domingo, 16 de enero de 2022

 

DESPERTANDO A LAS BESTIAS

Finalmente, era fin de semana, viernes por la noche para ser precisos y Amilkar junto con su madre habían cerrado la cafetería después de un ajetreado día. Ana y Altagracia regresaron a casa después de estar algunas horas platicando sobre cómo irían vestidos a la fiesta de Patricia. A ese respecto, todos había quedado de acuerdo en vestir colores oscuros, nada que variara en sí el estilo que mostraban a diario.

Cuando Amilkar regresó a casa, corrió directo a su habitación, tratando de recordar dónde había dejado aquel papel que se le cayó a la muñeca. La muñeca en si no tenía nada especial así que solo la había colocado sobre su mesa de noche. El papel yacía en el interior de su morral, así que cuando logró recordarlo, ya había hecho un revoltijo en la habitación. Desdobló el papel con mucho cuidado, pero se desconcertó cuando solo pudo leer una frase que decía: "mira en mi interior".  Fuera de esa frase, no había nada más en aquella carta. 

Amilkar: ¿Mira en mi interior? qué clase de… espera un segundo...

Amilkar recordó de donde había provenido el mensaje, así que tomo la muñeca y la exploró de nuevo para ver si había algo más en ella. En efecto, encontró que debajo de la vestimenta de la figurilla había una sección en su cuerpo de forma rectangular, era una tapa pequeña, la cual se podía abrir sin ningún problema. Al mirar en su interior Amilkar descubrió una pequeña llave, aunque era pequeña, parecía estar hecha de una aleación especial que le confería un brillo casi místico. En la medalla de la llave había una cruz grabada en uno de los lados, mientras que en el otro había un corazón, un corazón en su forma real rodeado por una serpiente que se engullía así misma.

Amilkar: ¿Para qué diablos servirá esta cosa?

Después de tantas cosas que hacer en la semana, Amilkar ni siquiera e había detenido a pensar en algo muy importante. ¿Quién había dejado la muñeca con el mensaje en su habitación? No fue hasta que de pronto esa misma pregunta le llegó a la mente mientras trataba de recordar si había una habitación cerrada en la casa que requiriera abrirse con una llave. Entonces miró a la muñeca con atención, pero no encontró nada más en ella. Pero entre las muchas cosas que pensó para explicar el proceso, había algunas que le mantenían inquieto; de manera que terminó encerrando a la muñeca dentro de un cajón que había en la mesa de noche. 

Eran alrededor de las nueve de la noche, la oscuridad no permitiría a Amilkar explorar el subterráneo con confianza, ni tampoco Mariana permitiría que Amilkar saliera de noche a rondar fuera la casa. De hecho, aquello implicaría que su madre pudiera descubrir la trampilla y seguramente ella lo consideraría peligroso y clausuraría el subterráneo arruinando así todos los planes del chico. Afortunadamente Mariana no había tenido tiempo de merodear el jardín trasero; pero esto era porque no quería presenciar toda la maleza que había, pues eso implicaría más limpieza y pasar horas desyerbando y podando, en pocas palabras, le generaría un gran estrés. Así, que antes de que a su madre le volvieran las ganas de limpiar cosas, Amilkar aprovecharía la media noche, ya que Mariana estuviera dormida, para poder explorar el subterráneo. Durante la semana, el joven había comprado una lámpara más grande y potente que le guiaría en la oscuridad, también consiguió un garrote grande para poder asestarle un golpe a los animales que pudiera llegar a encontrarse, algo así como serpientes o roedores. 

Mientras tanto, Amilkar se la pasaba viendo las fotos de Minerva. Incluso estando a solas, no podía aceptar por completo, los sentimientos que nacían dentro de él por causa de ella. Las veces que Amilkar había tratado de acercarse a ella eran varias, pero ninguna fue exitosa. Minerva se había encargado de que el chico pensara que no era suficientemente digno para ella. Pero Amilkar no había considerado cambiar su persona, pues de lo que si se daba cuenta era de que a ella le gustaban los chicos un tanto más liberales y despreocupados. Cosa que él no quería ser. 

En ese momento de meditación, el teléfono de Amilkar sonó. 

Amilkar: ¡Sí, diga!

Ivan: Emmm, ¡Hola!

Amilkar: ¿Quién eres?

Ivan: Emm. ¿No me recuerdas? soy Ivan.

Amilkar: ¿Ivan? ¡Oh si ya me acuerdo! ¿Qué sucede?

Ivan: Disculpa, espero no estés muy ocupado.

Amilkar: Bueno, la verdad es que no mucho. ¿Qué quieres?

Ivan: Oh... bueno yo... es que... solo quería preguntarte como estabas...

Amilkar: Ah... pues yo muy bien, gracias.

Ivan: (Demonios, debo pensar en otra cosa) Eh... también quería preguntarte sobre si tenemos tarea que entregar el día lunes.

Amilkar: Pues no, creo que los profes no han dejado ninguna tarea. Como este fin de semana es festivo, creo que se han apiadado de nosotros y no han dejado ninguna tarea.

Ivan: Si... emm... gracias Amilkar.

Amilkar: Por nada.

Ivan: está bien... ¡adiós!

Amilkar: ¡Qué extraño! creí que había sido yo el que le había preguntado, esta mañana sobre la tarea. Supongo que se habrá despistado. (Bueno, creo que mi madre se ha dormido, afortunadamente mi cuarto y el de ella están demasiado separados como para que se dé cuenta de que he salido).

Eran aproximadamente las doce de la noche cuando Amilkar salió sigilosamente de su habitación. Procuró abrir las puertas muy lentamente, pues el tiempo y el óxido de las bisagras, hacía que rechinaran demasiado las bisagras. Cuando salió de la casa, se dirigió al patio trasero lo más rápido que pudo, y encendió su linterna para evitar que algún animal le diera una desagradable sorpresa.

Una vez en aquel sitio, antes de meterse al subterráneo suspiró un poco y cerró los párpados por unos segundos. Después de que tuvo un poco más de confianza en sí mismo, abrió la trampilla y comenzó a descender a la oscuridad. Después de unos minutos bajando, se comenzaba a preocupar, pues ya hace un buen tiempo debía haber pisado otra superficie. 

Amilkar: ¡No puede ser! ¿acaso este lugar es un abismo o algo parecido? 

Pasaron alrededor de quince minutos hasta que por fin la escalera concluyó en una superficie irregular. Era como si hubiese bajado hacia una cueva subterránea. No había ninguna construcción ni estructura artificial, todo era rocas y oscuridad. Por suerte, la lámpara que equipaba, tenía buena potencia e iluminaba bastante bien a su alrededor. 

Amilkar: ¿Pero qué locura? No tenía ni idea de que hubiera un tunel secreto debajo de la casa ¿Cuántas maravilla más me faltan por descubrir? 

Amilkar se sentía minúsculo al observar la gran entrada a la gruta subterránea. De hecho, él dudo sobre continuar su camino. Pues seguramente un lugar así debía ser muy peligroso, además de que nadie sabía dónde estaba exactamente. Todo era quietud en aquel sitio, un silencio sepulcral reinaba por doquier y una atmósfera fría acobijaba el sitio. El chico avanzó poco a poco, al principio un poco tembloroso, pero conforme fue tomando confianza, avanzó más aprisa. En realidad, no fue muy veloz, ya que la irregularidad del suelo le hacían tambalearse y disminuir la velocidad de vez en cuando. Una gruta inmensa, con muchas grietas y humedad, donde muy frecuentemente parecía escucharse el sonido de voces muy sutiles que jugaban con la mente de cualquier que estubiera ahí abajo. Amilkar no esperaba encontrarse con algo así, por lo que no estaba completamente preparado. Siguió avanzando hasta que encontró una separación del camino, el cual había sido recto hasta ese momento. Había trifurcación de caminos, y como no sabía si aquellos eran seguros o si le conducirían a una especie de laberinto decidió volver para armarse de más herramientas que le permitieran guiarse sobre sus pasos. Pero tendría que ser al día siguiente, pues sin darse cuenta, ya había estado caminando cerca de dos horas para llegar a su ubicación actual. Al regresar, se percató que había estado descendiendo por un plano inclinado con una pendiente muy pronunciada. Se preguntaba si eran muchos los metros que se había alejado de su casa.

Amilkar: ¡Increíble! he bajado y subido durante media hora. ¡Vaya que la subida es más pesada! 

El chico aventurero iba con paso prudente hasta que escuchó nuevamente aquel alarido. Un llanto de un niño pequeño provino de lejos, como si fuera el de un bebé. Pero aquel llanto se distorsionaba poco a poco con cada emisión hasta que se convertía en el sonido de una especie de animal, una bestia furiosa que se quejaba a lo lejos. Aquello erizó la piel de Amilkar dándole la suficiente motivación como para acelerar su paso a través de la gruta hasta que perdió la sensación de dolor y fatiga en las piernas. Finalmente llegó a la escalera por la cual había descendido; no obstante, el llanto no se escuchaba más y decidió no esperar a escucharlo de nuevo y subir. Eran cerca de las cuatro y media de la madrugada, la noche se había ido como agua entre las manos. Amilkar estaba exhausto, así que volvió sigilosamente a su cama para descansar lo poco que quedaba de la noche. 

Un sueño profundo y seco se apoderó de Amilkar hasta que él por fin pudo despertar.

Amilkar: ¡No puedo creerlo! son casi las once de la mañana ¡Es demasiado tarde!

Amilkar se levantó de un salto de su cama y corrió rápidamente a bañarse y a alistarse para salir.

Mariana: Amil, por fin te levantas.

Amilkar: ¿Por qué no me has despertado? se me hará tarde. ¿Por cierto que no tenía una cita con Alfonso hoy?

Mariana: Así es, solo que estaba haciendo un par de cosas antes de irme, y que bueno, porque así te pido que cuides la casa mientras no estoy. No te preocupes, regresare temprano, más o menos como a las cinco de la tarde. Ana ha llamado, me ha dicho que saldrán a una fiesta hoy. Creí que no te gustaba salir de fiesta y menos este día. Por lo regular te la pasas viendo el maratón de películas de terror que pasan por la televisión.  

Era la oportunidad perfecta, Amilkar debía darse prisa para aprovechar el tiempo. Así que tan luego se marchó su madre, el corrió a la ferretería para comprar un par de lámparas más, algunas baterías y una cuerda lo suficientemente larga, casi compró todo lo que pudo para poder guiarse. Nuevamente descendió a las cuevas, pero en esta ocasión caminó más aprisa, ya que en cierta forma sabía que no había nada que le impidiera seguir. Esta vez tardó un poco menos en llegar a la trifurcación de caminos. La inmensidad del lugar hacía que comenzara a caminar más despacio. Decidió comenzar por el camino de la izquierda.

 Primero desenredó la cuerda y dejó un extremo machucado por una pesada piedra, mientras que el otro lo llevaría en la mano, de manera que trazaría con ello el camino de vuelta. Aquel camino también descendía, era algo más inclinado hasta que de pronto el camino terminaba abruptamente en un abismo infinitamente oscuro y profundo, si él hubiera caminado velozmente, pudiera ser que perdiera su punto de equilibrio, solo dios sabe a dónde hubiese ido a parar. De su morral sacó una vela larga a la cual le puso un vaso de unicel para proteger el pabilo, la encendió y la dejó caer al vacío. Su sorpresa fue infinita cuando observó como aquella vela descendía hasta ser tragada por las tinieblas. Espero atento para escuchar cuando cayera la vela, pero no hubo ningún sonido después de un buen rato.

 Regresó al cruce de caminos y ahora entró a la cueva de en medio. Siguió caminando largo rato hasta que encontró una misteriosa puerta en medio de su camino. una puerta que no tenía cerradura alguna. Tan luego entró, observó que era un pequeño espacio de aproximadamente unos diez metros cuadrados. En el centro del lugar había siete cajas de aproximadamente cincuenta centímetros de largo por unos treinta y cinco de ancho. No podía abrir las cajas, estaba cerradas con pequeños candados, además de cada caja tenía una especie de figuras geométricas encimadas que al parecer habían sido trazadas con tintas extrañas que emitían una fluorescencia de color violeta. 

Amilkar sacó esas cajas una a una. No eran muy pesadas, pero era imposible llevarse las siete cajas de una sola vez. Parecía que al fin había encontrado lo que estaba buscando; bueno, en realidad, no era eso lo que estaba buscando exactamente. Pero el hecho de que hubiese descubierto una cueva subterránea debajo de su casa, y las cajas misteriosas que acababa de encontrar, lo hacían sentirse satisfecho. Decidió dejar las cajas en el cruce de caminos, pues quería saber a dónde conducía el que le faltaba por explorar. Revisó su reloj y apenas habían pasado dos horas desde que estaba allí, se sorprendió de lo rápido que había sido en esta ocasión. Con el tiempo a su favor, entró por el tercer camino que quedaba sin explorar, pasando aproximadamente unos veinte metros de distancia, noto que las paredes de piedra comenzaban a ser más brillantes, adquirían un brillo metálico, como si estuvieran revestidas de carbono o algún tipo de mineral. También se percató de que el piso tampoco era el mismo sobre el que había estado pisando. Así que caminó más despacio y sostuvo la cuerda muy firmemente mientras avanzaba. Entonces encontró algo que le hizo abrir los párpados tanto como le era posible. Él salió de una especie de orificio hacia un espacio más grande, pero divisaba a lo lejos un resplandor amarillo-rojizo, y el olor a podredumbre se hacía notar muy sutilmente en el aire. De hecho, se dio cuenta de que su respiración era cada vez más y más agitada, tuvo algunos síntomas como mareo, ligera cefalea, y fosfenos, que de cierta manera lograron inquietarle. Eso era porque el aire en ese lugar había cambiado su composición drásticamente. Pero aquel resplandor parecía estar a miles de kilómetros de distancia, era algo apenas perceptible pero no ignorable. La inclinación del suelo probablemente le permitieran recorrer gran distancia dejándose vencer por la gravedad. Entonces los sonidos que antes había escuchado se hicieron cada vez más y más claros. Una clase de bramidos y ladridos, era como si animales extraños habitaran ese lugar. Repentinamente volvió su cabeza en la dirección opuesta a la que estaba caminando, escucho que algo se aproximaba a él. Entonces miró hacia todos lados y vio que había un montículo de piedras superpuestas que le permitirían esconderse. Él corrió y se escondió detrás del montículo. Apago la luz de la lámpara y se mantuvo expectante para tratar de observar qué era lo que le estaba siguiendo. Estaba sudando profusamente, su corazón latía estrepitosamente, él trataba de relajarse, pues tenía miedo de que alguno de sus torpes movimientos alertara a esa cosa sobre su presencia. Un bramido proveniente del camino por el que había venido le hizo casi perder la cabeza. ¿Qué clase de animal emitiría un sonido semejante? Entonces, cuando aquella cosa por fin salió del túnel hacia el sitio donde se encontraba Amilkar, este tapo su boca con ambas manos evitando incluso respirar, paralizó sus movimientos y fijó los ojos en la entrada del túnel por el que había llegado hasta ahí. Sus ojos casi se desorbitaron cuando, por la ayuda de aquel lejano resplandor, logró divisar una figura monstruosa y longilínea de enormes dimensiones. Algo titánico estaba emergiendo del orificio de regreso. Era una figura viperina de aproximadamente setenta metros de largo y con un grosor de dos metros. Algo así era inconcebible, sorprendente, maravilloso; pero al mismo tiempo algo aterrador.

Amilkar casi se desmaya de tal impresión, parecía que aquel monstruo llevaba prisa, pues se alejó del punto donde se encontraba el joven a una velocidad impresionante. Sonidos infernales y tonadas estrepitosas provenían de la lejanía. Amilkar no quería estar más tiempo allí, no tenía ni idea de lo que era o a donde conducía ese lugar; pero su curiosidad marcó aquello como un límite y optó por regresar a la superficie. 

Amilkar: ¡Esto es increíble! ¡debo estar soñando! ¿Qué carajo es esa cosa? no... no es posible... debo estar enloqueciendo. ¿Acaso este lugar es el infierno? no creo haber llegado al centro de la tierra aún... ese resplandor se ve lejano... no sé, creo que es mejor volver a casa. Ana no va a creer esto... nadie va a creer esto.

Tardó un poco en volver en sí, trato de normalizar su respiración y volver sobre el camino de regreso. Tomó la cuerda y se desplazó tan rápido como su condición actual se lo permitía. Al volver sobre sus pasos, observó que había más túneles a las laterales de la cueva principal, eran túneles un tanto más pequeños, pero lo suficientes en tamaño como para que una persona pasara por ellos; como estaba ubicados de maneras sesgada, desde el sentido contrario no era posible verlos a menos que uno volteara hacia atrás. Sin embargo, Amilkar quería salir lo más pronto posible de ese sitio y no quiso seguir por aquellos caminos, pensaba que podría encontrarse con otro animal como el que había visto hace un momento. 

Para poder llevar todas las cajas sin tener que regresar a cada rato por cada una, amarró las cajas con la cuerda que llevaba y poco a poco intentó transportarlas fuera del sitio, eran pesadas estando todas juntas, así que no pudo avanzar mucho. Realmente le costó mucho tiempo regresar, así que trató de perseverar y llegar hasta las escaleras de regreso. La madera de las cajas era maciza y algo pesada, así que Amilkar escondió seis de las siete cajas, de manera que solo pudo llevar una a la superficie. Posteriormente, cuando dispusiera de más tiempo iría por las demás. 

Al regresar a la superficie, Amilkar miró la hora. Afortunadamente solo faltaba media hora para que su madre llegara. Llevó una de las cajas de madera hasta su habitación y decidió destruir el candado con ayuda de un martillo y un cincel. Pero en ese instante, recordó la extraña llave que había encontrado en la muñeca, así que intentó abrir el candado con ella. ¡Eureka! Una vez que abrió el candado, miró el interior de la caja; casi se va de espaldas al darse cuenta de lo que estaba allí. Una de aquellas figuras, la misma que había soñado hace unos días. Una especie de marioneta de estilo oriental, fabricada con mucho detalle, casi parecía tener vida. Amilkar miró fijamente aquella marioneta y poco a poco se acercó hacia ella. La tomó lentamente y la alzó del piso para examinarla mejor. Sus ojos, con un tono morado oscuro que se tornaba en negro al movimiento, el cabello negro, y su color blanco y pálido hicieron que recordara algunos destellos de aquel mensaje onírico que había experimentado previamente. 

Amilkar: ¡Es imposible! ¡Es exactamente una de las figuras que soñé! Entonces eso quiere decir que... las otras cajas...

Mientras trataba de conectar sus pensamientos, cayó una tarjeta, proveniente de la muñeca. Amilkar la levantó y observó lo escrito en ella.

Amilkar: ¡Ofuku!... así que ¿Te llamas Ofuku?...




CAPITULO 9


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario