tipo ambicioso que dice tener derecho sobre la propiedad por
haber ayudado al abuelo con algunos negocios que tenía y que nunca le pago el
total de lo que merecía. Pero lo cierto es que no hay nada que compruebe que
tenía un negocio de manera legal con el abuelo, ni tampoco hay constancia de
los pagos hechos, o alguna factura que le acredite. Prácticamente no hay nada
con lo que pueda reclamar algo de esto.
Amilkar: ¡Rata!
Mariana: Eso mismo pensé. Pero no te preocupes, ya todo está arreglado.
Ese codicioso no intervendrá en nuestras vidas.
Amilkar: De hecho, me he estado preguntando cuando sucedería algo así.
Siempre que hay una herencia de este tipo, no falta alguien de la familia que
"salte como gato" para reclamar cualquier cosa.
Mariana: Veo que te has arreglado y todo, pero aún es muy temprano ¿o
no?
Amilkar: Para nada, la fiesta comienza a las seis de la tarde. Además,
quiero salir lo más pronto posible de ese lugar por eso quiero llegar temprano.
Mariana: Me parece mentira que Ana lograra conseguir que aceptaras
asistir a esa fiesta. Hijo, creo que es bueno que salgas de vez en cuando a
fiestas, puedes ampliar tu círculo de amigos, o quizá conseguir a alguna chica.
Amilkar: Mamá, sabes que esas cosas no son de mi interés ni de mi agrado.
Amilkar volvió a su
cuarto, utilizando la excusa de no querer extender el tema sobre sus relaciones
sociales. No había otra cosa en su cabeza que analizar a profundidad a Ofuku en
ese momento. El diseño era tétrico en ella se veía reflejada una tremenda
maldad, había quedado impregnada en el diseño y la expresión de aquella; pero
no había nada más que pudiera hacerse con la muñeca. Sin embargo, él sabía que
era importante para algo o de lo contrario no hubiese estado oculta en un lugar
así. Debía revisar las otras seis cajas que había dejado al pie de la escalera
que conducían a los túneles. Pero Ana estaba tocando la puerta en este momento,
era hora de tener en mente otras cosas. Por ejemplo, cómo es que debía abordar
a Minerva o como poder impresionarla para que ella quisiera hablar con él.
Amilkar dejó escondida la inquietante marioneta debajo de su cama para evitar que
su madre la viera y decidiera tirarla a la basura o quemarla.
Ana: ¡Amilkar, apresúrate, llegaremos tarde!
Amilkar: Ni que hubiera que llegar temprano, enserio, no sé por qué he
dejado que me convencieras.
Ana: Pero yo sí sé, así que vamos, será en su casa.
Amilkar: ¡Shh! guarda silencio, te oirá mi madre... ¡MAMÁ, REGRESO EN UN
PAR DE HORAS!
Mariana: ¡SÍ, DIVIERTETE! NO TE ATREVAS A REGRESAR SIN TRAERME A UNA
NUERA A LA CUAL PRESENTARME.
Entre refunfuños,
Amilkar apresuró a las chicas a salir de la casa para ir de inmediato a la
fiesta. Amilkar vestía completamente de negro, de hecho, el estilo que estaba
usando era una especie de "modern gothic", sin ser tan pretencioso o
muy despampanante, pero sí muy elegante y llamativo. Ana iba vestida de una
especie de bruja o maga celta, mientras que Altagracia usaba un atuendo un poco
más oriental. Ellos habían pensado que chicas como Patricia, Ofelia y Minerva,
no usarían atuendos alusivos a esas fechas, así que si veían que nadie más
usaba algún disfraz, se podrían cambiar rápidamente; eso aplicaba para Ana y su
prima; a diferencia de ellas, Amilkar vestía de tal forma que podía pasar como
un atuendo casual y de su propio estilo.
En el camino,
Altagracia quería comunicarle algo a Amilkar, pero no sabía si debía hacerlo,
ya que temía que pudiera tomar su comentario a mal. El caso era que, ella había
tenido una visión en la que Amilkar la pasaría muy mal si se mantenía cerca de
Minerva esta noche. Pero, aunque llevaba poco tiempo conociéndolo, sabía que
Amilkar había esperado con ansias toda la semana para poder asistir a la fiesta
de esta noche. Sin embargo, el hecho de que ella supiera que algo sucedería y
no comentárselo al chico, que ya consideraba como un amigo, era un acto de
traición según su perspectiva. Así que creyó que era mejor decirlo de una
manera neutral, sin que diera a entender que ella trataba de interponerse en la
relación idealizada por él.
Altagracia: ¡Amilkar...!
Amilkar: ¿Si?
Altagracia: Ten cuidado, es mejor que seas prudente con respecto a tus
emociones. Nunca es bueno dar rienda suelta a sentimientos tan alborotados.
Mantén la cabeza fría y no te dejes llevar por las cosas que veas.
Amilkar: ¿Qué quieres decir?
Altagracia: ¡Que seas prudente!
Altagracia no pudo
ser más directa que lo que ya había dicho, Ana se percató de que
Altagracia intentaba advertir sobre algo. Después del comentario de Altagracia,
Ana rompió con esa atmósfera tan seria que se había generado. Amilkar cerró los
ojos, Ana sabía que cuando el hacía eso era para hablar de manera sería, pero
también arrogante e hiriente. Así que intervino diciendo:
Ana: ¡Chicos! acabo de recordar, ¿Sabían que ha habido una ola de
asesinatos muy crueles aquí en el centro de la ciudad?
Amilkar: ¿Qué?
Ana: Sí, dicen que muchas personas han muerto de manera horrible, les
han descuartizado por completo. Tiene a la policía vigilando por todos lados.
Amilkar: Eso explica porque de repente hay muchas patrullas por toda la
ciudad. Más de lo habitual.
Altagracia: ¡Eso me da mucho miedo! No creo que sea buena idea salir muy
tarde de la fiesta.
Ana: No se preocupen chicos, habrá mucha vigilancia, estaremos bien.
(Vaya manera de desviar la atención del tema, pero no pude pensar nada mejor en
este momento).
Amilkar y sus amigas
fueron algunos de los primeros en llegar a la fiesta. Tal como lo había
imaginado Amilkar, nadie estaba disfrazado, por lo que las chicas corrieron al
baño antes de que alguien las viera; como traían la ropa sobrepuesta, solo fue
cuestión de quitarse los trajes de encima y listo.
Dayana: ¿Qué se supone que haces tú aquí?
Ana: Eso es algo que no te importa.
Dayana: No puedo creer que te hayas colado aquí. ¡Esto lo tiene que
saber Patricia!
Ana: Para tu información, querida. Fueron ellas las que me han invitado
a asistir.
Dayana: ¡No puedo creerlo!
Ana: Créelo o no, a mí no me interesa tu opinión. Ahí está el
excusado así que nomás jala la palanca y vete. Si me disculpas, mi prima y yo
seguiremos disfrutando de la fiesta.
Dayana: No eres más que una vulgar...
Las amistades de las
chicas anfitrionas eran gente superflua y con actitudes elitistas, odiaban que
gente que no estuviera dentro de su círculo social se mezclara con ellos.
Dayana era una de tantas mujeres que solo pensaba en alardear sobre su estilo
de vida y su imagen. Ella estaba un poco desconcertada, jamás había visto que
Patricia u Ofelia invitaran a alguien como Ana a sus fiestas. Así que, con
postura de reclamo, fue a ver a Patricia inmediatamente.
Dayana: ¡Patricia! ¡Patricia!... Oye ¡Patricia escúchame!
Patricia: ¿Qué sucede Day? ¿Por qué tan alterada?
Dayana: Es que aún no me lo creo ¿Cómo es posible que hayas metido a la
gentuza a tu casa?
Patricia: ¿De qué hablas? ¿lo dices por Gertrudis?
Dayana: ¿Qué? ¡No! Lo digo por Ana.
Patricia: Hay amiga, la invité porque quería que convenciera a Amilkar
de venir a la fiesta, tu sabes las ganas que le tengo a ese chico. Además,
nunca viene si lo invitamos nosotras, así que se me ocurrió que si invitábamos
a Ana, ella no vendría sola.
Dayana: Pero todas sabemos que nadie de nosotras es su tipo.
Patricia: Bueno, quizá tu no lo sepas, pero...
Magdalia: Patty, necesitamos urgentemente tu ayuda, las luces del jardín
no encienden. ¡Ven!
Dayana: Espera ¿Qué es lo que me ibas a decir?
Magdalia: ¡Apresúrate! ¡Creo que uno de los generadores va a
explotar!
Dayana: ¡Maldita sea! Bueno, tendré que investigar por mí misma.
Dayana era una chica
que odiaba a Ana, pues alguna vez tuvieron un altercado que nunca pudo superar.
Hace unos años, el novio de Dayana sintió una profunda atracción por Ana, así
que terminó la relación que sostenía con Dayana y trató de conquistar a Ana;
sin embargo, Ana no tenía ningún interés en el chico, así que simplemente no
correspondió sus sentimientos. Eso hizo que Dayana enfocara toda su desdicha y
su odio con Ana. Una aberración infundada, pero Dayana culpó de todo lo
sucedido a la pobre chica.
Altagracia y Ana
tenían dificultades para poder sociabilizar con las demás personas. Sin
embargo, Amilkar estaba siendo muy asediado por las jóvenes que se encontraban
ahí. Llamaba mucho la atención. Patricia y Ofelia estaban intentando que
Amilkar les hablara para poder hacer ver a los demás, que no había hombre que
se les resistiera, incluso alguien tan introvertido como Amilkar debía de ceder
a sus atributos. Pero Amilkar estaba indiferente, y solo aguardaba la llegada
de Minerva para poder estar tranquilo. Paso alrededor de una hora y media hasta
que Minerva se hizo presente en la reunión; Amilkar no pudo contener su
expresión al verla entrar. Pero Dayana, quien se mantenía expectante a lo
lejos, observó como el chico estaba hipnotizado por Minerva. Tardó solo unos
segundos en darse cuenta de lo enamorado que estaba Amilkar de su querida
amiga. Entonces procedió a mover un poco las cosas.
Dayana: ¡Mine! ¿Cómo estás?
Minerva: Muy bien amiga. Te veo muy alegre ¿puedo saber por qué?
Dayana: Es Obvio, estamos en una fiesta ¿no es así? ¡Ha! No, es que hay
algo de lo que acabo de enterarme.
Minerva: ¿De qué se trata?
Dayana: ¿Acaso no sabes que hay un chico que estaría dispuesto a estar a
tu lado a cualquier precio?
Minerva: ¿De quién se trata? Bien, la verdad es que hay varios chicos,
así que eso no me es novedad.
Dayana: Bueno, este es un caso especial. Un chico que muchas desearía
que les dirigiera la palabra.
Minerva se percató inmediatamente
de quién era la persona a la que estaba refiriendo Dayana. Pero simuló no darse
cuenta y fingió desconocimiento total acerca del tema.
Minerva: Y, según tú ¿Quién ese ese chico?
Dayana: ¡No me digas que aún no te has dado cuenta cómo es que te mira!
Minerva: Son muchos los que desearían pasar una noche conmigo, porque
habría uno de ellos ser especial.
Dayana: Dime algo amiga, si uno de ellos te pidiera pasar la noche
contigo ¿Aceptarías sin importar de quien se tratará?
Minerva: Eso depende de quién me lo pida y también en qué condiciones
esté, no estoy desesperada querida.
Dayana: ¡Ya veo!
Dayana pensó que debía seguir más de cerca a Ana para averiguar cuál era
su propósito verdadero, pues creía que tenía algo más en mente.
Ana estaba en el jardín junto con Altagracia,
ellas no platicaban con nadie más. En la fiesta solo había más que gente
pretenciosa y frívola; eso era lo que ellas pensaban. Y no distaba mucho de la
realidad. Había chicos que estaban bebiendo alcohol y haciendo ridículas apuestas.
Otros más se la pasaban burlándose de las personas que no se encontraban
presentes; algunos simplemente conversaban de cosas efímeras y sin importancia
real como las cosas que habían comprado el pasado fin de semana, etcétera. Pero
ese era el mundo donde todos ellos se sentían cómodos y ni a Ana ni a Altagracia
les importaba.
Altagracia: ¿Crees que vaya a funcionar tu plan?
Ana: ¡Por supuesto que sí!
Altagracia: Bien, y ¿Cómo lograrás que Minerva esté a solas con Amilkar
habiendo tantísima gente? lo que, es más, no creo que ellos sean buena pareja.
Ana: Eso ya lo sé, pero quiero que Amil se dé cuenta de eso de una vez
por todas. Ojalá Minerva sea tan maldita como para hacerlo despertar del
embrujo en que lo tiene sumido.
Dayana estaba
acechando a Ana y a su prima, se ocultaba detrás de una pared que estaba a
espaldas de las chicas, Dayana intentaba saber que era lo que realmente estaba
tramando su supuesta enemiga, justo cuando Altagracia terminó de decir aquello
último, Dayana no necesitó escuchar más para ponerse en marcha y echar abajo
los planes de Ana. Salió en busca de un conocido, el cual sería su primer
golpe.
Dayana: ¡Esteban!
Esteban: ¡Eh! Hola Dayana. ¿Qué sucede? ¿quieres un trago de esto...?
Dayana: No. Mmm, oye ¿Qué me dirías si te dijera que Mine está muy
dispuesta a todo lo que le pidan esta noche?
Esteban: … ¿Qué quieres decir?
Dayana: ¡Sabes a lo que me refiero! Lo único que está esperando es a un
chico valiente que sea directo con ella.
Esteban: ¡No inventes! Minerva es un monumento de mujer que... ¡uf! ¡bueno me enciende! Y… ¿Qué debo hacer?
Dayana: Sólo tienes que invitarla sutilmente a ir a un lugar más
privado. ¡No vayas a arruinarlo con tus idioteces!
Esteban, siendo
alentado por la lengua de Dayana, estaba convencido y decidido a seducir a
Minerva para tener un encuentro privado con ella y poder ser el centro de
atención entre los chicos de su calaña; así que fue en su búsqueda. Unos
minutos después, Minerva estaba ya bajo los efectos de bebidas embriagantes,
era muy probable que aceptara salir con cualquiera en ese estado.
Esteban: ¡Hola Mine! ¿Estás sola esta noche?
Minerva estaba tan
excitada que solo se reía y se abalanzaba a los brazos de quien fuera para
evitar caerse. Amilkar la observaba a lo lejos, había estado expectante porque
no sabía cómo abordar a su amada ni tampoco se atrevía a hacerlo. Pero al ver
que estaba en ese estado se sintió un tanto decepcionado y a la vez trataba de
justificar el comportamiento de la chica. No había tenido el valor de
acercarse, hasta que lo decidió, y cuando estaba a punto de caminar hacia ella,
Esteban se acercó a Minerva, la tomó del brazo y le susurró algo al oído,
después de eso ambos salieron de la fiesta y se dirigieron a un lugar más
privado. Amilkar corrió tras de ellos, no pudo evitar ser algo indiscreto,
tanto así que pasó de largo empujando a la demás gente que estorbara su camino;
Ana también trató de ir tras de su amigo al ver que salió apresurado sin decir
nada. Altagracia quiso ir tras su prima, pero como ellos se había perdido entre
el mar de gente, no pudo seguirles.
Esteban llevó a
Mariana a los cuartos de arriba de la casa; entraron a la última habitación que
estaba en el corredor principal. Amilkar subió hecho una fiera, gritaba el
nombre de Mariana sin temor a que los demás presentes se dieran cuenta. Y así
sucedió, todos los chicos y chicas comentaban sobre el ridículo que estaba
haciendo Amilkar al actuar como un energúmeno buscando a Minerva por todas
partes. Había mucha gente incluso en esos sitios de la casa, Amilkar
perdió de vista a Esteban y a la chica. Una vez dentro de la habitación, Minerva
estaba muy ebria, tanto que se desplomó en los brazos de Esteban; él igual
estaba muy excitado por el alcohol, así que llevó a la chica a un sofá que
estaba cerca de allí. Esteban aprovechó para besarla en los labios; en ese
preciso instante, Amilkar abrió la puerta de sopetón y vio como Esteban estaba
sobre la chica. Aquello hizo encolerizar al muchacho, quien no dudó en
abalanzarse contra Esteban y asestarle un par de golpes a la cara, los gritos
de Amilkar eran tales que parecía que estaban asesinando a alguien a golpes.
Pero la música evitaba que todos se dieran cuenta; sin embargo, los curiosos
que le había seguido hasta el cuarto atestiguaron lo que sucedía. Algunos chicos
separaron a Amilkar de Esteban, este último no había podido defenderse del
todo, pero una vez que inmovilizaron a Amilkar, aprovechó para devolverle unos
cuantos puñetazos en su estómago, no conforme con ello, le dijo:
Esteban: ¡Minerva ha sido mía!
Al oír aquello,
Amilkar forcejeo con todas sus fuerzas hasta zafarse de sus compañeros y
arremeter una vez más contra Esteban. Ana se acercó a detener a su amigo, justo
cuando este iba a asestar un golpe directo a la nariz, ella le tomó del brazo y
le suplicó que salieran de ahí cuanto antes.
Ana: Amilkar, te desconozco completamente. ¡Tú no eres así! ¿ES QUE
ACASO NO TE DAS CUENTA?
Amilkar:...
Dayana miraba muy
complacida, mientras trataba de sacar a Minerva de la habitación. Amilkar se
mostraba retraído, como si su mente estuviera luchando contra sí misma. La
afrenta exterior quizá había concluido, pero la conciencia del joven luchaba
para ver la verdad de la situación. Ana aprovechó ese estado en el que se
encontraba su amigo para sacarlo de aquel lugar de una vez por todas.
Unos minutos después
de que Ana sacara a Amilkar de la fiesta, arribó la policía, pues muchos
vecinos estaban molestos por la ensordecedora música que sonaba sin cesar.
Aquello había llegado a su fin en un abrir y cerrar de ojos. La noche estaba
tranquila, pero un ambiente de hostilidad reinaba en mentes tan jóvenes, y el
veneno del odio y la pasión había contaminado los deseos de un tonto soñador.
La locura solo manchaba a los hombres mas no a los otros reinos, los cuales
aguardaban el momento en que el macabro espectáculo comenzara.
"Mi dulce rosa ha sido cortada de mi jardín con el filo de una vil
espada, y de la herida solo broto sangre, mis ojos se nublaron al no poder
contemplar más que un mar de aguas rojas. El viento había desprendido cada uno
de los pétalos, los cuales desfilaron, uno a uno, delante de mi aturdida
mirada; y en el cielo, una oscura nube cubrió el firmamento. Cómo mirar que lo
mejor de tu vida se marchita, cómo ser paciente mientras el universo arrebata y
hace añicos tus ilusiones..."
Los planes de Ana no
habían salido exactamente como esperaba, pero en esencia, ese era uno de sus
objetivos, desengañar a su amigo y hacerle ver de una vez por todas la clase de
mujer que estaba deseando para sí mismo. Pero todo había salido de una forma más
caótica, sabía que a Amilkar le tomaría tiempo reponerse y procesar todo lo
ocurrido. Lo que ella desconocía, es que la ira que estaba emergiendo de él y
que poco a poco consumía sus entrañas, era tal que invadía su ser desde adentro
transformándole en un animal sediento de venganza. Esto no hubiera sido así en otro tiempo, pero el chico ya había pisado
los abismos de la maldad.
La noche era oscura y
comenzaba a hacer frio. Ana había quedado de verse con su padre en la casa de
Amilkar para que la llevara de regreso a casa, pues quiso acompañar a su amigo
a la suya, no podía dejar que se fuera solo porque temía que cometiera alguna
locura en el camino o que algo le pudiese pasar al estar muy distraído. Amilkar
solo tenía una mirada perdida, no mostraba signos de estar molesto en ese momento,
pero a pesar de que Altagracia y su prima le hablaban, él no respondía.
Al llegar a la casa
de Amilkar, fueron recibidos por Mariana, pero antes de que se dirigiera a su
hijo, Ana se adelantó para hablar con ella y explicarle lo que había sucedido a
grandes rasgos. Mariana entendió y dejó que su hijo se fuera a su cuarto a
solas para poder meditar lo sucedido. Mariana sintió mucho el hecho de que su
hijo, quien había demostrado hasta ese momento no interesarse por nadie de esa
manera delante de ella, hubiera pasado por tal desilusión. Mientras tanto, Ana
se sentía inmensamente culpable por todo lo sucedido.
Amilkar subió a su
cuarto, a lo más alto de la casa, se sentía inmensamente vacío, como si algo le
hubiera arrancado la vida. Se tumbó en su cama y poco a poco comenzó a revivir
aquella escena que había quedado grabada para siempre en su memoria. Esa imagen
desgarraba su interior con cada segundo. Caminar de un lado a otro, tirar cosas
o lanzarlas lejos de él, mientras las ideas y elucubraciones propias de una
mente perturbada consumían su humanidad. Llegó un momento en el que se
arrodilló para seguir lamentando su suerte, y en ese momento se percató de la
muñeca que había estado parada frente a él hace unos días. Entonces, por un
segundo dejó de pensar en lo ocurrido y se acordó de la peculiar figura que
había encontrado en las cavernas, OFUKU. Amilkar se dirigió a la muñeca, la
sostuvo con ambas manos frente a él y le dijo con voz firme:
Amilkar: ¡Si tan solo tú pudieras ayudarme! Quisiera que todos ellos
pagaran por este dolor...por esto que... ¡no puede ser!
Habiendo agotado sus
fuerzas en ese estado de estrés autoinducido, Amilkar cayó presa del sueño,
quedándose dormido sobre el suelo. Mariana, se había quedado expectante la
mayor parte de la noche, intuía el cómo debía sentirse su hijo. Una vez que
dejó de escuchar el revuelo que Amilkar hacía en su habitación, espero
aproximadamente diez minutos para poder entrar a su habitación y cerciorarse
que todo estaba bien. Vio a su hijo tirado en el suelo, intentó levantarle,
pero era muy pesado para ella. Así que trajo cobijas para poder arroparlo y
tratar de separarlo de la frialdad del suelo. Pero cuando ella vio la
inquietante muñeca que estaba al lado de él, casi pega un grito por el susto
que le ocasionó.
Mariana: Nunca había visto esa horrible muñeca ¿De dónde la habrá sacado
Amil? Que gusto tan raro tienes los jóvenes hoy en día. Creo que es como una de
esas muñecas geishas.
"En el sueño de los mortales, la sombra de un misterio invade la
paz y viola la inocencia de los ilusos. Utilizando el lenguaje de los que creen
estar despiertos, los inmundos llegan a comunicarse a las altas esferas, con el
deseo de traer algo de luz a las tinieblas de donde proceden. Pero los que tienen
origen y son pilar de la noche; solo comunican su voluntad al ángel durmiente,
tentándolo a caer en el foso de rosas muertas, cuyas mortales espinas desgarran
la virginal piel de aquella pobre creatura. Por fin la muerte encuentra la
puerta para trascender a este insulso mundo."
Mariana arropó a
Amilkar y después se marchó dejando descansar a su hijo; Sin embargo, una hora
después, cuando la casa estuvo en tal quietud, el chico pareció escuchar algo.
Amilkar: ¿Quién anda ahí?
Enseguida, una fémina y tenebrosa voz se manifestó de manera
imperante.
Voz: ¡Levántate!
Amilkar: ¿Qué sitio es este? ¡Responde!
Una bruma rojiza y
brillante cubría todo el espacio y hacía imposible mirar más allá de su nariz.
Voz: Tú eres el nuevo maestro. Si quieres volver a tener el
control de la vida, por favor, despiértame.
Amilkar: ¿Qué?
Voz: Necesito la loción.
Amilkar: ¿Qué? ¿Qué diablos es eso?
Voz: La loción violeta que está en el lugar prohibido. Consíguela y
dámela a ingerir.
Amilkar: Seguramente esto... debo estar loco.
Voz: ¿Acaso no quieres venganza? Yo puedo darte todo lo que tu pidas,
eres el nuevo amo. Tu destino es mover los hilos de los demás, serás tú quien
controle todo. Y todos te llamarán majestad. Yo sé que tienes hambre, hambre de
conocimiento y poder. Existen cosas que nadie más conoce, pero tú puedes
aprenderlas.
Amilkar: ¿Dónde estás? ¿Cuál es tu nombre?
Voz: Eso no importa. Lo que importa es lo que has vivido. Recuerda aquél
lugar que visitaste no hace mucho. Hay gran poder allá abajo, yo soy tu humilde
sierva, puedo ayudarte a gobernar los cielos y los infiernos. Todo lo que
existe y lo que no, se alzará al escuchar tu absoluta orden.
Amilkar: ¿Qué intestas decir?
Voz: No me queda mucha fuerza, te lo ruego, transforma esta conciencia
de muerte y hazla vivir, solo tú puedes traernos de vuelta amo nuestro.
Amilkar: ¿Qué clase de poder me darás?
Voz: Poderes grandiosos e inmensos. Nunca antes vistos por las nuevas
generaciones. Son poderes monstruosos que han quedado sepultados en la historia
de las viejas civilizaciones perdidas.
Amilkar: Quiero hacer que todo mundo pague por mi dolor ¿puedes ayudarme
con eso?
Voz: ¡por supuesto lo que tú ordenes!
Cuando Amilkar estuvo
a punto de aceptar, una ola de imágenes inundó su mente. Una tras otra; pudo
observar aquellos frascos, que no eran otros sino los que había encontrado en
aquella capilla de su casa. Las marionetas que había percibido noches atrás en
sus pesadillas, pequeños fragmentos del pasado rondaron a su visión; batallas, rituales
ancestrales, edificaciones extraordinarias, épocas tan antiguas como la tierra
misma. Poco antes de que Amilkar enloqueciera, despertó repentinamente. Estaba
cesando como si hubiese corrido una maratón, su corazón palpitaba sin control,
su piel estaba empapada de sudor, las venas de su cabeza y de sus brazos estaba
tan exaltadas que parecía que estaba ardiendo en fiebre. Faltaba poco para el
amanecer, aunque aún estaba oscuro. Él ya sabía que era lo que tenía que hacer,
y no dudo en levantarse y dirigirse al altar de la capilla que estaba en la
parte de atrás de la mansión. Tomó los misteriosos frascos con aquel liquido
violeta y regresó sigilosamente a su cuarto.
Amilkar: ¿Cómo carajo he de utilizar esta cosa? No tengo ni idea de que
es lo que...
Entonces algo hizo
ruido, Amilkar volteó instintivamente a la dirección de la que parecía
provenir. En cuanto pudo visualizarlo, sus parpados se abrieron tanto como
pudieron, no daba crédito a lo que estaba observando. La muñeca Ofuku se había
parado frente a él, sus ojos oscuros parecían mirarle firmemente; el terror
casi se apodera del pobre chico. Estuvo a punto de soltar el frasco de loción
que estaba sosteniendo cuando Ofuku abrió su boca, pues cuando esta lo hizo, un
sonido provino del interior de ella, como si intentara articular palabra. El
tiempo parecía haberse detenido, una bruma estremecedora protegía la habitación
del amanecer. Un alma antigua había despertado con lo que le quedaba de fuerza
para asegurarse de que el chico entendería finalmente lo que debía hacer. El
joven comprendió inmediatamente lo que debía hacer, en ese instante se acercó a
la muñeca y trató de levantarla, pero era muy pesada esta vez y no pudo. Vertió
el contenido del frasco en la boca de la figurilla. Amilkar retrocedió luego de
eso, trató de tranquilizarse así mismo. No podía creer que aquello realmente
estuviera sucediendo. Pero el sentimiento de desesperación y de traición le
movían ahora, así como su tonta curiosidad, creyendo que, de alguna manera, eso
le ayudaría a saciar su sed de venganza.
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