domingo, 16 de enero de 2022

 

EL CAOS EN LA MENTE

Amilkar se sentó por un momento, había ascendido a la superficie muy rápido, casi de un modo instantáneo, estaba completamente excitado. Apenas, gracias a unos segundos de paz, comenzó a pensar en lo ocurrido. Su piel sufrió un efecto de erizamiento al recordar lo que había visto en las cuevas. Casi sintió que quería desmayarse, después sintió un gran alivio al poder haber regresado a casa sano y salvo. Enseguida creyó que era genial que hubiese un lugar así del cual solo él supiese su existencia. Sin embargo, eran muchas las emociones que estaba teniendo en ese preciso instante. El cómo es que algo que había soñado pudiera existir. Aquella muñeca era prueba de ello. Además, ese hecho le hacía recordar las espeluznantes imágenes infernales que acompañaban aquella pesadilla. Y la gran creatura que apenas observó hace unos minutos en la oscuridad ¿Qué demonios era? Los innumerables túneles que estaban allí, los abismos y precipicios... ¿A dónde conducían todos ellos? ¿Qué clase de animales emitían sonidos tan perturbadores como los que había logrado escuchar? y lo más importante ¿Qué hacían las marionetas allá abajo? ¿A quién pertenecían? Después de tener tantas interrogantes asolando su tranquilidad, pensó que era mejor darse un baño y alistarse para la fiesta de esa noche.

Ana y su prima seguramente no tardarían en venir. Amilkar no sabía si revelar la existencia de aquella cueva a su mejor amiga, pero él pensaba que quizá debía esperar un poco más a que se aclarara el misterio, saber si podía confiar un secreto así

Después de haberse arreglado para la fiesta, Amilkar tomó a Ofuku y la examinó por largo tiempo, observó que tenía movimientos muy libres, estaba articulada de manera que presentaba una amplia movilidad, pero había algo que le llamó la atención; la boca de la muñeca podía abrirse, lo que le llevó a preguntarse la razón de ello. Estaba muy bien fabricada, podía incluso ponerse de pie y mantener la posición en la que uno la dejara. El material con que estaba construida parecía ser de una madera muy sólida.

Enseguida, alguien llamó a la puerta, seguramente sería Mariana, quien habría terminado de hacer algunas cosas fuera de casa.

Amilkar: Mamá ¿Cómo te fue?

Mariana: Bien, hijo. Hemos ido a ver al abogado Andrés, necesitaba aclarar algunas cosas sobre la propiedad. Pero bueno, no quiero hablar de esas cosas ahora.

Amilkar: ¿Es muy grave?

Mariana: No, es solo que hay muchas personas que están algo en contra de que este lugar haya pasado a nuestras manos. 

Amilkar: ¿Quiénes?

Mariana: No tiene caso, pero bueno, creo que debes saber sobre tu tío Flavio. Es un tipo ambicioso que dice tener derecho sobre la propiedad por haber ayudado al abuelo con algunos negocios que tenía y que nunca le pago el total de lo que merecía. Pero lo cierto es que no hay nada que compruebe que tenía un negocio de manera legal con el abuelo, ni tampoco hay constancia de los pagos hechos, o alguna factura que le acredite. Prácticamente no hay nada con lo que pueda reclamar algo de esto.

Amilkar: ¡Rata!

Mariana: Eso mismo pensé. Pero no te preocupes, ya todo está arreglado. Ese codicioso no intervendrá en nuestras vidas.

Amilkar: De hecho, me he estado preguntando cuando sucedería algo así. Siempre que hay una herencia de este tipo, no falta alguien de la familia que "salte como gato" para reclamar cualquier cosa.

Mariana: Veo que te has arreglado y todo, pero aún es muy temprano ¿o no?

Amilkar: Para nada, la fiesta comienza a las seis de la tarde. Además, quiero salir lo más pronto posible de ese lugar por eso quiero llegar temprano.

Mariana: Me parece mentira que Ana lograra conseguir que aceptaras asistir a esa fiesta. Hijo, creo que es bueno que salgas de vez en cuando a fiestas, puedes ampliar tu círculo de amigos, o quizá conseguir a alguna chica.

Amilkar: Mamá, sabes que esas cosas no son de mi interés ni de mi agrado.

Amilkar volvió a su cuarto, utilizando la excusa de no querer extender el tema sobre sus relaciones sociales. No había otra cosa en su cabeza que analizar a profundidad a Ofuku en ese momento. El diseño era tétrico en ella se veía reflejada una tremenda maldad, había quedado impregnada en el diseño y la expresión de aquella; pero no había nada más que pudiera hacerse con la muñeca. Sin embargo, él sabía que era importante para algo o de lo contrario no hubiese estado oculta en un lugar así. Debía revisar las otras seis cajas que había dejado al pie de la escalera que conducían a los túneles. Pero Ana estaba tocando la puerta en este momento, era hora de tener en mente otras cosas. Por ejemplo, cómo es que debía abordar a Minerva o como poder impresionarla para que ella quisiera hablar con él. Amilkar dejó escondida la inquietante marioneta debajo de su cama para evitar que su madre la viera y decidiera tirarla a la basura o quemarla. 

Ana: ¡Amilkar, apresúrate, llegaremos tarde!

Amilkar: Ni que hubiera que llegar temprano, enserio, no sé por qué he dejado que me convencieras.

Ana: Pero yo sí sé, así que vamos, será en su casa.

Amilkar: ¡Shh! guarda silencio, te oirá mi madre... ¡MAMÁ, REGRESO EN UN PAR DE HORAS!

Mariana: ¡SÍ, DIVIERTETE! NO TE ATREVAS A REGRESAR SIN TRAERME A UNA NUERA A LA CUAL PRESENTARME.

Entre refunfuños, Amilkar apresuró a las chicas a salir de la casa para ir de inmediato a la fiesta. Amilkar vestía completamente de negro, de hecho, el estilo que estaba usando era una especie de "modern gothic", sin ser tan pretencioso o muy despampanante, pero sí muy elegante y llamativo. Ana iba vestida de una especie de bruja o maga celta, mientras que Altagracia usaba un atuendo un poco más oriental. Ellos habían pensado que chicas como Patricia, Ofelia y Minerva, no usarían atuendos alusivos a esas fechas, así que si veían que nadie más usaba algún disfraz, se podrían cambiar rápidamente; eso aplicaba para Ana y su prima; a diferencia de ellas, Amilkar vestía de tal forma que podía pasar como un atuendo casual y de su propio estilo. 

En el camino, Altagracia quería comunicarle algo a Amilkar, pero no sabía si debía hacerlo, ya que temía que pudiera tomar su comentario a mal. El caso era que, ella había tenido una visión en la que Amilkar la pasaría muy mal si se mantenía cerca de Minerva esta noche. Pero, aunque llevaba poco tiempo conociéndolo, sabía que Amilkar había esperado con ansias toda la semana para poder asistir a la fiesta de esta noche. Sin embargo, el hecho de que ella supiera que algo sucedería y no comentárselo al chico, que ya consideraba como un amigo, era un acto de traición según su perspectiva. Así que creyó que era mejor decirlo de una manera neutral, sin que diera a entender que ella trataba de interponerse en la relación idealizada por él.

Altagracia: ¡Amilkar...!

Amilkar: ¿Si?

Altagracia: Ten cuidado, es mejor que seas prudente con respecto a tus emociones. Nunca es bueno dar rienda suelta a sentimientos tan alborotados. Mantén la cabeza fría y no te dejes llevar por las cosas que veas.

Amilkar: ¿Qué quieres decir?

Altagracia: ¡Que seas prudente!

Altagracia no pudo ser más directa que lo que ya había dicho, Ana se percató de que Altagracia intentaba advertir sobre algo. Después del comentario de Altagracia, Ana rompió con esa atmósfera tan seria que se había generado. Amilkar cerró los ojos, Ana sabía que cuando el hacía eso era para hablar de manera sería, pero también arrogante e hiriente. Así que intervino diciendo: 

Ana: ¡Chicos! acabo de recordar, ¿Sabían que ha habido una ola de asesinatos muy crueles aquí en el centro de la ciudad?

Amilkar: ¿Qué? 

Ana: Sí, dicen que muchas personas han muerto de manera horrible, les han descuartizado por completo. Tiene a la policía vigilando por todos lados.

Amilkar: Eso explica porque de repente hay muchas patrullas por toda la ciudad. Más de lo habitual.

Altagracia: ¡Eso me da mucho miedo! No creo que sea buena idea salir muy tarde de la fiesta.

Ana: No se preocupen chicos, habrá mucha vigilancia, estaremos bien. (Vaya manera de desviar la atención del tema, pero no pude pensar nada mejor en este momento).

Amilkar y sus amigas fueron algunos de los primeros en llegar a la fiesta. Tal como lo había imaginado Amilkar, nadie estaba disfrazado, por lo que las chicas corrieron al baño antes de que alguien las viera; como traían la ropa sobrepuesta, solo fue cuestión de quitarse los trajes de encima y listo.

Dayana: ¿Qué se supone que haces tú aquí?

Ana: Eso es algo que no te importa.

Dayana: No puedo creer que te hayas colado aquí. ¡Esto lo tiene que saber Patricia!

Ana: Para tu información, querida. Fueron ellas las que me han invitado a asistir.

Dayana: ¡No puedo creerlo! 

Ana: Créelo o no, a mí no me interesa tu opinión. Ahí está el excusado así que nomás jala la palanca y vete. Si me disculpas, mi prima y yo seguiremos disfrutando de la fiesta.

Dayana: No eres más que una vulgar...

Las amistades de las chicas anfitrionas eran gente superflua y con actitudes elitistas, odiaban que gente que no estuviera dentro de su círculo social se mezclara con ellos. Dayana era una de tantas mujeres que solo pensaba en alardear sobre su estilo de vida y su imagen. Ella estaba un poco desconcertada, jamás había visto que Patricia u Ofelia invitaran a alguien como Ana a sus fiestas. Así que, con postura de reclamo, fue a ver a Patricia inmediatamente.

Dayana: ¡Patricia! ¡Patricia!... Oye ¡Patricia escúchame!

Patricia: ¿Qué sucede Day? ¿Por qué tan alterada? 

Dayana: Es que aún no me lo creo ¿Cómo es posible que hayas metido a la gentuza a tu casa?

Patricia: ¿De qué hablas? ¿lo dices por Gertrudis?

Dayana: ¿Qué? ¡No! Lo digo por Ana.

Patricia: Hay amiga, la invité porque quería que convenciera a Amilkar de venir a la fiesta, tu sabes las ganas que le tengo a ese chico. Además, nunca viene si lo invitamos nosotras, así que se me ocurrió que si invitábamos a Ana, ella no vendría sola.

Dayana: Pero todas sabemos que nadie de nosotras es su tipo.

Patricia: Bueno, quizá tu no lo sepas, pero...

Magdalia: Patty, necesitamos urgentemente tu ayuda, las luces del jardín no encienden. ¡Ven! 

Dayana: Espera ¿Qué es lo que me ibas a decir?

Magdalia: ¡Apresúrate! ¡Creo que uno de los generadores va a explotar!

Dayana: ¡Maldita sea! Bueno, tendré que investigar por mí misma. 

Dayana era una chica que odiaba a Ana, pues alguna vez tuvieron un altercado que nunca pudo superar. Hace unos años, el novio de Dayana sintió una profunda atracción por Ana, así que terminó la relación que sostenía con Dayana y trató de conquistar a Ana; sin embargo, Ana no tenía ningún interés en el chico, así que simplemente no correspondió sus sentimientos. Eso hizo que Dayana enfocara toda su desdicha y su odio con Ana. Una aberración infundada, pero Dayana culpó de todo lo sucedido a la pobre chica.

Altagracia y Ana tenían dificultades para poder sociabilizar con las demás personas. Sin embargo, Amilkar estaba siendo muy asediado por las jóvenes que se encontraban ahí. Llamaba mucho la atención. Patricia y Ofelia estaban intentando que Amilkar les hablara para poder hacer ver a los demás, que no había hombre que se les resistiera, incluso alguien tan introvertido como Amilkar debía de ceder a sus atributos. Pero Amilkar estaba indiferente, y solo aguardaba la llegada de Minerva para poder estar tranquilo. Paso alrededor de una hora y media hasta que Minerva se hizo presente en la reunión; Amilkar no pudo contener su expresión al verla entrar. Pero Dayana, quien se mantenía expectante a lo lejos, observó como el chico estaba hipnotizado por Minerva. Tardó solo unos segundos en darse cuenta de lo enamorado que estaba Amilkar de su querida amiga. Entonces procedió a mover un poco las cosas.

Dayana: ¡Mine! ¿Cómo estás? 

Minerva: Muy bien amiga. Te veo muy alegre ¿puedo saber por qué?

Dayana: Es Obvio, estamos en una fiesta ¿no es así? ¡Ha! No, es que hay algo de lo que acabo de enterarme.

Minerva: ¿De qué se trata?

Dayana: ¿Acaso no sabes que hay un chico que estaría dispuesto a estar a tu lado a cualquier precio?

Minerva: ¿De quién se trata? Bien, la verdad es que hay varios chicos, así que eso no me es novedad.

Dayana: Bueno, este es un caso especial. Un chico que muchas desearía que les dirigiera la palabra.

Minerva se percató inmediatamente de quién era la persona a la que estaba refiriendo Dayana. Pero simuló no darse cuenta y fingió desconocimiento total acerca del tema.

Minerva: Y, según tú ¿Quién ese ese chico?

Dayana: ¡No me digas que aún no te has dado cuenta cómo es que te mira!

Minerva: Son muchos los que desearían pasar una noche conmigo, porque habría uno de ellos ser especial.

Dayana: Dime algo amiga, si uno de ellos te pidiera pasar la noche contigo ¿Aceptarías sin importar de quien se tratará?

Minerva: Eso depende de quién me lo pida y también en qué condiciones esté, no estoy desesperada querida.

Dayana: ¡Ya veo!

Dayana pensó que debía seguir más de cerca a Ana para averiguar cuál era su propósito verdadero, pues creía que tenía algo más en mente.

 Ana estaba en el jardín junto con Altagracia, ellas no platicaban con nadie más. En la fiesta solo había más que gente pretenciosa y frívola; eso era lo que ellas pensaban. Y no distaba mucho de la realidad. Había chicos que estaban bebiendo alcohol y haciendo ridículas apuestas. Otros más se la pasaban burlándose de las personas que no se encontraban presentes; algunos simplemente conversaban de cosas efímeras y sin importancia real como las cosas que habían comprado el pasado fin de semana, etcétera. Pero ese era el mundo donde todos ellos se sentían cómodos y ni a Ana ni a Altagracia les importaba. 

Altagracia: ¿Crees que vaya a funcionar tu plan?

Ana: ¡Por supuesto que sí!

Altagracia: Bien, y ¿Cómo lograrás que Minerva esté a solas con Amilkar habiendo tantísima gente? lo que, es más, no creo que ellos sean buena pareja.

Ana: Eso ya lo sé, pero quiero que Amil se dé cuenta de eso de una vez por todas. Ojalá Minerva sea tan maldita como para hacerlo despertar del embrujo en que lo tiene sumido.

Dayana estaba acechando a Ana y a su prima, se ocultaba detrás de una pared que estaba a espaldas de las chicas, Dayana intentaba saber que era lo que realmente estaba tramando su supuesta enemiga, justo cuando Altagracia terminó de decir aquello último, Dayana no necesitó escuchar más para ponerse en marcha y echar abajo los planes de Ana. Salió en busca de un conocido, el cual sería su primer golpe.

Dayana: ¡Esteban!

Esteban: ¡Eh! Hola Dayana. ¿Qué sucede? ¿quieres un trago de esto...?

Dayana: No. Mmm, oye ¿Qué me dirías si te dijera que Mine está muy dispuesta a todo lo que le pidan esta noche?

Esteban: … ¿Qué quieres decir? 

Dayana: ¡Sabes a lo que me refiero! Lo único que está esperando es a un chico valiente que sea directo con ella.

Esteban: ¡No inventes! Minerva es un monumento de mujer que...  ¡uf! ¡bueno me enciende! Y… ¿Qué debo hacer?

Dayana: Sólo tienes que invitarla sutilmente a ir a un lugar más privado. ¡No vayas a arruinarlo con tus idioteces!

Esteban, siendo alentado por la lengua de Dayana, estaba convencido y decidido a seducir a Minerva para tener un encuentro privado con ella y poder ser el centro de atención entre los chicos de su calaña; así que fue en su búsqueda. Unos minutos después, Minerva estaba ya bajo los efectos de bebidas embriagantes, era muy probable que aceptara salir con cualquiera en ese estado. 

Esteban: ¡Hola Mine! ¿Estás sola esta noche?

Minerva estaba tan excitada que solo se reía y se abalanzaba a los brazos de quien fuera para evitar caerse. Amilkar la observaba a lo lejos, había estado expectante porque no sabía cómo abordar a su amada ni tampoco se atrevía a hacerlo. Pero al ver que estaba en ese estado se sintió un tanto decepcionado y a la vez trataba de justificar el comportamiento de la chica. No había tenido el valor de acercarse, hasta que lo decidió, y cuando estaba a punto de caminar hacia ella, Esteban se acercó a Minerva, la tomó del brazo y le susurró algo al oído, después de eso ambos salieron de la fiesta y se dirigieron a un lugar más privado. Amilkar corrió tras de ellos, no pudo evitar ser algo indiscreto, tanto así que pasó de largo empujando a la demás gente que estorbara su camino; Ana también trató de ir tras de su amigo al ver que salió apresurado sin decir nada. Altagracia quiso ir tras su prima, pero como ellos se había perdido entre el mar de gente, no pudo seguirles. 

Esteban llevó a Mariana a los cuartos de arriba de la casa; entraron a la última habitación que estaba en el corredor principal. Amilkar subió hecho una fiera, gritaba el nombre de Mariana sin temor a que los demás presentes se dieran cuenta. Y así sucedió, todos los chicos y chicas comentaban sobre el ridículo que estaba haciendo Amilkar al actuar como un energúmeno buscando a Minerva por todas partes.  Había mucha gente incluso en esos sitios de la casa, Amilkar perdió de vista a Esteban y a la chica. Una vez dentro de la habitación, Minerva estaba muy ebria, tanto que se desplomó en los brazos de Esteban; él igual estaba muy excitado por el alcohol, así que llevó a la chica a un sofá que estaba cerca de allí. Esteban aprovechó para besarla en los labios; en ese preciso instante, Amilkar abrió la puerta de sopetón y vio como Esteban estaba sobre la chica. Aquello hizo encolerizar al muchacho, quien no dudó en abalanzarse contra Esteban y asestarle un par de golpes a la cara, los gritos de Amilkar eran tales que parecía que estaban asesinando a alguien a golpes. Pero la música evitaba que todos se dieran cuenta; sin embargo, los curiosos que le había seguido hasta el cuarto atestiguaron lo que sucedía. Algunos chicos separaron a Amilkar de Esteban, este último no había podido defenderse del todo, pero una vez que inmovilizaron a Amilkar, aprovechó para devolverle unos cuantos puñetazos en su estómago, no conforme con ello, le dijo: 

Esteban: ¡Minerva ha sido mía!

Al oír aquello, Amilkar forcejeo con todas sus fuerzas hasta zafarse de sus compañeros y arremeter una vez más contra Esteban. Ana se acercó a detener a su amigo, justo cuando este iba a asestar un golpe directo a la nariz, ella le tomó del brazo y le suplicó que salieran de ahí cuanto antes. 

Ana: Amilkar, te desconozco completamente. ¡Tú no eres así! ¿ES QUE ACASO NO TE DAS CUENTA?

Amilkar:...

Dayana miraba muy complacida, mientras trataba de sacar a Minerva de la habitación. Amilkar se mostraba retraído, como si su mente estuviera luchando contra sí misma. La afrenta exterior quizá había concluido, pero la conciencia del joven luchaba para ver la verdad de la situación. Ana aprovechó ese estado en el que se encontraba su amigo para sacarlo de aquel lugar de una vez por todas. 

Unos minutos después de que Ana sacara a Amilkar de la fiesta, arribó la policía, pues muchos vecinos estaban molestos por la ensordecedora música que sonaba sin cesar. Aquello había llegado a su fin en un abrir y cerrar de ojos. La noche estaba tranquila, pero un ambiente de hostilidad reinaba en mentes tan jóvenes, y el veneno del odio y la pasión había contaminado los deseos de un tonto soñador. La locura solo manchaba a los hombres mas no a los otros reinos, los cuales aguardaban el momento en que el macabro espectáculo comenzara.

"Mi dulce rosa ha sido cortada de mi jardín con el filo de una vil espada, y de la herida solo broto sangre, mis ojos se nublaron al no poder contemplar más que un mar de aguas rojas. El viento había desprendido cada uno de los pétalos, los cuales desfilaron, uno a uno, delante de mi aturdida mirada; y en el cielo, una oscura nube cubrió el firmamento. Cómo mirar que lo mejor de tu vida se marchita, cómo ser paciente mientras el universo arrebata y hace añicos tus ilusiones..."

Los planes de Ana no habían salido exactamente como esperaba, pero en esencia, ese era uno de sus objetivos, desengañar a su amigo y hacerle ver de una vez por todas la clase de mujer que estaba deseando para sí mismo. Pero todo había salido de una forma más caótica, sabía que a Amilkar le tomaría tiempo reponerse y procesar todo lo ocurrido. Lo que ella desconocía, es que la ira que estaba emergiendo de él y que poco a poco consumía sus entrañas, era tal que invadía su ser desde adentro transformándole en un animal sediento de venganza. Esto no hubiera sido así en otro tiempo, pero el chico ya había pisado los abismos de la maldad. 

La noche era oscura y comenzaba a hacer frio. Ana había quedado de verse con su padre en la casa de Amilkar para que la llevara de regreso a casa, pues quiso acompañar a su amigo a la suya, no podía dejar que se fuera solo porque temía que cometiera alguna locura en el camino o que algo le pudiese pasar al estar muy distraído. Amilkar solo tenía una mirada perdida, no mostraba signos de estar molesto en ese momento, pero a pesar de que Altagracia y su prima le hablaban, él no respondía.

Al llegar a la casa de Amilkar, fueron recibidos por Mariana, pero antes de que se dirigiera a su hijo, Ana se adelantó para hablar con ella y explicarle lo que había sucedido a grandes rasgos. Mariana entendió y dejó que su hijo se fuera a su cuarto a solas para poder meditar lo sucedido. Mariana sintió mucho el hecho de que su hijo, quien había demostrado hasta ese momento no interesarse por nadie de esa manera delante de ella, hubiera pasado por tal desilusión. Mientras tanto, Ana se sentía inmensamente culpable por todo lo sucedido.

Amilkar subió a su cuarto, a lo más alto de la casa, se sentía inmensamente vacío, como si algo le hubiera arrancado la vida. Se tumbó en su cama y poco a poco comenzó a revivir aquella escena que había quedado grabada para siempre en su memoria. Esa imagen desgarraba su interior con cada segundo. Caminar de un lado a otro, tirar cosas o lanzarlas lejos de él, mientras las ideas y elucubraciones propias de una mente perturbada consumían su humanidad. Llegó un momento en el que se arrodilló para seguir lamentando su suerte, y en ese momento se percató de la muñeca que había estado parada frente a él hace unos días. Entonces, por un segundo dejó de pensar en lo ocurrido y se acordó de la peculiar figura que había encontrado en las cavernas, OFUKU. Amilkar se dirigió a la muñeca, la sostuvo con ambas manos frente a él y le dijo con voz firme:

Amilkar: ¡Si tan solo tú pudieras ayudarme! Quisiera que todos ellos pagaran por este dolor...por esto que... ¡no puede ser!

Habiendo agotado sus fuerzas en ese estado de estrés autoinducido, Amilkar cayó presa del sueño, quedándose dormido sobre el suelo. Mariana, se había quedado expectante la mayor parte de la noche, intuía el cómo debía sentirse su hijo. Una vez que dejó de escuchar el revuelo que Amilkar hacía en su habitación, espero aproximadamente diez minutos para poder entrar a su habitación y cerciorarse que todo estaba bien. Vio a su hijo tirado en el suelo, intentó levantarle, pero era muy pesado para ella. Así que trajo cobijas para poder arroparlo y tratar de separarlo de la frialdad del suelo. Pero cuando ella vio la inquietante muñeca que estaba al lado de él, casi pega un grito por el susto que le ocasionó. 

Mariana: Nunca había visto esa horrible muñeca ¿De dónde la habrá sacado Amil? Que gusto tan raro tienes los jóvenes hoy en día. Creo que es como una de esas muñecas geishas. 

"En el sueño de los mortales, la sombra de un misterio invade la paz y viola la inocencia de los ilusos. Utilizando el lenguaje de los que creen estar despiertos, los inmundos llegan a comunicarse a las altas esferas, con el deseo de traer algo de luz a las tinieblas de donde proceden. Pero los que tienen origen y son pilar de la noche; solo comunican su voluntad al ángel durmiente, tentándolo a caer en el foso de rosas muertas, cuyas mortales espinas desgarran la virginal piel de aquella pobre creatura. Por fin la muerte encuentra la puerta para trascender a este insulso mundo."

Mariana arropó a Amilkar y después se marchó dejando descansar a su hijo; Sin embargo, una hora después, cuando la casa estuvo en tal quietud, el chico pareció escuchar algo.

Amilkar: ¿Quién anda ahí? 

Enseguida, una fémina y tenebrosa voz se manifestó de manera imperante. 

Voz: ¡Levántate! 

Amilkar: ¿Qué sitio es este? ¡Responde!

Una bruma rojiza y brillante cubría todo el espacio y hacía imposible mirar más allá de su nariz.

Voz:  Tú eres el nuevo maestro. Si quieres volver a tener el control de la vida, por favor, despiértame.

Amilkar: ¿Qué?

Voz: Necesito la loción.

Amilkar: ¿Qué? ¿Qué diablos es eso?

Voz: La loción violeta que está en el lugar prohibido. Consíguela y dámela a ingerir.

Amilkar: Seguramente esto... debo estar loco.

Voz: ¿Acaso no quieres venganza? Yo puedo darte todo lo que tu pidas, eres el nuevo amo. Tu destino es mover los hilos de los demás, serás tú quien controle todo. Y todos te llamarán majestad. Yo sé que tienes hambre, hambre de conocimiento y poder. Existen cosas que nadie más conoce, pero tú puedes aprenderlas. 

Amilkar: ¿Dónde estás? ¿Cuál es tu nombre?

Voz: Eso no importa. Lo que importa es lo que has vivido. Recuerda aquél lugar que visitaste no hace mucho. Hay gran poder allá abajo, yo soy tu humilde sierva, puedo ayudarte a gobernar los cielos y los infiernos. Todo lo que existe y lo que no, se alzará al escuchar tu absoluta orden.

Amilkar: ¿Qué intestas decir?

Voz: No me queda mucha fuerza, te lo ruego, transforma esta conciencia de muerte y hazla vivir, solo tú puedes traernos de vuelta amo nuestro.

Amilkar: ¿Qué clase de poder me darás?

Voz: Poderes grandiosos e inmensos. Nunca antes vistos por las nuevas generaciones. Son poderes monstruosos que han quedado sepultados en la historia de las viejas civilizaciones perdidas.

Amilkar: Quiero hacer que todo mundo pague por mi dolor ¿puedes ayudarme con eso?

Voz: ¡por supuesto lo que tú ordenes!

Cuando Amilkar estuvo a punto de aceptar, una ola de imágenes inundó su mente. Una tras otra; pudo observar aquellos frascos, que no eran otros sino los que había encontrado en aquella capilla de su casa. Las marionetas que había percibido noches atrás en sus pesadillas, pequeños fragmentos del pasado rondaron a su visión; batallas, rituales ancestrales, edificaciones extraordinarias, épocas tan antiguas como la tierra misma. Poco antes de que Amilkar enloqueciera, despertó repentinamente. Estaba cesando como si hubiese corrido una maratón, su corazón palpitaba sin control, su piel estaba empapada de sudor, las venas de su cabeza y de sus brazos estaba tan exaltadas que parecía que estaba ardiendo en fiebre. Faltaba poco para el amanecer, aunque aún estaba oscuro. Él ya sabía que era lo que tenía que hacer, y no dudo en levantarse y dirigirse al altar de la capilla que estaba en la parte de atrás de la mansión. Tomó los misteriosos frascos con aquel liquido violeta y regresó sigilosamente a su cuarto. 

Amilkar: ¿Cómo carajo he de utilizar esta cosa? No tengo ni idea de que es lo que...

Entonces algo hizo ruido, Amilkar volteó instintivamente a la dirección de la que parecía provenir. En cuanto pudo visualizarlo, sus parpados se abrieron tanto como pudieron, no daba crédito a lo que estaba observando. La muñeca Ofuku se había parado frente a él, sus ojos oscuros parecían mirarle firmemente; el terror casi se apodera del pobre chico. Estuvo a punto de soltar el frasco de loción que estaba sosteniendo cuando Ofuku abrió su boca, pues cuando esta lo hizo, un sonido provino del interior de ella, como si intentara articular palabra. El tiempo parecía haberse detenido, una bruma estremecedora protegía la habitación del amanecer. Un alma antigua había despertado con lo que le quedaba de fuerza para asegurarse de que el chico entendería finalmente lo que debía hacer. El joven comprendió inmediatamente lo que debía hacer, en ese instante se acercó a la muñeca y trató de levantarla, pero era muy pesada esta vez y no pudo. Vertió el contenido del frasco en la boca de la figurilla. Amilkar retrocedió luego de eso, trató de tranquilizarse así mismo. No podía creer que aquello realmente estuviera sucediendo. Pero el sentimiento de desesperación y de traición le movían ahora, así como su tonta curiosidad, creyendo que, de alguna manera, eso le ayudaría a saciar su sed de venganza.



capitulo 10

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