EL MENSAJE DEL MUNDO ONÍRICO
El tercer piso tenía
cuatro habitaciones. El primer cuarto a la izquierda de ellos sería el primero
que revisarían. Esta era una habitación más de la casa, sin embargo, estaba más
cuidada, limpia y organizada, quizá este era la habitación que habitaba
mayormente la tía Evangelina. No era diferente de los otros cuatro que habían
visitado anteriormente. Aunque sí que estaba mejor decorado, además su baño era
más amplio. Esta sería la habitación que les llevaría más tiempo investigar.
Antes de tocar cualquier cosa, Ana utilizó su péndulo para "verificar el
área". Tenzó el péndulo y este comenzó a moverse, una vez más indagó sobre
la negatividad de la habitación, su amatista pareció volverse loca al girar de
la misma manera que en el taller de muñecas. Amilkar recordó haber escuchado
sobre esos artilugios tan curiosos, pero jamás había utilizado uno. No estaba
seguro de si eso realmente funcionaba, pero si concordaba con lo que él sentía
y percibía en el momento. Ana incluyó una pequeña oración mientras realizaba la
detección, según dijo, era para afianzar más la decisión que debían tomar.
Consultó sobre si debían esculcar entre las cosas de la fallecida tía, a lo que
la piedra contestó con una negativa. Pero de todas maneras el chico decidió que
estaba interesado en ver lo que había dentro de esos muebles a como diera lugar;
Ana tampoco se opuso, así que comenzaron a buscar algo interesante. Ropa,
recibos de pago, maquillajes, cremas, y todo tipo de basura que guarda una señora;
el joven se comenzaba a desesperar al no poder encontrar algo que satisfaga su
curiosidad, pero...
Ana: ¡Amil, mira esto!
Amilkar: ¿Qué encontraste?
Ana: Creo que por fin hallamos algo que vale la pena ¡Parece ser un
diario!
Amilkar: Genial, ¡déjame verlo! Quizá era de mi tía.
"...No puedo olvidar lo que hizo, no le perdonaré jamás. Nunca voy
a olvidar esa traición. Cómo pudo atreverse a faltarme al respeto de esa
manera. Ha hecho que me sienta la mayor estúpida de todo el mundo. Él se debió
de haber reído de mí todo este tiempo. Pero no lo voy a soportar, esta noche no
habrá piedad sobre nadie..."
No sé sobre que estaba escribiendo mi tía Evangelina en esta página,
además viene un recorte de un periódico.
"Muere decapitado oficial de policía en terrible accidente
automovilístico. Daniel L. oficial de policía de la ciudad de Tlaxcala, quien
se encontraba de turno patrullando la autopista Tlaxcala- San Martín muere al
colisionar con otro automóvil particular, por el gran impacto al momento de la
colisión, salió proyectado a través del parabrisas, estrellando su cuerpo con
el segundo automóvil afectado. Al parecer, perdió el control de su unidad
atravesando al carril de sentido contrario...".
Amilkar: ¡Vaya desgracia! ¿Pero qué tiene que ver esta noticia con lo
que ha escrito anteriormente? supongo que esa era la persona que había hecho
enfadar a mi tía. Veamos que hay más adelante...
"No entiendo que hacen, desaparecen durante mucho tiempo, a veces
siento que pierdo el control sobre ellos. Sé que están vivos, sé que me miran,
pero no puedo saber lo que piensan..."
Amilkar: La tinta en esta parte esta borrosa, creo que se ha derramado
algo en las hojas, las demás paginas son casi ilegibles ¡Espera! hay algo más
que puede leerse…
"Últimamente siento que no soy yo misma, a veces escucho voces
dentro de mi cabeza que me susurran cosas completamente diferentes a mi
voluntad. Su voz me es tan familiar, a veces pienso que... nunca se ha ido, que
nunca dejó este lugar. Pero son tantas que… ¡acaso serán más de uno! quizá...
¡NO! JAMÁS ME VOY A ARREPENTIR..."
Amilkar: esto último esta tan maltratado, creo que fue en este punto
donde enloqueció, quizá estaba algo esquizofrénica.
Ana: Pobre mujer, lo que ha de haber sufrido estando en soledad. Jamás
quisiera pasar por algo así.
Amilkar: Creo que nadie... las demás páginas están borrosas, pero
algunas pueden lograr leerse con algo de esfuerzo. La luz de este lugar no
ayuda mucho, creo que lo examinaré mañana cuando haya sol.
Ana: ¡Mira, se ha caído un pedazo! dice... "No puedo creerlo, he
llamado a la muerte, están malditos..." es lo único que dice. ¿Qué crees
que signifique?
Amilkar: No lo sé, pero debemos quedar de acuerdo en algo
Ana: ¿En qué?
Amilkar Mi madre no puede enterarse de este diario, tiene cosas que
harán que ella tenga mucho miedo y quizá quiera irse de aquí y vender todo.
Quitaré las llaves de estas habitaciones del llavero para que mi madre no pueda
entrar ni aquí ni en el viejo taller.
Ana: Creo que tu tía nunca supero el siglo XIX, todo en este lugar es
tan nostálgico, tan oscuro, tenía muy buen gusto a mi parecer; pero por lo que
dice su diario, parece que nunca supero sus traumas. Aunque no sé porque
pondría la foto del accidente.
Los chicos siguieron
explorando el cuarto de Evangelina, habían muchas cosas extrañas que parecían
sacadas de una tienda de ocultismo y brujería. Algunos otros eran una especie
de artefactos con espirales metálicos y pirámides en su centro. Todo eso lo
guardaron en una bolsa, Amilkar se intrigaba mucho y quería estudiarlo con
detalle. Después de eso fueron a las otras habitaciones. Jamás pensaron que
encontrarían un laboratorio, no era tan sofisticado, pero tenía una centrifuga
y otros aparatos e instrumentos. Llegaron a preguntarse si acaso la tía
producía drogas en ese lugar; y creyeron que eso probablemente explicara su
locura. Había otra bodega llena de químicos y tanques con sustancias extrañas
que olían pésimo. La última habitación estaba llena de plantas, todo estaba muy
bien cuidado en este lugar, como si diario estuviera podando o arreglándolo.
Amilkar quiso encontrar alguna planta de marihuana o peyote, pero se llevó una
gran decepción, solo había rosales, algunas hiervas que olían horrible, también
había una planta que al tocarla cerraba sus hojas, como si pudiera reaccionar
al tacto. Aunque no pudieron revisar todo con el detalle que hubieran querido,
supusieron que habría mucho tiempo más para ello.
Mariana comenzó a
llamar a los chicos, quería que se fueran a dormir, pues mañana sería un día
pesado, tendrían que terminar de limpiar lo que restaba de la casa, era
bastante lo que aún faltaba. Ana se ofreció para ayudar, justo como lo había
pensado Amilkar. Como el novio de su madre no trabajaba en domingo, también les
ayudaría a mover algunas cosas y a limpiar. Como todavía faltaba limpiar las
recamaras, tuvieron que usar las bolsas de dormir en la sala principal. Antes
de irse a dormir, Amilkar quiso ver si había algún bocadillo en la cocina; su
madre siempre solía comprar pequeños y diminutos panecillos cuando salía de
compras, y como había ido recientemente al centro comercial, supuso que habría
algunos por ahí. Lo que más le encantaba era los panecillos de la temporada de
octubre, como ya se acercaban las fiestas de todos los santos, solían tener un
decorado que le llamaba mucho la atención y lo hacía más apetecible.
Al pasar por el pasillo que
conducía a la cocina, Amilkar se percató que había una puerta más. Esa puerta
no estaba allí la última vez que había pasado por ahí. Pero se dio cuenta que
el papel tapiz que decoraba las paredes de ese lugar estaba rasgado y un cuadro
estaba a un lado de aquella puerta. Quiso hablarle a su madre para saber si
ella había descubierto la puerta, pero le intrigó tanto saber que había detrás
de ella que prefirió no esperar a que su madre llegara, así que solamente giró
el pomo de la puerta y pasó a través de ella. Había otro pasillo largo el cual describía una trayectoria semicircular
yendo en dirección hacia atrás de la casa. El pasillo tenía vitrales enormes,
muy bellos, eran como aquellos que uno encuentra en las iglesias católicas
antiguas. La luz de la luna pasaba a través de ellos y hacían lucir un
buen espectáculo de luces proyectadas en la pared; las imágenes impresas
parecían moverse, como tratando de contar una historia. Al final del corredor
había un par de puertas de madera que se abrían de par en par, después de pasar
por ellas le dio mucha inseguridad seguir caminando, pues de pronto sintió
mucho frío y percibió un olor a humedad. No podía ver mucho, estaba demasiado oscuro.
Pero con cada pequeño paso que daba se escuchaba un gran eco. Aquella parte de
la casa estaba totalmente por detrás de la parte principal, por lo que no
pudieron verla al entrar. Al no poder ver nada ni tampoco encontrar un
interruptor, prefirió no seguir y esperar a que amaneciera para poder observar
mejor este sitio.
Un escalofrío
recorrió su cuerpo al escuchar unos pasos cerca de él, inevitablemente
sobresaltó un poco al sentir una mano sobre su hombro. Fue para él un alivio
voltear y ver que solo se trataba de su amiga Ana.
Ana: Demoraste mucho así que te vine a buscar. Vi que dejaste esta
puerta abierta, no habíamos pasado por aquí ¿cierto? Este sitio es muy oscuro.
Tengo una pequeña lámpara integrada a mi llavero, nos permitirá ver un poco
entre tanta oscuridad.
Amilkar: ¡Casi me matas del susto!
Ana: Lo siento, no era mi intención, bueno quizá un poquito jajaja.
Cuando Ana encendió
su lámpara, lo primero que vieron es que había asientos de madera muy largos,
como aquellos que ponen en las iglesias para que la gente se hinque y pueda
rezar. Además, había muchas figuras decorativas grabadas en las paredes, tenían
una forma ondulada, pero no podían ver demasiado claro lo que eran. Ana iluminó
el piso para que pudieran pasar sin resbalar ni tropezar con algo, avanzaron lo
más que pudieron, todo el lugar estaba hecho un desastre, había mucho polvo y
los asientos estaban arrumbados por doquier, de pronto una rata saltó y
retrocedieron sorprendidos. Sin embargo, en su retroceso, golpearon algo con su
espalda. Ana lo iluminó con su lámpara tan rápido como pudo reaccionar, casi
gritaron cuando vieron aquello. Era la figura de un cristo ensangrentado que
cargaba su cruz. Su rostro era tan expresivo y tan real que por poco hace que
salieran corriendo de ahí. Ana iluminó hacia lo lejos para poder visualizar un
poco más, solo había más imágenes religiosas como esa.
Esto era una capilla,
el silencio, y la oscuridad hicieron que de la cabeza de Amilkar evocara una
melodía que había escuchado antes. Un sonido de órgano imaginario acompaño su
asombro ante tal situación con una armonía propia a la de una iglesia.
Ana: Tus abuelos debieron haber sido muy católicos ¡mira que tener una
capilla en casa! Puede que les diera mucha flojera ir a misa todos los
domingos.
Amilkar: No estoy seguro, nunca estuve relacionado con ellos, así que
realmente no tengo ni idea.
Ana: Bueno, alégrate, no tendrás que ir los domingos a otra iglesia para
escuchar misa tan temprano jajajajaj.
Amilkar: ¡Muy graciosa! aunque este lugar hace que quiera escuchar esa
música gregoriana que me fascina.
Ana: ¡Es genial! podemos ensayar nuestros dotes musicales aquí, el eco
que hay me encanta.
De pronto, vino a la mente
del chico aquella canción que alguna vez escuchó en una misa navideña, algún
día en su niñez.
"Mze shina damze mze gareta, mzev, shin shemodio! uq’ivlia
mamalsao, mzev..."
Una canción realmente
mística y hermosa.
Todo el lugar tenía
un silencio espectral, y los ruidos de nuestros pasos sus magnificados por el
mismo silencio.
Decidieron volver cuando amaneciera, pues por ahora solo se la pasarían tropezando
por todos lados sin apreciar bien la estructura. Regresaron por el pasillo, la
madre de Amilkar ya los estaba esperando.
Mariana: ¡Amilkar! ¿acaso no habían ya pasado por la capilla?
Amilkar: No, ni siquiera recuerdo haber visto que había una puerta en
este pasillo.
Mariana: Eso es porque lo descubrimos cuando quitamos el cuadro que
tenía tu tía en ese sitio. Parece no haber sido colocado hace mucho tiempo,
pero es extraño que lo hayan cubierto. Esta casa sigue dándome cada vez más
sorpresas. La verdad es que no recuerdo que hubiera una capilla aquí. Pero
bien, es tarde y ya es hora de que vayamos todos a dormir. Mañana será otro día
más y ya casi hemos terminado de limpiar lo más esencial. Los dormitorios serán
responsabilidad de cada quien, además la parte de arriba no necesita ser
limpiada inmediatamente, eso lo haremos poco a poco. Pero el jardín sí que
necesitara toda una remodelación, puede que hasta haya serpientes ahí,
necesitamos limpiar con sumo cuidado.
La noche ya se había
cernido sobre la ciudad, eran alrededor de las once y media de la noche, los
chicos no tenían ganas de dormir, en especial Amilkar cuya mente seguía muy
inquieta, se la pasaba imaginando la clase de cosas locas que estaban ocultas
por toda la casa. Desde niño siempre había querido encontrar algo que apartara
su atención de las cosas ordinarias que suceden en el mundo, sabía que debía
haber algo más en este planeta, en este universo. En su mente él pensaba: "ojalá esta
casa sea un pequeño peldaño que me conduzca a conocer la bastitud de la
creación".
"Un canto murmuró en el oído durmiente del caballero, una llamada,
una evocación, un suspiro alentó al curioso rapaz que clamaba por una verdad.
Los que yacían en silencio de muerte, comenzaron a llorar sus secretos,
derramando dulcemente sobre la mente atenta que había prestado atención a sus
relatos. Así la inmensidad tuvo un pequeño vórtice a partir de cual el
misterioso poder se volcaba en el oído del atento aprendiz. Y en ese instante,
un cúmulo de tradiciones arcaicas se introdujeron a la vista del evocador, cuya
suerte fue tal que adoptó la forma y posición para poder escuchar los milenios
que ahora hablaban ante él."
Amilkar: ¿Qué sucede? ¡qué incómodo lugar! hace mucho calor aquí.
Extraño: ¡Levántese! es hora de comenzar con la ceremonia.
Amilkar: ¿De qué ceremonia me está hablando? ¿Qué está sucediendo?
¿Quién es usted? ¡Suélteme!... ¡le digo que me suelte!
Extraño: Es hora de su iniciación en este lugar, ya debe saber que el
peso del mundo se posa ante usted para poder utilizar este poder como mejor le
convenga a su destino y al de sus antepasados. La sangre que usted emana, esta
lista para ser usada, y su palabra construirá el nuevo mundo para los que están
por irse, así como muchos de sus antepasados lo han hecho con nosotros.
Amilkar: (¿De qué diablos está hablando este anciano?)
Extraño: Ahora usted es el amo de todo, el secreto que dominará solo
usted puede utilizarlo, ninguna sangre es más preciosa que la suya.
Amilkar: No lo sé, creo que no me siento muy bien, mi cuerpo esta
adormilado.
Extraño: eso es porque la conciencia no tiene mucho que ver en
esto, sentirá eso y más todavía joven maestro. ¡Escuche con atención! Su mente
se divide en siete pequeños poderes que asumirán su conciencia dispersa, será
usted el último de los siete que serán divididos. El secreto de la eternidad y
del poder será guardado por mucho tiempo hasta que usted y los demás señores
vuelvan a ser la unidad.
Amilkar: ¿Qué? ¡No entiendo nada de lo que me trata de decir!
Acto seguido, el
valiente caballero y señor del poder, fue envuelto en telas y sustancias para
poder reducir su cuerpo a cenizas, el llanto y la agonía, así como un gran
dolor, hicieron que Amilkar volviera en sí, a su mundo. Gritando como si su
cuerpo fuera aquel que hervía dentro de un sarcófago calcinador
Amilkar: ¿Pero qué demonios fue eso? ¡Ah, dios mío! gracias al cielo
estoy totalmente sano... creo que solo ha sido un sueño. ¡Por dios que así fue!...
Extraña voz: ¡Amilkar...!
Amilkar: ¿Ana eres tú?
Extraña voz: ¡Amilkar! ¡ven!
Amilkar: ¿Mamá?
De pronto, un
resoplido pareció venir de algún lugar distante, con la intención de llamar la
atención de Amilkar e invitarle a escuchar su pronunciación. Amilkar se levantó
de la colchoneta de donde descansaba, y caminó en dirección a esa suave
presencia que se dejaba sentir en el ambiente. En ese momento, la sala se
transformó en un salón aún más grande, con mucho más lujo y adorno que en el
que se encontraba. Enseguida, siete pequeñas figuras muy bien adornadas estaban
rodeándole. Figuras humanoides de aproximadamente cincuenta centímetros de
altura formaban un circulo que rodeaba a Amilkar. Todos eran muñecos muy bien
vestidos, cada uno con particularidades únicas y que reflejaban el buen trabajo
de un artista quien había volcado siglos de sabiduría en ellos. La primera era
una marioneta de aspecto oriental, con cabello lacio, largo, negro, ojos
morados y su tono pálido, tan blanco, con ropas rojas largas, como si fuera una
muñeca tradicional de la era Edo en Japón. La segunda también era una muñeca de
aspecto femenino, sin embargo, era un poco más difícil saber de qué origen o a
que tradición pertenecía. Estaba vestida con una especie de camisón blanco, muy
largo con dos franjas rojas que recorrían solo la parte de enfrente de su
atuendo, sus hombros estaban ocultos por hombreras de color morado. Su cara era
algo alargada, pintada de blanco y tenía unas franjas rojas que bajaban de su
parpado inferior hacia sus mejillas y terminaba debajo de su mentón, unos
labios morados y delicados; ojos completamente negros, debajo de su gran bonete
blanco dejaba escapar unos cabellos anaranjados largos y rizados. Sus manos
terminaban en uñas muy afiladas y de color morado oscuro. El tercero era una
figura de un caballero, con un atuendo pesado y casi como si fuera de
angulaciones afiladas, cuerpo muy robusto, no dejaba ver mucho las facciones
que poseía, pues un casco muy cerrado cubría todo su rostro. Era más una masa
de metal que otra cosa, algo así como un caballero medieval. El cuarto tenía la
apariencia de un anciano de facciones afiladas y muy delgadas, igual con un sombrero
de bicorne, vestía con ropas más viejas, como si fueran de alguna especie de
hechicero medieval, entre sus manos tenía un tridente con una joya incrustada
en el centro, igualmente poseía unas afiladas uñas teñidas en carmín. Su cara
parecía la de un anciano, con ojos muy grandes y de color rojo, el rojo era el
color predominante de su vestimenta. El quinto era algo así como una especie de
fantasma, su rostro era de una calavera blanca, con su gabardina y pantalón
negro, un sombrero del mismo color, solo una sonrisa macabra escapaba de él,
con unas cuencas vacías tan intimidantes que hacían estremecer a cualquiera que
se atreviera a verle, sus manos eran como huesos largos. El sexto era un
personaje un poco más robusto que los demás, con ropas elegantes y un turbante
que rodeaba su cabeza. Su rostro era más rollizo, con un color más humano, pero
su mirada era perdida y diabólica al mismo tiempo, su apariencia era más como
la de un sultán de aquellos remotos países islámicos de la antigüedad. Y el
último, era un demonio alado, aquellas alas eran enormes, su cuerpo negro
vestido de ropas igualmente oscuras, con dos pequeños cuernos que brotaban de
su cráneo, una sonrisa que dejaba ver sus afilados dientes, y dos alas enormes
corroídas por el odio y la maldad.
Todas aquellas
inquietantes figuras parecían mirar al centro de un círculo, como si tuvieran
vida propia y pudieran mantener una postura de firmeza. Esperaban por su
maestro, para comenzar el gran espectáculo para el cual se hubiesen preparado
durante mucho tiempo.
En ese instante,
todas las marionetas alzaron la cabeza y la movieron ligeramente para contemplar a su invitado. Amilkar estaba muy sorprendido, parecía
como si los ojos se le fueran a salir de sus cuencas de un momento a otro al
observar tal espectáculo. Enseguida un sonido recorrió la sala donde se encontraba, una voz muy imperiosa dijo: "OFUKU, ZAROFIS, CAVALIER, ZARGOT,
ETEFIS, ASTALOT, ZEDIEL..." tan
pronto como dijo esas palabras, un trueno se hizo presente, y un terremoto
cimbró todo el lugar.
Amilkar cayó al suelo
intentando cubrir su cuerpo con sus brazos y apretó los dientes tan fuerte
hasta que aquello comenzó a calmar. De pronto, a lo lejos, se aproximaba la
figura de un hombre alto, el resplandor de los relámpagos la hacía cada vez más
presente, se acercaba lentamente. Enseguida, alzó sus manos a la altura de su
pecho y comenzó a decir: "Hijos míos, aquí está la última gota que
nos hará libres a todos, por fin podremos descansar nuevamente".
Amilkar se encogió como
si tratará de cubrirse de una amenaza inminente y trató de buscar algún sitio
para poder huir de ese lugar. Pero no había ninguna escapatoria.
Entonces, otro
relámpago iluminó el sitio y todos desaparecieron. Pero Amilkar se encontraba
en un sitio muy distinto, era como un espacio apocalíptico, donde llovía fuego
y había cadáveres gigantes que se alzaban sobre la lava tratando de salir de un
dolor inmenso. Pero había siete sombras que volaban encima de aquel infernal
cuadro, sombras que reunían una especie de rayos poderosos que caían como
columnas de gran poder sobre la lava de ese lugar y la transformaban en un
agujero negro que consumía todo.
Era algo incomprensible para la mente del chico poder entender lo que estaba ocurriendo, un misterio más grande del que se imaginaba estaba pasando por su experiencia, y él no tenía la capacidad de saber lo que era ni a lo que se estaba enfrentando. Pues todo aquello iba más allá de lo que en realidad había presenciado. Algo más precioso y poderoso estaba comenzando, pero no podría ser visualizado hasta que todo estuviera completo. Sin embargo, la sangre de inocentes y las más horribles experiencias entre los pobres, servirían como ladrillos para construir una fortaleza tan bestial que solo entonces, podría ser comprendida. Los viejos cadáveres han sido exhumados y despertados, han reclamado la nueva era para poder manifestarse.
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