domingo, 16 de enero de 2022

 

LAS FIGURAS DE LA MUERTE

Amilkar despertó finalmente de aquella pesadilla, no estaba seguro de lo que había pasado o lo que había soñado, ni tampoco entendía la conexión que había con él. Los sueños son vivencias fantásticas que suelen aparecen en nuestras mentes cuando no estamos gobernándolas con nuestra conciencia, así mismo pensó Amilkar. Pudiera ser que estuviera viendo muchos casos del mundo paranormal en su computadora o demasiadas películas de terror por fin habrían hecho que su mente ideara una película dentro de su mente. 

En medio de la noche, Amilkar se levantó para tomar algo de agua de la cocina y poder conciliar el sueño nuevamente. En ese momento recordó una pequeña clase que había recibido sobre meditación alguna vez en algún lugar. De vez en cuando, se formaba una pequeña asamblea fuera de un parque, el cual solía frecuentar, y ahí se daban pláticas sobre cosas misteriosas, como milagros o portentos, y la forma en que mucha gente intentaba alcanzarlas. En una de esas pláticas, le enseñaron a la audiencia a como entrar en un trance profundo, y de esa manera poder comunicarse con su ser interno para resolver algunas preguntas o cuestiones sin ninguna solución aparente. Amilkar pensó que quizá si hacía una pequeña meditación, su subconsciente le podría dar una pista sobre lo que había soñado, algo similar a lo que había hecho Ana con el péndulo amatista. Pero en este caso, intentaría verlo otra vez con sus propios ojos. 

Una vez que regresó a su colchoneta, se tumbó por completo, separo sus pies y sus manos de manera que quedara en una posición bien extendida. Recordó que había que inhalar y exhalar lentamente durante unos minutos, y comenzó tratar de relajar su cuerpo desde sus pies hasta su cabeza, repasaba una y otra vez hasta que sintió como su cuerpo se movía solo; sin embargo, como era la primera vez que lo intentaba, se quedó profundamente dormido. 

Ana: ¡Buenos días dormilón! Es hora de levantarse, el desayuno está listo. 

Amilkar: ¡Demonios!

Ana: ¡Oye no! los hot cakes no me los vas a despreciar, además los hicimos de una mezcla de sabor a piña colada. Me tomó mucho tiempo aprender a hacerla.

Amilkar: ¡No es por eso! es solo que no logré algo que intenté hacer anoche.

Ana: Debes estar muy cansado, no dejabas de moverte y decir cosas sin sentido, creí que estabas teniendo una pesadilla y cuando intenté despertarte de repente volviste a estar tranquilo.

Amilkar: ¿Recuerdas si dije algo importante?

Ana: No, la verdad es que solo balbuceabas. ¡Vamos ya! estoy muerta de hambre.

Después de desayunar, todos se pusieron a limpiar lo que faltaba inmediatamente, querían terminar rápidamente. Ana recordó que una prima suya vino a visitarla.

Amilkar: No hay mucho que limpiar esta vez, gracias a dios hemos terminado temprano. ¡Iremos al centro mamá!

Ana: ¡Vamos, ya llegó, date prisa!

Amilkar: ¿Quién viene? no me dijiste que iríamos a buscar a alguien.

Ana: Lo olvidé, es mi prima Altagracia, viene de visita solo por unos días. Ella tiene un periodo escolar distinto al de nosotros, lo manejan por cuatrimestres, así que ahora mismo ellos están en periodo de vacaciones mientras nosotros no. Vamos, te va a encantar mucho, ella tiene habilidades únicas en la familia.

Amilkar: ¿Habilidades?

Ana: Claro, resulta que nuestra abuela le dio clases de como leer el tarot y ver el futuro de las personas. Lamentablemente yo no pude hacerlo, pero ella sí.

Amilkar: ¡Vaya! tu siempre sales con algo que me asombra cada vez más.

Amilkar y Ana llegaron al centro de la ciudad, y ahí se encontraron con Altagracia. Ella es una chica delgada de cabello castaño y muy largo, muy bien cuidado. Su figura es muy fina, al igual que su rostro, pero este, llama la atención dado el delicado arco de sus ojos, los cuales le hacen lucir una mirada que expresa mucha intriga y misterio. Amilkar no esperaba que aquella chica fuera muy amigable, pero tan luego Ana los presentó, se sintió como si ya se hubieran conocido antes.

Amilkar era muy apuesto, así que su gracia hacía que muchas chicas se sintieran cómodas con su presencia, cosa que a él no le gustaba mucho. Pero Ana ya le había advertido a Altagracia que Amilkar estaba enamorado de otra persona y que no le gustaba mucho que insistieran con él. Ana preveía el posible escenario en que su prima llegara a sentir algo por el chico. No era difícil que las chicas se enamoraran de él por su apariencia. 

Ana: Bien, pues ella es mi prima Altagracia, viene del norte y es muy amigable. 

Amilkar: Mi nombre es Amilkar, es un gusto y placer.

Altagracia: ¡Qué educado! jajaja supongo que debes ser un chico muy formal ¿verdad? no te preocupes, no hay que mantener tanta formalidad entre nosotros. Ana me ha platicado muchas cosas sobre ti. Supuse al principio, que eras como su novio, pero veo que son solo amigos desde hace mucho. 

Ana interrumpió intempestivamente para desviar la atención del reciente comentario que había hecho su prima.

Ana: (¡Dios! Debí saber que diría eso) Sí, además Amilkar es dueño de una casa enorme que le acaban de heredar. Pero creemos que hay muchas cosas misteriosas ahí que quisiéramos averiguar, no sé si nos podrías ayudar con eso. Ya sabes, con tus habilidades. Es una fortuna que hayas llegado en el momento indicado ¿no lo crees Amil?

Amilkar se asustó un poco por lo directa que era Ana al pedirle ayuda a su prima sobre una situación que no habían acordado que podían compartir con alguien más.

Altagracia: Claro, no hay problema. Traje a mis amigas conmigo, las llevo a todas partes. Pues para poder usarlas debo convivir con ellas como si fueran personas también.

Al principio Amilkar se perdió un poco ¿sobre qué estaba hablando Altagracia? ¿Cuáles amigas? pero entendió todo cuando ella sacó de su bolsa una baraja de cartas egipcias. 

Altagracia: Mi abuela me regalo estas, fueron las primeras que tuvo cuando salió del país. Ahora me ha enseñado como usarlas, pero debemos buscar un sitio un poco más discreto. ¿Conocen alguno? No quiero que haya mucha gente viéndonos de forma extraña.

Ana: ¡Claro que sí! hay una vieja catedral a la que Amil y yo vamos muy seguido. ¿Te gustaría conocerla? 

Altagracia: ¡Claro que sí!

Altagracia se enamoró inmediatamente de aquel lugar cuando llegó ahí, era como si los tres chicos tuvieran la misma atracción por la vieja catedral de San Francisco. Un lugar antiguo de místico ambiente, era perfecto para una pequeña lectura de cartas, por supuesto que ellos conocían un área casi intransitada de por ahí donde podrían llevar a cabo su obra.

Altagracia: ¿Cómo fue que conocieron este lugar? ¡es magnífico!

Ana: Bueno, la verdad es que hemos vivido en esta ciudad por mucho tiempo, yo recuerdo que la primera vez que vine fue cuando se casó mi primo Otto. 

Amilkar: Yo no recuerdo exactamente cuándo fue la primera vez que vine. Creo que fue en una expedición escolar sobre historia.

Altagracia: Me gusta que este lugar este posicionado en lo alto, creo que estamos sobre una colina ¿no?

Ana: Así es, desde aquí se puede ver toda la ciudad.

Altagracia: En verdad es muy pacífico este lugar.

Amilkar: ¿Te llevó mucho tiempo aprender a usarlas?

Altagracia: ¿Qué? ¿las cartas? bueno si, un poco. Hay que entrenar muy bien el ojo interno, la percepción, y llegar a realizar un buen lazo con ellas. ¡Sabes! los objetos no solo son cosas que andan por ahí regadas. Todas las cosas están hechas de energía, y esa energía es algo dinámico y muy misterioso. Mi abuela decía que el origen de las cosas benditas o malditas es debido a la capacidad de poder investir las cosas con la energía que uno mismo evoca. 

Amilkar: ¿Qué quieres decir?

Altagracia: Bueno, hay una razón por la que el ser humano es una entidad pensante y racional. Nosotros podemos controlar las energías y hacerlas buenas o malas, en sí la energía solo es esa, basta la percepción de alguien para calificarla de buena o mala. Las cosas se comportan como nosotros les ordenamos, independientemente si estamos conscientes de ello o no.

Amilkar estaba muy asombrado e interesado por la explicación de la chica. Altagracia sacó un pañuelo morado el cual tenía un símbolo hecho entre triángulos concéntricos y una especie de astro solar en su centro, las esquinas de aquella prenda estaban bordadas con hilos brillantes, y las incrustaciones hacían parecer como si fueran el dibujo de una galaxia. 

Altagracia: ¿Quieren que comencemos de una vez? parece que el atardecer es bello y tranquilo, me siento muy inspirada. Antes debo hacer unas oraciones para poder conectarme con ellas, solo me tomará unos segundos, cuando esté lista regresaré. 

Ana: ¿Qué te ha parecido mi prima?

Amilkar: Es una chica interesante, no sabía que era una especie de bruja o maga.

Ana: Ella es como nosotros, le gusta demasiado el mundo paranormal, además de que su abuela le ha enseñado sobre todas esas cosas antiguas, yo sé que su abuela viajo por casi todo el mundo, era una especie de arqueóloga y coleccionista de cosas raras. Hace tiempo, cuando éramos niñas siempre jugábamos a preparar pociones mágicas y a buscar tesoros ocultos, me divertía mucho con ella, de hecho, fue por eso que desempolvé mi viejo péndulo amatista. 

Altagracia: Bien chicos, espero no haberlos hecho esperar mucho. Comenzaré poniendo una vela morada aquí y una blanca acá. Ustedes deben partir la baraja en tres partes... umm ¿quién lo hará?

Amilkar: ¡Yo!

Altagracia: Antes debes definir muy bien tus preguntas, pues las cosas que no preguntas no podré responderlas, bien sea por que no quieras usar esa información o por que, simplemente no es lo que te interesa. ¿Qué vas a preguntar?

Amilkar no estaba seguro de la clase de preguntas que haría, pero si tenía curiosidad por las pesadillas que había tenido recientemente, no había dejado de pensar en ello desde que había amanecido. Tenía la sensación de que aquel mensaje se conectaba con la reciente adquisición de la casa. El pregunto si había un secreto o misterio oculto en su nueva casa que pudiera usar en favor de él mismo, si había alguna clase de poder misterioso. En fin, trató de preguntar si en la casa había algún maleficio, hechizo o encantamiento que él pudiera aprender a dominar. Así que todas las preguntas que hizo fueron en referencia a ello y al sueño que había tenido.

Enseguida, Altagracia solo tocó las cartas para poder desvelarlas, pero algo hizo que ella levantara la cabeza y cerrara los ojos. Inmediatamente llevo sus manos a su cabeza, actuaba como si estuviera percibiendo un fuerte mareo.

Amilkar se preguntaba si eso realmente debería estar pasando. Ana había presenciado una lectura de tarot antes y sabía que eso era algo que no sucedía durante una sesión como esa y miró a Amilkar con extrañeza.

Altagracia solo repetía: ¡Va a matarme! ¡Va a matarme! 

Entonces Amilkar y Ana trataron de hacerla entrar en sí agitando un poco su cuerpo, lo suficiente como para no lastimarla, pero sí de manera vigorosa. Hasta que finalmente ella volvió a entrar en sí.

Altagracia: ¡Ah!¡Oh! dios mío...

Ana: ¿Estas bien? ¿Qué ha pasado? 

Altagracia: Al momento de tocar las cartas me sentí muy mareada, creí que me iba a desmayar y solo cerré los ojos. Vi cosas horribles, había muertos y mucha sangre. Incluso había unas creaturas que me perseguían, eran como una especie de demonios. Todo fue tan rápido, pero me pareció una eternidad. ¿De quién diablos dicen que era esa casa?

Amilkar: Era de mi tía, bueno le fue heredada de mis abuelos.

Altagracia: Lo que hay ahí no puede ser bueno, no sé si han encontrado cosas extrañas en ese lugar. Pero lo que sea que habita ahí no es nada amistoso. Voltearé las cartas, veré que me dicen.

Altagracia conformó su visión al observar que las cartas le advertían sobre no entrar en ese lugar. La carta de la torre, de la muerte, del demonio y otras más, se conjeturaban dando a entender que había un destino muy oscuro y escabroso en esa mansión

Altagracia: Quisiera poder ayudarles más, pero no he visto nada que en realidad pueda ser de utilidad.

A Amilkar le había hecho sentido todo lo que la chica había mencionado, pues la visión apocalíptica que había visto él mismo, se relacionaba con la percepción de la adivina. Pero eso no echaba abajo el espíritu curioso del chico, al contrario, se veía más animado a saber qué es lo que ocultaban las paredes de aquella casa. ¿Qué eran esos demonios? ¿acaso eran las figuras que había visto antes? ¿Dónde podría encontrarlas y cuál era el provecho que se les podía sacar? Amilkar supuso que no eran figuras comunes y corrientes, inmediatamente pensó que eran una especie de condensadores, pudiera ser que la representación humanoide suplantara el permiso de la divinidad del cosmos para poder enfrascar más poder en ellos, o algo parecido, eso fue lo que pensó inmediatamente el joven. No obstante, eran elucubraciones muy tempranas y sin fundamento, pero él quería probar todas sus teorías lo más pronto que fuera posible. 

Los chicos salieron de la catedral y siguieron su camino rodeando el gran rio que cruza la ciudad. Paseaban entreteniéndose con los puestos de artesanías y comida rápida que había ahí, tan solo para distraer de todas las impresiones que había tenido Altagracia hacia unos momentos. Después de un rato de conocerse, Amilkar regresó a casa dejando a Ana y a Altagracia; ellas tendrían que ir a casa de Ana a presentarse con sus tíos, así que en esta ocasión Amilkar regresaría solo a casa. Pero era una tarde de domingo, no quería volver pronto, así que siguió la ribereña del rio pensando sobre las cosas que siempre solía pensar... más bien, sobre la persona que siempre solía evocar en sus pensamientos. 

Minerva volvió a ser la protagonista de sus pensamientos. Amilkar no dejaba de pensar mucho en ella; él sabía que era una mujer distinta a los gustos que él tenía, pero había algo que siempre había llamado su atención, no podía explicar lo que era, pero hacía que se sintiera tremendamente desolado si ella no estaba ahí. Los fines de semana le parecían largos, porque no le volvería a ver hasta los días de escuela. Minerva ni siquiera le prestaba mucha atención, es cierto que era carismática y llena de vitalidad, era muy hermosa y con mucha personalidad. Puede que ese comportamiento contrastara mucho con la naturaleza fría y empedernida de Amilkar. Lo que él no sabía era que en realidad las acciones de aquella joven eran algo muy diferente a lo que él pensaba que eran, la tenía idealizada, probablemente él lo sabía, pero se sobreponía a pensar mal de ella a toda costa. 

Era mediados de octubre, todos se preparaban para las festividades relacionadas con lo sobrenatural, muchos compañeros de clases habían ya comenzado a preparar cosas para hacer fiestas y poder pasarla bien el día 31 de octubre, como era costumbre, una costumbre en realidad no muy propia, pero que, por aras de la globalización, se había vuelto cada vez más frecuente entre los jóvenes del país. Pero no solo era un día de fiesta; sino más bien casi una semana. En México, las festividades sobre los días conmemorativos a los fieles difuntos comienzan aproximadamente el 27 de octubre y finaliza el día 2 de noviembre.

Amilkar pensó en que sería una buena idea invitar a Minerva a salir, en realidad lo venía pensando desde hace ya muchos meses, pero no veía la forma de hacerlo, le aterraba la negativa que ella pudiera darle, por lo tanto, solo terminaba lamentándose su suerte y su falta de valor. Aunque quizá, el orgullo también fuera un factor que le impedía hacerlo plenamente.

Amilkar llego a un pequeño parque que estaba a un costado del gran rio que cruzaba la ciudad, solo se sentó en una banca y decidió terminar de pensar. Pero en las proximidades estaba un chico, un chico que se acercó lentamente. Ese extraño inclinaba su cabeza y avanzaba cautelosamente, como tratando de verificar la identidad de Amilkar sin que este se diera cuenta de su presencia antes de estar seguro.

Ivan: ¡Hola! ¿Amilkar, cierto?

Amilkar: ¡Eh!

Ivan: Perdona, creo que estabas ocupado en algo, no quise distraerte. 

Amilkar: ¡Para nada! ¿Quién eres tú?

Ivan: Oh, me llamo Ivan, soy compañero tuyo, llevamos clase de inglés juntos.

Amilkar: ¡Oh! cierto. Discúlpame, soy muy distraído.

Ivan: ¿Puedo sentarme?

Amilkar: ¡Claro! 

Ivan: Amilkar, siempre eres tan reservado, ¿no te gusta hacer amistad? te veo siempre muy apartado de todos.

Amilkar volteó a mirar a Ivan de una manera desconcertada, no esperaba una afirmación tan directa de un compañero de clases al que no le daba ninguna importancia en su vida. Ivan se dio cuenta de lo impetuoso que había sido y reculó inmediatamente.

Ivan: ¡Perdona! creo que he dicho algo que no debía. Es solo que...

Amilkar: No te espantes, la verdad es que no me interesa mucho lo que las demás personas piensen de mí. me tiene sin ningún cuidado.

Ivan inclinó la cabeza nuevamente, como decepcionado sobre lo que había dicho Amilkar sobre los demás. Pero él también tenía una interrogante y que quería esclarecerla lo más pronto posible.

Ivan: Y... ¿yo?

Amilkar: ¿Eh?

Ivan: Yo... ¿puedo ser alguien que... que pueda llegar a interesarte como persona?

Amilkar: ¿Por qué lo dices?

Ivan: Bueno, no sé. Quizá no hemos tenido la oportunidad de conocernos bien ¿puede que llegáramos a ser buenos amigos no crees?

Amilkar: Ummm, no lo sé, ¿Por qué te interesaría relacionarte con alguien como yo?

Ivan jugaba con sus manos de una manera nerviosa, como si no pudiera decir más de lo que se le había preguntado. Pero lo cierto era que ni siquiera Amilkar ignoraba por completo lo que estaba sucediendo.

Ivan: No sé, es que sabes... yo casi no he tenido muchos amigos en la escuela.

Amilkar: ¿y crees que yo podré ayudarte con eso?

Amilkar sabía que mucha gente se quería relacionar con él debido a su apariencia, así que se molestó un poco al pensar que aquel pobre chico buscaba colgarse de él para poder obtener alguna forma de reconocimiento en la escuela. Pero Ivan cayó en la cuenta de lo que Amilkar había interpretado y dijo:

Ivan: ¡No! no es eso, no intento hacer que me ayudes a ser popular ni nada por el estilo. Es solo que...

Ivan se detuvo para mirar la expresión en la cara de Amilkar por un segundo, no podía decirle la verdadera razón de su interés por él. La actitud defensiva que tenía Amilkar en ese momento impedía que Ivan se expresara completamente. 

Amilkar vio la cara de Ivan, su preocupación era verdadera, entendió que estaba siendo muy arrogante con su compañero, así que decidió ser un poco más gentil. 

Amilkar: Lo siento, sé que solo quieres hablar con alguien y yo solo me estoy portando como un idiota. ¿Qué haces por estos lados? ¿esperas a tu novia?

Ivan: Emm... no, no tengo novia tampoco.

Amilkar: ¿Entonces? este lugar está algo retirado ¿no crees?

Ivan: es que yo vivo cerca de aquí.

Amilkar: ¡Oh! no lo sabía, lo siento amigo. Mmmm ¡ya sé! ¿quieres ir por un trago o algo así?

Ivan: Muchas gracias, pero no bebo.

Amilkar: Me refería a un refresco o a un jugo ¿enserio no bebes ni eso? espero que no piense que me refería a algo de alcohol, yo tampoco tengo esas pueriles mañas que tienen los demás. ¡Vamos, yo invito!

Al ver que el chico era demasiado tímido, Amilkar no quiso ser como aquellas personas populares que menos precian a los que intentaban acercarse a ellos. Ivan parecía un chico agradable, sin malas intenciones, puede que una nueva amistad estuviera por gestarse.

Amilkar: ¿Y qué me cuentas amigo? no has salido esta tarde con tus amigos

Ivan: La verdad es que no tengo muchos amigos.

Amilkar: cierto ya me había dicho algo como eso. ¿Pero ni uno solo? ¿alguna amiguita que esté interesada en ti?

Ivan: No ... tampoco.

Amilkar: ¡Bah! no tienes que preocuparte por esas cosas. Digamos que a veces la gente solo busca con quien estar para no sentirse solo. No es que este diciendo que yo haga eso y que no aprecie a mis amigos, pero siento que no hay mucha necesidad de caerle bien a todo el mundo ¿sabes a lo que me refiero no?

Ivan: Creo... Amilkar... Pero alguien como tú seguramente tiene muchos amigos.

Amilkar: ¡Nah! solo tengo una amiga de verdad. Es Ana, no sé si la conozcas, estoy con ella casi todo el tiempo, tenemos varias cosas en común.

Ivan: ¡Oh! ¿Es como si fuera tu novia?

Amilkar: Te he dicho que solamente es mi amiga. Ella no me interesa de esa manera. No soy muy creyente del amor sabes, esas cosas no se hicieron para las personas mundanas como nosotros.

Se podía sentir la propia contradicción de lo que Amilkar esperaba de la vida con lo que estaba manifestándole a Ivan en ese momento.

Amilkar: Sabes, a todo esto, yo pienso que hay cosas que son divinas. En otras palabras, inalcanzables o inobservables en este mundo. Una de ellas es el famoso sentimiento de amor. 

Ivan: No te entiendo.

Amilkar: Es simple. Digamos, teóricamente, el amor existe como una sensación y manifestación infinitesimal, que se extiende a ambos lados de una recta cuyos extremos tienden al infinito, nosotros nos sentimos atraídos por el grado más alto de este, pero no podemos alcanzarlo debido a las limitaciones físicas que tenemos. Así que caemos en algo llamado ilusión, y esa ilusión distorsiona la verdad de lo que significa el concepto de amor.

Una plática para los adentros del propio Amilkar, pues Ivan nunca había pensado sobre el amor de esa manera, pero la forma en que Amilkar se expresaba y la viva voz de convencimiento que tenía, hacía que Ivan se hipnotizara por cada detalle que su compañero trataba de explicarle. 

Después de mucho hablar, Amilkar le prometió a Ivan seguirle contando sobre sus pensamientos sobre la vida, ya que este se había mostrado demasiado interesado. El cometido de Ivan se había cumplido. No podía creer la gran suerte que tuvo al encontrarse a Amilkar vagando cerca de su casa y de buenas a primeras entablar una conversación con él. Puede que el mundo sea pequeño en este momento, pero los lazos del destino son tan intrincados que crean un universo de posibilidades que conectan la desgracia con la dicha, un principio dual discreto y sutil.




CAPITULO 6

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