miércoles, 5 de enero de 2022

 

CAÍDA DEL CIELO

Todo ocurre en una vieja ciudad; la que alguna vez fue la cuna de una gran nación.  Es ahora un sitio de armonía y tranquilidad, o eso es lo que aparenta, donde el pasado ha quedado anclado en la memoria de viejos edificios y conservadas calles. Sobre las piedras quedaron grabadas las más temibles y asombrosas historias del pasado de la humanidad hasta nuestros días. Los sucesos que acalló el tiempo han quedado olvidados y sellados por el polvo. Ya las memorias que vieron el esplendor de aquella vieja civilización han quedado sepultadas bajo monumentos arruinados. Tan solo unos cuantos sobrevivientes mantienen la luz del pasado, pero a nadie interesa ahora lo que ellos tengan que decir. Solo por ello, toda la visión pasada perecerá, mientras ahora solo se pudre en su cabeza.

Ahora, las jóvenes mentes se distraen de la monotonía de los días con nuevos artilugios y situaciones que engalanan a los placeres primarios, o de los cuales, estos son el foco de su poder.

Ningún estudiante escapa a las travesuras de su mente una vez que su atención se desvía de la habladuría de un profesor. Mientras un chico tomaba su clase, al mismo tiempo atendía a una pregunta que para nada era desconocida por su mente. No lo era porque esa misma se había tornado casi como una piedra sobre el sendero que recorría su conciencia a diario.

Así, en un día normal como cualquier otro, en una escuela normal, un chico normal... sin duda alguna, con una vida sin mayores complicaciones...

 Amilkar: (¡Ah! ¡diablos! ¿Qué aburrido? No lo soporto más. Creo que la señorita Pérez es incluso más aburrida que mis pensamientos. Me pregunto si la clase ira a acabar pronto... quiero irme a casa... aunque... por otra parte... ojalá que… La única razón por la que puedo tolerar venir a la escuela todos los días es...)

Srita Pérez: -Muy bien chicos, no se olviden de leer el capítulo cuatro acerca de los diferenciales de temperatura. ¡Ah! lo olvidaba, el lunes habrá examen, así que estudien como si lo fueran a pasar.

Ana:- ¡Oye, Amil! ¿Cómo te ha ido en ese último ejercicio? la verdad es que no puedo terminar de entender nada.

Amilkar: ¿Eh? ¿Qué ejercicio?...

Ana: ¿No me digas que otra vez te la has pasado babeando en clase? oye niño, yo creo que debes tener algo serio ¿no has considerado ir al médico? por lo menos para que te haga un chequeo general.

Amilkar: La verdad es que no. No siento que tenga nada Ana, es solo que me he aburrido demasiado en la clase de la señorita Pérez, no sé, no me dan ganas de atender su palabrerío, me provoca mucho sueño.

Ana: Para ti es muy sencillo no hacerlo, siempre pasas con excelente todos los exámenes. Por qué no me dices cómo lo haces. No seas envidioso.

Almilkar: No tengo ningún truco, es solo que... me va bien en los exámenes... ¡eso es todo!

Ana: Vaya, que modesto eres, seguro que te la pasas leyendo como loco todos los libros de cálculo y termodinámica los fines de semana.

Amilkar: ¡Jajaja! claro que no Ana, tú has venido a mi casa cuando tenemos que estudiar para una prueba y has visto que no pongo mucho empeño en ello.

De un momento a otro, Amilkar dijo algo que estaba fuera de lugar en la conversación que sostenía en ese momento con su amiga.

Amilkar: ¿No te parece que es un sueño...?

Ana: ¿Qué? ¿De qué hablas?

Amilkar: ¡Eh! oh lo siento, estaba soñando despierto otra vez, jejeje. ¿Nos vamos?

El nombre del chico es Amilkar, tiene 20 años y asiste a la universidad del estado. Su mejor amiga se llama Ana, es de hecho la única amiga que tiene. Él no es alguien rico ni pobre, pero tampoco está exento de cualquier problema económico, por lo que suele trabajar ayudando a su madre en una cafetería del centro de la ciudad. Ella se llama Mariana, es una muy buena madre, y el chico siente un especial aprecio por ella. 

Amilkar no tiene padre, la verdad es que no sabe mucho de él ya que no le conoció, ni tampoco su madre le ha hablado mucho de él.

Al chico le apasiona la música, en especial aquellas que pueden hacerle sentir algo profundo en su ser. Se considera una persona sin muchas emociones dentro de su vida, básicamente todo lo que hace es trabajar e ir a la escuela. De vez en cuando sale de paseo con Ana los fines de semana a dar una vuelta por el parque. Le encanta pasar por lugares antiguos, siente que son una especie de conexión mística con el pasado. Edificios abandonados, o construcciones coloniales, son algunos de los sitios preferidos por Amilkar.

En cuanto a su vida amorosa, pues... la verdad es que no hay mucho que decir, hay un sin número de chicas que andan tras de él, y él mismo lo sabe. En cada oportunidad hay alguna chica que intenta interesarle, pero él no quiere ilusionarles ni tampoco le interesa caerles bien. Pero, de hecho, si hay una persona que le interesa, solo que no puede... o más bien... no sabe cómo abordarle. El chico luce como una persona de apariencia muy agraciada, casi con el semblante de lo que la mayoría consideraría un modelo estético. No era difícil imaginar la cantidad de personas interesadas en él.

Ana: ¡Amilkar! ¿a que no adivinas qué?

Almilkar: mmm ¿Qué? ¡No! espera... déjame ver, ¿Quién está interesada en mí ahora?

Ana: ¡Ah! Que mal, esperaba que te sorprendieras. 

Aamilkar: Bueno, no creo que me sorprenda mucho si haces lo mismo cada que una chica quiere conocerme.

Ana: ...

Amilkar: Bueno, ya sabes la respuesta.

Ana: Pero ni siquiera sabes de quién se trata.

Amilkar: Da igual, no me interesa tener una relación con nadie en este momento.

Ana: Pero...

Amilkar: ¡No! sabes que estoy ocupado todo el tiempo Ana, no creo que pueda con una relación. Y menos con una de esas chicas engreídas de poca inteligencia.

Ana: Bueno, creo que Dayana encaja bien con esa descripción.

Amilkar: ¡Ah! lo ves. Las chicas como Dayana solo buscan tenerme como un trofeo para presumir a una comunidad de gente que no me interesa.

Ana: Bueno, creo que tienes razón en eso, todos en la escuela saben que eres un chico genial con pinta de pocos amigos, mal humorado y con una fuerza tremenda, en especial después de que le diste su merecido a Humberto y a toda su pandilla. 

Amilkar: ¿Y tú que piensas?

Ana: Qué eres muy lindo y tierno en realidad, además de tímido...

Ana, siempre ha estado con él a pesar de que en el pasado solía tratarla mal. Pero después de que ella... le ayudo a ... bueno, digamos que a resolver una pequeña pero significativa duda... él creé que le debe mucho. Está en deuda con ella. Sin embargo, Ana intentaba ayudarle a su amigo a encontrar una pareja, pues ella creía que eso podría ayudarle a mejorar su vida social, pues desde que le conocía, Amilkar nunca había tenido ninguna novia.

Amilkar: (¡Demonios son las 15:32 pm, ya casi es hora!) Ana, debo acelerar el paso, tengo que llegar un poco más temprano a la cafetería.

Ana: Sí claro, no hay problema. ¿Crees que podamos vernos mañana por la tarde?

Amilkar: Sí claro.

No era verdad que debiera llegar más temprano a la cafetería; pero, es que esa persona, tan especial para él, iba a pasar pronto cerca de los portales del centro, como solía hacerlo siempre. Y así fue, pero él se sentía algo estúpido cuando la ilusión terminaba, pues pensaba que era como una especie de gato que se queda hipnotizado por el movimiento ondulante de una bola de estambre o algo así. Al principio sentía tristeza porque esa persona no le notaba, y después sentía enojo y finalmente se teñía todo con un sentimiento de melancolía. Esto le era más complicado de entender que las ecuaciones diferenciales que le dejaba de tarea la señorita Pérez. Aún después de estar seguro de que él no existía para esa persona, no sabía porque siempre tenía esa necesidad de verle pasar por ahí, o de estar contemplándole todo el día en la escuela. Francamente sentía que estaba mal invirtiendo su tiempo. Además, le molesta mucho que cuando estaba haciendo algo que le llegaba a recordar a esa persona, siempre fantaseaba por un rato y al final un sentimiento de impotencia hacía que todos sus escenarios se consumieran por las más crueles de las tragedias que su misma mente le obsequiaba. 

Creía que nada interesante podía pasar en su vida...

Después de tontear en los portales del centro de la ciudad, se dirigió al lugar donde trabajaba su madre. En el camino le gustaba mucho observar los enormes árboles del parque, le hacían sentir que había algo en ese lugar, como si intentara decirle algún secreto. A veces piensa que es absurdo, pero esa extraña sensación siempre llega a él cuando se encuentra observando algún paisaje como aquel. Es como si los árboles susurraran un misterioso mensaje que solo él debía escuchar. Sentir la brisa del viento y escuchar como los árboles se alborotan, eso es algo que le pone en una frecuencia muy distinta, mucho más relajada podría decirse.

Él esperaba que este fuera un día normal como cualquier otro, pero cuando llegó al trabajo de su madre, fue cuando se dio cuenta de que no sería así...

Amilkar: ¡Doña Flor! ¿Cómo está?

Flora: ¡Hola Amil!

Amilkar: ¿Dónde está mi madre?

Flora: Amil, creo que te está esperando en la terraza, parece que tiene algo que decirte. Mejor apresúrate, está hablando con un supuesto abogado.

Amilkar: ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué está sucediendo? ¿un abogado? ¿para que vendría un abogado a hablar con mi madre? 

Cuando el chico llegó a la terraza vio que su madre estaba conversando con un sujeto vestido de traje formal; ella estaba demasiado atenta a su conversación que no se percató de la llegada de su hijo. En cuanto se hizo presente, su madre volteó a verlo con una mirada de desconcierto y sorpresa al mismo tiempo, lo cual notó el chico al observarla.

Mariana: Amil, hijo... siéntate un momento ¿sí? 

Disculpe abogado, él es mi hijo Amilkar, es estudiante de universidad. Mi único hijo.

Andrés: ¡Hola! es un gusto. Mira, estaba comentando con tu madre sobre el testamento de tu tía Evangelina. Para no hacer más largo este asunto, quiero decirte que tu madre y tú son los nuevos propietarios de una gran casa.

Amilkar: ¿Qué? ¿La tía Ev...?

Mariana: No la conoces Amil, tu tía siempre fue una persona muy reservada. En raras ocasiones llegaba a salir de casa. La verdad es que no sé qué pudo pasarle, estaba muy joven, tenía la misma edad que yo.

Andrés: El reporte médico solo menciona que ha tenido una fractura muy grave en el cráneo que comprometió su masa encefálica, al parecer cayó de las escaleras. No hay huellas de violencia ni nada que indique que se haya tratado de un crimen ni nada por el estilo. Los detectives han buscado pistas que les llevaran a la persecución de un homicidio, pero no han encontrado nada para poder sustentar esa sospecha.

Amilkar: Pero ¿Por qué nosotros? 

Amilkar volteó a ver a su madre en busca de una respuesta más profunda, pero...

Mariana: Ni yo misma se por qué nos ha elegido a nosotros como sus herederos.

Ándres: el dinero también es para ustedes, no poseía una gran fortuna, pero supongo que no les vendrá mal medio millón de pesos.

Amilkar creyó que su madre se alegraría al escuchar la gran cantidad de dinero que recibirían por parte de la tía Evangelina, pero su reacción fue más bien de intriga, como si pensara mucho en por qué esa tía les habría dado su casa y dinero.

Después de que les entregaran los papeles de título de propiedad, su madre y él volvieron al trabajo inmediatamente, pero Mariana, más que feliz, estaba muy pensativa. Al final de la jornada y regresaron a casa, Amilkar quería despejar cada una de sus dudas sobre esa misteriosa "tía Evangelina".

Amilkar: ¡mamá!...

Mariana: Lo sé Amil, lo sé, quieres saber sobre ella ¿no es así?  

Amilkar:...

Mariana: En sí no hay mucho que contar sobre ella, solo que era una mala persona hasta donde recuerdo. No le gustaba interactuar con la gente. Recuerdo que cuando éramos pequeñas, sus padres siempre la vestían como una "señorona"; supongo que esa costumbre se le quedo muy arraigada, pues siempre se vistió así, aun cuando sus padres murieron. 

Amilkar: ¿Nunca conversaste con ella?

Mariana: Muchas veces lo intenté, pero ella era mujer grosera que se la pasaba menospreciando e insultando a todo el mundo, creía que nadie estaba a su altura. Siempre se jactaba de ser superior al resto de la familia. Además, esa casa no era de ella en realidad. Esa casona se la dejo nuestro abuelo. Verás, ella fue huérfana a los quince años de edad, sus padres murieron asesinados por un asaltante; y cuando el abuelo se enteró de lo sucedido, sacó a la gente que le rentaba la casa y se la dio a ella para que viviera ahí, o eso es lo que llegamos a escuchar de la boca del mismo abuelo. La verdad es que ella nunca compartió la casa y solo vivió de la herencia que le dejaron.  Pero siempre siguió sola, amargada tras cuatro paredes. Eso sí, ella también era una mujer muy atractiva, nunca le faltaron pretendientes; sin embargo, se la pasó despreciándolos uno a uno, y obviamente nunca se casó, mucho menos tuvo hijos. En fin, mucho se llegó a decir de ella y de esa casa... había gente que escuchaba carcajadas en la noche, o llegaban a ver a alguien caminando por la azotea a altas horas de la noche

Amilkar: ¡Vaya!

Al escuchar una entonación misteriosa en su última frase, el chico se intrigó más por la historia sobre la dichosa tía Evangelina. Su madre estaba dispuesta a decirle todo lo que sabía al respecto, pues se había levantado en dirección a la cocina para prepararse una taza de café y cenar un pan dulce, cosa que solía hacer cuando se trataba de una historia muy larga.

Mariana: Resulta que esa mujer era prima mi prima, quedó huérfana a temprana edad. Siempre creció con un tremendo dolor en el corazón; solía comportarse de una manera déspota con los demás, no apreciaba el esfuerzo de nadie, se ganó muy pronto la antipatía de la familia; sin embargo, él único que llegó a sentir empatía por ella fue tu abuelo. Parecía entender lo que le pasaba a la tía Evangelina, de hecho, el la acogió en su casa mientras ella creció, supongo que era natural que ella se sintiese así después de la muerte de sus padres, y más, sabiendo la forma en como fallecieron. Cuando alguien intentaba meterse con ella, el abuelo siempre la defendía a capa y espada. Era muy extraño, pues el carácter de Evangelina y el de mi abuelo eran muy distintos; no había forma de que estuvieran tan conectados. Pero en sus últimos años, él se comenzó a transformar en otra persona, pues su actitud era de alguien más prepotente, al igual que el de Evangelina, era como si ella tuviera una gran influencia sobre él. Amilkar, tú abuelo era una persona alegre y risueña, considerada por todos los ancianos de la población, como un gran señor. Él se llamaba Máximo, y era una persona muy inteligente, era muy hábil en los negocios. Encontraba mucho potencial en los pequeños pensamientos con los que se obsesionaba, y siempre terminaba sacando provecho de ello. Así que llegó a ser una persona muy importante en la ciudad en aquella época. Realizó muchos viajes al extranjero, incluso viajo a China y Japón, a Egipto y a la India. Muchas cosas de la decoración de la casa provenían de aquellas interminables expediciones que hacía en los inhóspitos rincones del mundo. Pero era alguien que reconocía el trabajo de los demás y procuraba que siempre hubiera armonía en el lugar donde estaba. 

La llegada de Evangelina a la vida de nuestros antepasados, hizo que muchas cosas cambiaran. Al parecer, después de que el abuelo la acogiera, toda su actividad comercial y política se detuvo, para estancarse. 

Amilkar: Pero a todo esto ¿Cómo es que mi tía nos dejó en herencia la casa y ese dinero?

Mariana: Cuando muy joven, tuve una pelea muy seria con ella. Al parecer, Evangelina no era tan de piedra como yo creía. Ella estaba enamorada de un muchacho, pero aquel joven no le correspondió y en lugar de eso, se enamoró de mi novio. Fue entonces como ella empeoró su trato hacia mí. Hubo golpes e insultos. Hasta que decidí salir del estado algunos años y no supe más de mi amargada prima.

Después de discutir un rato y recordar viejas memorias, ellos supusieron que el hecho de heredar la casa y la fortuna era quizá algo así como una ofrenda de paz o quizá una especie de intento por limpiar su conciencia, fue la única explicación que pudieron encontrar.

 Como rentaban un apartamento cerca de la cafetería, decidieron, después de darle muchas vueltas al asunto, irse a vivir a esa nueva casa que estaba a solo unas cuatro calles de su vivienda actual. No cabe duda que esta oportunidad llegó como caída del cielo. Por fin, ambos tendrían un respiro al no tener que pagar la cuota mensual del alquiler del piso. Y francamente, ya estaban hartándose de sus ruidosos vecinos. Pero tenían tanta curiosidad de ver la nueva casa, que pensaron que estaría bien darle un vistazo antes. Pero eso sería mañana a medio día, Amilkar pensó que Ana, su amiga, seguramente le atacaría con toda clase de preguntas cuando se entere de esto.

La noche ha llegado y es hora de pensar las cosas que siempre piensa uno a estas horas, Amilkar solía pensar lo siguiente:

Amilkar: (¡Oh dios! ella es la chica más linda que he visto. Ella es una chica muy delicada, su largo y sedoso cabello castaño claro, esa piel tan pálida que me hace querer tocarla todo el tiempo... Minerva, una chica como ninguna otra, es bonita, muy inteligente. La verdad es que tiene un porte que me enloquece).

 Siempre termina sus noches pensando en ella, tratando de recordar el aroma de su perfume, aquel que percibe cada vez que pasa frente a él. Pero siente mucha vergüenza en admitirlo, no quiere mostrar debilidad. A veces algunas preguntas surgían de vez en cuando, tales como: 

(¿Y qué tal si no resulta ser quien pienso? ¿y si ya tiene a alguien más? me sentiré el ser más desdichado del mundo. No puedo creer que he pasado años enamorado de ella.)

Todas las noches de viernes y sábado, suele pasarse el rato contemplando las pocas fotografías que ha podido tomar de ella. Imagina miles de escenarios en los que ella y él cruzan palabra, más allá de un simple ¡hola!

Siempre se lamentaba y pensaba:

Amilkar: (No sé por qué me comporto como un cretino cada vez que estoy cerca de ella, es patético, pero inevitable. Quisiera poder decirle lo que siento, quisiera poder... tomarle la mano y salir con ella al parque a dar una vuelta mientras disfrutamos del paisaje, mientras yo disfruto de su belleza. Eso sería como un regalo caído del cielo...).

(Vaya, otra vez me volví a quedar dormido sin cambiarme de ropa... me pregunto ¿Qué hora será?... ¡oh dios! ¡Las ocho y media! llegaré tarde)

Amilkar despertó, no gracias a su reloj biológico, como algunos suelen decir. Sino más bien a los ruidosos vecinos; que, como todos los sábados, habían puesto el volumen de la bocina al máximo.

Mientras se despertaba y se apresuraba para poder ir con su madre a ver la nueva casa, tuvo una sensación extraña. Algo que nunca le había sucedido, era como si una descarga eléctrica recorriera todo su cuerpo, y al mismo tiempo sintió un escalofrío. Su primer pensamiento fue, al respecto de eso, que probablemente podría resfriarse. Pero, aun así, una intranquilidad comenzaba a fastidiarle el día. Decidió no dar importancia a ello, y fue a ver su madre para que por fin fueran a conocer su nuevo hogar quien aún no se había levantado de la cama. Él estaba impaciente por conocer la casona de la familia.

Amilkar: ¡Mamá! ¡despierta! ¡rápido, es hora!

Mariana: Amil, todavía es muy temprano, además, tus amigos “los caras de escoba” no me han dejado dormir toda la noche, han puesto su condenada música a todo volumen.

Amilkar: Sí, aún no puedo creer que la policía se haya quedado a tomar con ellos después de que los denunciamos, pero en fin...

Mariana: ¡La policía y nada es lo mismo!

Amilkar: Pero ya son casi las nueve de la mañana mamá.

Mariana: ¿Y qué? Aún hay tiempo para todo. Además, hoy no trabajamos en la cafetería.

Amilkar: Sí, pero hay que ver quien nos ayudará a mover las cosas de aquí para poder llevarlas a la nueva casa.

Mariana: Tú no te preocupes, ya he llamado a Alfonso para que traiga su camioneta y podamos transportar todo lo necesario en ella. Además, tampoco es que tengamos mucho que llevarnos.

Amilkar: tienes razón.

Aún con la pereza de levantarse de la cama, su madre entendió la emoción que tenía su hijo por conocer su nueva casa. Así que se levantó y fueron a desayunar. Pero él notaba que su madre estaba muy pensativa.

Amilkar: ¿Mamá estás bien? te noto algo extraña.

Mariana: ¿Extraña? mmm... es que ¿sabes? he tenido un sueño muy peculiar. Es más, ese sueño ya lo había tenido antes. Hace algún tiempo. Es esa clase de sueños que uno nunca olvida, o bien por su extraña rareza o por lo impresionante de las escenas. 

Amilkar: ¿Qué soñaste? ¿acaso fue una pesadilla?

Mariana: No, bueno, si lo cuento puede parecer una pesadilla; pero la verdad es que no me dio miedo mientras lo soñaba. Recuerdo que esto lo solía soñar cuando era niña, solo que esta vez lo percibí más vívidamente. Soñé que estaba dentro de una construcción muy antigua, como si estuviera dentro de una pirámide o de un templo, de aquellos que construyeron las antiguas civilizaciones... bajaba unas escaleras de piedra y encontraba una sala muy grande, inmensa, y dentro de ella había una especie de altar donde estaba descansando una espada; esa espada estaba siendo custodiada por una serpiente gigante. Admito que ahora que la recuerdo, siento un pavor terrible, pero en ese momento lo sentía de lo más normal. Además... también me acuerdo que había una pila de cadáveres regados por toda la sala. Entonces había una especie de espejo en el techo que se hacía añicos de repente, y todos los cristales salían despedidos hacia todas partes, pero siete fragmentos, los más grandes de aquel rompecabezas, quedaban suspendidos en el aire mientas se proyectaba una imagen en ellos, casi como si fueran una especie de portales hacia otra dimensión. Recuerdo... recuerdo que en uno estaba la imagen de una cabeza que escupía sangre, y la boca de esa cabeza tenía unas medidas anormalmente enormes... también había una especie de figuras que parecían ser humanas, pero al mismo tiempo estaban deformadas y daban la apariencia de ser una especie de monstruos que solo danzaban y me miraban. ¡Me acuerdo de otra cosa más! en otro de los fragmentos, había una persona que tocaba una especie de violín, es lo único que pude reconocer, después de eso no me acuerdo de nada más. ¿Acaso no te parece un sueño desquiciado? creo que veo demasiadas películas.  Ni siquiera sé de dónde pudo salir todo eso; pero lo más curioso es que... se haya repetido de la misma manera que cuando era niña.

Amilkar: Enserio que eso parece sacado de un cuento de hadas terrorífico. (Vaya eso suena genial, creo que mi madre sería una buena cineasta) ...

El chico solía ser muy impresionable, la historia de su madre le había puesto a pensar por un momento, que... solo quizá, ese sueño pudiera estar conectado con la ida a la vieja casa de la tía Evangelina. Amilkar siempre había tenido la loca idea de que los sueños son una especie de estado de emisión y recepción de mensajes provenientes de mundos alternativos o algo así. 

Después de terminar de desayunar en un local del centro, fueron a ver a Alfonso para que les ayudara a transportar las cosas de su viejo apartamento a la gran casona.

Alfonso es en realidad un muy buen amigo de Mariana, podría decirse que es más que solo un amigo. Lo conoció en una fiesta, al parecer aquel día era una noche lluviosa, Alfonso le ofreció llevarla a casa en su camioneta, y así comenzaron una conversación en la que pues, se conocieron se llevaron muy bien. Desde entonces, Amilkar ve a Alfonso como alguien de la familia, además de que él le trata como si fuera un hijo. Algo que le daba un gran alivio es que es una persona soltera, y por lo que se veía, pudiera ser que ni su madre ni Alfonso lo siguieran siendo por mucho más tiempo...


CAPTIULO 2





































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