LA MANSIÓN DEL TITIRITERO
Al principio Amilkar
pensó que a su amiga no le darían permiso pasar la noche en su casa. Pero luego
pensó que, después de todo lo que habían vivido juntos, él ya no era un
absoluto extraño para la familia de Ana. Desde hace ya varios años que han sido
amigos, sus familias les conocen muy bien, nunca han tenido problemas serios ni
nada por el estilo. Por lo que confiaban plenamente en ambos chicos.
Ana casi sabe todo
acerca de su propio amigo. A veces él siente que la trato muy mal en el pasado
y por ello trata de compensarla de alguna manera, pero ella le entiende en
realidad, ha olvidado todo lo que ha sucedido y ha perdonado. En el fondo
Amilkar temía que ella se cansase pronto de sus repentinos cambios de humor.
Pero ella en ocasiones se mostraba igual o peor que él. Poco a poco era más
parecidos, su pensamiento parecía enfocarse en las mismas cosas y era más fácil
que se comprendieran mutuamente. Sin embargo, a pesar de que han pasado mucho tiempo
juntos, el chico no podía sentir la confianza de decirle nada sobre lo que
llegaba a sentir por Minerva. Ana siempre insiste que salga con una chica,
incluso ha tratado de arreglar citas sin el consentimiento de su amigo, eso
realmente le ha llegado a molestar a él demasiado, y es que Ana sabía que algo
le sucedía a su amigo e intentaba ayudarlo.
Amilkar todavía
recordaba el día que conoció a Ana, fue hace aproximadamente unos siete años.
Él estaba comprando ropa nueva porque su madre le había obligado a hacerlo, él
odia comprar ropa nueva no le gusta, más bien, lo detesta pues para él la ropa
nueva suele sentirse tiesa y áspera. En fin, él estaba comprando ropa y se
estaba probando una gabardina negra, en ese momento escuchó que alguien habló a
sus espaldas diciendo:
Ana: ¡Qué genial te queda! y con ese sombrero me recuerdas a un
personaje de las películas de Carlos Yindera.
Amilkar: ¿Enserio? ¿Conoces a Carlos Yindera?
Ana: ¡Por supuesto! Me encanta su filmografía...
Desde ese momento
supieron que serían muy buenos amigos. El chico pensó que alguien que estuviera
familiarizado con el trabajo de una persona muy influyente para él, debía ser
alguien que le comprendiera. Y así fue, lograron congeniar muy bien durante todos
estos años. Ella sabía lo cascarrabias que a veces podía ser su viejo amigo, y
él lo grosera que ella era. Aunque sabía que tenía un gran corazón. Tiempo
después ocurrieron ciertas cosas que pusieron a prueba la relación de amistad
que tenían, pero lograron superar sus diferencias y todo marchó como hasta
ahora. Volviendo al tiempo actual…
Ana: ¿Nos vamos?
Amilkar: Claro.
Ana: ¿Y cuál es la habitación en la que más sientes que pasará algo
interesante?
Amilkar: No lo sé, te dije que aún no he terminado de explorar toda la
casa.
Ana: Creo que tendremos una noche ocupada, tenemos que explorar cada
rincón de esa cosa.
Amilkar: "Esa cosa"
Ana: Claro, es mejor pensar en la casa como si fuera una especie de
criatura con vida propia.
Amilkar: No entiendo tu punto.
Ana: Quiero decir que, si pensamos que la casa es una especie de ser
sobrenatural con muchas sorpresas ocultas, seremos más perspicaces a la hora de
investigar. Puede que también lleguemos a encontrar algo interesante en toda la
casa.
Amilkar: No lo sé, la policía hizo registro de todo al investigar.
Ana: ¿Cómo dices que murió tu tía?
Amilkar: Según el abogado, de una caída desde lo alto de las escaleras
de la casa.
Ana: ¡mmm! bueno, puede que sí o puede que no. Veamos qué pasa si llevo
"esto".
Amilkar: ¿Qué cosa es eso?
Ana: Es un péndulo, lo usaremos como una especie de oráculo y guía. Te
mostraré como funciona cuando lleguemos a tu casa.
Mucha gente puede
creer que estas son meras estupideces, sin embargo, Amilkar estaba convencido
de que no era así, muchas cosas le llevaban a pensar que probablemente había
un mundo más sutil que el que estamos acostumbrados a mirar. Que quizá
haya algún tipo de vida o manifestación que este gobernada por las frecuencias
que escapan a nuestro espectro de luz visible, no estaba seguro, pero tenía una
gran sospecha de que había cierto grado de certeza en ello.
Una vez que
estuvieron enfrente de la casa, Ana sacó el péndulo que tenía y le dijo a su
amigo:
Ana: este péndulo de amatista nos dirá algunas cosas que queramos saber
sobre la casa. Deja que te enseñe como funciona. Mira, lo sostengo con una mano
y de esta forma... después le pregunto sobre algo que quiero saber, pero
primero debo... como decirlo... ¡calibrarlo! Le diré que me muestre una
afirmación. "Quiero que me digas si"
Tan solo en unos diez
segundos esa cosa parecía dar vueltas en círculo, pero pues no parecía
impresionar demasiado al chico.
Amilkar: ¡Pero no muevas el brazo Ana!
Ana: ¡No lo estoy moviendo! ah es que hay algo que debes saber. Esta
cosa no te da las respuestas por sí misma, sino que es una manera de proyectar
lo que tú conoces, pero de lo cual no eres consciente. Una especie de puente
entre el consciente y el inconsciente, o sea, quien todo lo sabe, y uno mismo.
Amilkar: ¡Ah! está bien, entiendo. (Creo que esa era una respuesta que
no me esperaba).
Ana: Ahora muéstrame un "no".
Amilkar no podía
creerlo, esa piedra comenzó a cambiar el sentido de su movimiento, ahora, en
lugar de ser un movimiento circular, se tornó en un movimiento en línea recta.
Amilkar: ¿Eso es un no?
Ana: Así es, con esto sabremos las respuestas de sí y no, de lo que
podamos detectar de esta casa. Vaya que si se ve como una de esas casas viejas
de películas de terror antiguas. No me extrañaría que encontráramos algo
interesante esta noche. Estamos listos para hacer nuestra primera pregunta.
Veamos... umm... ¡ya sé! ¿Existe algún secreto oculto en esta casa?
El chico creyó que el
péndulo giraría en algunos de los dos patrones que les había mostrado
anteriormente, sin embargo, no fue así, su movimiento era más bien algo
errático, no definido. Entonces Ana dijo:
Ana: Creo que no he hecho bien mi pregunta. Puede que no sea
precisamente un secreto.
Amilkar: ¿Puedo intentar yo?
Ana: ¡Claro!
Amilkar: ¿Mi tía Evangelina murió por medio de un accidente?
Fue sorprendente como
aquella piedra amatista comenzó a moverse de una manera intensa, por la pequeña
prueba que hicieron, la respuesta era claramente un no. En ese preciso
instante, Ana y él se miraron a los ojos, como preguntándonos ¿será acaso
que...? Así que Amilkar decidió descartar las siguientes dos posibilidades que
había. Preguntó por la menos preocupante de las que se le ocurrieron en ese
instante.
Amilkar: ¿Mi tía Evangelina se suicidó?
Ana: Yo creí que solo ibas a preguntar sobre la casa.
Amilkar: Es que es algo que quiero saber, no sé, como que siento que hay
algo más que pasó ahí. Tengo ese intenso presentimiento.
El péndulo siguió
moviéndose en su negativa. Solo le quedaba una única posibilidad que él mismo, esperaba
que no fuera cierta.
Amilkar: ¿Mí tía Evangelina se...?
Antes de que el joven
pudiera terminar de recitar su pregunta, alguien lo interrumpió.
Mariana: ¡Chicos! ¿Qué están haciendo aquí afuera? Comienza a hacer
frío.
Ana: ¡Doña Mari! eh... ¡Hola!
Amilkar: ¡Mamá!
Mariana: Amil ¿qué es esa piedra? de dónde la sacaste
Amilkar: No, no es nada, es... amm...
Ana: Es mío doña Mari. Le estaba mostrando a Amil mi nuevo collar
Mariana: Veo que te gusta mucho la joyería muy llamativa Ana. Por
cierto, te he dicho muchas veces que no me digas doña. Me haces sentir muy
vieja.
Ana: Lo siento doñ... digo, mamá de Amil.
Mariana: ¡Sólo dime Mari y ya! no necesitas ser tan formal conmigo.
Estaban a solo un
segundo de terminar la pregunta, Amilkar creyó que no sabría todavía lo que
sucedió con la tía Evangelina. Puede ser que después lo supiera, pero solo
había dos posibilidades que no habían sido descartadas.
Al parecer Alfonso
había regresado temprano de su trabajo y había ayudado a Mariana a tratar de
terminar de limpiar la casa. Ana estaba muy sorprendida por el aspecto que
tenía la residencia, incluso más de lo que Amilkar había imaginado. Contemplaba
con mucho entusiasmo cada detalle que iba encontrando en el camino.
Ana: ¡Amil, tu casa es genial, esta súper increíble!
Mariana: ¡Ha! había olvidado que tú y Amil tienen los mismos gustos
góticos escalofriantes y terroríficos.
Cuando llegaron a la
sala principal, Amilkar sabía que Ana no tardaría en preguntar sobre las
espantosas muñecas una vez que las llegara a ver.
Ana: ¡Woooaa! Oye no me dijiste que tenías de este tipo de muñecas. ¡Las
adoro!
Amilkar: Es que no son mías.
Ana: ¿Son de usted doñ... digo Mari?
Mariana: No, eran de mi prima, la dueña anterior de esta casa.
Ana: Debió haberle costado toda una fortuna. He escuchado que hay gente
que colecciona estas cosas y paga mucho dinero por adquirirlas.
Mariana: En realidad no creo que le haya costado mucho, ella misma las
fabricaba.
Ana y Amilkar: ¿Quéee?
Mariana: ¿No te lo había dicho Amil? bueno, pues tu tía fue una
solterona que se dedicaba a fabricar muñecas de porcelana, solo que no creo que
vendiera muchas. Desde muy pequeña recuerdo que hacía muñecas con todo tipo de
material que llegaba a caer en sus manos como trapos, zacate, plásticos,
etcétera. Incluso el abuelo era feliz ayudándole a hacer todo tipo de
extrañas piezas cuando éramos niñas.
Ana: Su prima tenía gustos muy peculiares Mari.
Cuando pasaron al
comedor, Ana no dejaba de maravillarse con los adornos de la casa, parecía como
una niña con juguete nuevo. Sin duda alguna, se cumpliría una de sus más
ansiadas fantasías de la infancia. En su niñez, después de ver las películas de
horror que pasaban en la televisión, ella y Amilkar siempre jugaban simulando
que participaban en un filme parecido al de cualquier película que hubieran
visto, y en el que ambos fueran los protagonistas principales. Pero no tenían
cámara, aunque eso no impedía que imaginaran que tenían una. Así que no dudemos
que ambos estuvieran pensando exactamente lo mismo en ese instante. La cámara
que habían comprado los padres de Ana hace un mes, era de muy buena resolución
así que pensaron que no habrá ningún otro impedimento para hacer lo que
pretendían, ahora de una manera más real.
Después de cenar, Ana
y Amilkar decidieron explorar cuarto por cuarto para tratar de encontrar algún
secreto o misterio oculto en la casa. Eran aproximadamente las ocho y media de
la noche cuando comenzaron su pequeña expedición, parecían dos niños jugando en
la oscuridad. Amilkar no había podido ver que más había en la parte de arriba,
por lo que sugirió que comenzaran por ahí.
La primera puerta, que estaba a mano derecha
llevaba a otro pasillo que conectaba directamente con otras dos puertas, la más
cercana de las dos era el baño, y la del fondo era un pasillo que conectaba con
cuatro recámaras. Los pasillos se iluminaban con una luz muy tenue, llegaron a
imaginar que quizá la tía Evangelina era una especie de ojo prodigioso o algo
parecido, pues debía poder ver muy bien a pesar de la carencia de iluminación
de los pasillos. Cada una de las recámaras contaba con un baño y regadera
incluidos, lo cual era genial para el chico, pues significaba que no tenía que
volver a pelear por el único baño con su madre, ya que, según él, las mujeres
tardan siglos arreglándose para terminar viéndose igual que como entraron.
Los cuartos estaban todos
estilizados de la misma forma, algo así como si pertenecieran a una época muy
antigua y muy elegante, pero muy lúgubre. Los ventanales eran enormes, estaban
enrejados, y las cortinas eran de un color vino con grabados de flores, lo
típico de las cortinas de las abuelas, o eso era lo que los jóvenes pensaban.
Camas tipo King size, lujosas alfombras, muebles antiguos tallados en madera de
roble, candelabros enormes y cosas similares, eran algo constante en cada
habitación.
Después de ver
aquellos cuartos, regresaron al cruce de pasillos, y entraron a través de la
puerta que estaba en contraposición a la que habían entrado al principio. Había
otro pasillo más pero solo tenía una puerta en su otro extremo. Al entrar a
través de ella, vieron que se trataba de una biblioteca, había muchos estantes
de madera llenos de libros de todo tipo, había libros de química analítica,
anatomía humana, bioquímica, psicología, poesía, cálculo, enciclopedias,
novelas, etcétera. Supusieron que ahí debía haber algo interesante, pero
por ahora seguirían recorriendo la casa. Al fondo y a la izquierda del cuarto,
había otra puerta más, no dudaron en averiguar lo que había detrás de ella.
Mesas de madera,
clavos y tornillos regados por doquier, tablas y más madera, martillos y otras
herramientas de carpintería. Partes de muñecos, brazos, piernas, cabezas, ropa
en miniatura. No había duda, este seguramente era el taller de la vieja tía
Evangelina. Seguramente ella debió de haberse pasado horas haciendo todo tipo
de muñecos de porcelana. El lugar tenía impregnado un fuerte aroma, quizá por
la gran cantidad de químicos y pinturas usados para pintar a sus creaciones.
Este lugar era más simple que los demás. No había decoración más que los
muñecos sin terminar regados y colgados por todas partes. Por el modo en que
estaban dispuestas aquellas viejas figuras sin terminar hacían que este fuera
el sitio más lúgubre de toda la casa.
Ana: ¿Has visto esto Amil? Este sitio parece el lugar más tenebroso de
toda la ciudad. Y... ¡mira eso! ¿Qué será?
Amilkar: No lo sé, se ve asqueroso.
Ana: Es un líquido extraño... está pegajoso, y tiene un color verdoso...
como si fuera lama de algún estanque.
Amilkar: ¡No lo toques!
Ana: No lo iba a hacer, que asco. Solo lo piqué con este palito que
encontré en el suelo.
Amilkar: ¿Qué son todas estas cosas? ¡mira! creo que he visto algo como
esto antes.
Ana: ¡Sí! ¿Qué será?
Amilkar: ¡Ahora recuerdo! Es una cruz egipcia.
Una cruz egipcia, y
otra serie de objetos extraños estaban en esta habitación. Cosas que para nada
servían para fabricar muñecos ¿Para qué los utilizaría Evangelina? ¿Podrían ser
solo objetos de ornato como las otras cosas? También había un cofre de madera,
tenía un tamaño considerable, casi con la capacidad de albergar a un cuerpo
humano en posición fetal. Los chicos se miraron uno a otro preguntándonos si
debían abrirlo o no. Pero ambos obviaban la respuesta.
Amilkar tomó la
iniciativa de abrir el cofre, tan pronto miró la cerradura, vieron que tenía un
candado, así que no podrían abrirlo inmediatamente; sin embargo, estaba muy
oxidado, se les ocurrió que quizá con aplicar algo de fuerza pudieran reventar
el candado. El chico se dirigió a la mesa de trabajo y halló un destornillador,
así que lo introdujo en el arco del candado y palanqueó un poco hasta que
finalmente se reventó la cerradura completamente.
Al abrir el cofre, de
inmediato saltó una rata, la cual corrió a través de ellos y escapó por un
pequeño desagüe que estaba en el piso. Ana por poco dejaba escapar un
enorme grito por la impresión.
Después de esa
pequeña sorpresa, volvieron su atención al cofre de nuevo. Al abrirlo
encontraron muchos papeles viejos, casi todos con las orillas corroídas por la
humedad y el paso de los años. Ninguno de ellos entendía que querían decir esos
viejos textos, pues estaban escritos en un idioma muy diferente al español.
Había dibujos muy precisos, eran figuras geométricas superpuestas de manera que
formaban extraños y hermosos patrones, Algunos otros tenían figuras
monstruosas; ellos supusieron que era la representación de algún tipo de
demonios o algo parecido dada la familiaridad que tenían con ese tipo de
imágenes. Y de pronto, una idea vino a la mente del curioso jovencito.
Amilkar: Ana ¿crees que tu piedra nos pueda decir algo acerca de esto?
Ana: ¡Claro! Casi la había olvidado.
Déjame preguntar si es que estos objetos tienen algún uso negativo.
Amilkar: Está bien.
Entonces Ana le preguntó:
Ana: ¿Hay energía negativa en estos papeles?
Una vez más, la
piedra tardó unos segundos en responder, pero cuando logró comenzar su
movimiento, los dos se dieron cuenta de algo. Esta se movió al principio
describiendo su contestación negativa, pero después de cinco oscilaciones,
comenzó a girar en círculo, lo cual significaba que sí. No podían entender ¿era
acaso ambas cosas a la vez?
Ana: ¡Qué extraño! ¡déjame intentar con algo más!
¿Este cuarto posee energía maligna?
El péndulo tardo un poco menos en responder. Su respuesta era
afirmativa, una respuesta contundente al girar de manera cada vez más y más
rápido. Eso solo confirmaba lo que Amilkar presentía, pues este lugar era
incluso algo más frio que los demás cuartos.
Ana: No sé qué haya pasado aquí, pero definitivamente no creo que haya
sido nada bueno.
Amilkar: ¡vamos no seas miedosa! ¿Qué pudo hacer ella aquí? solo construía
muñecos, desde cuando eso es algo malo.
Ana: Puede que tu tía haya practicado la hechicería o algo así. Tan solo
con ver esos viejos papiros te puedes dar cuenta.
Amilkar: ¿Crees que le deberíamos decir a mi madre?
Ana: conociéndola seguramente vendería la casa.
Amilkar: Puede que debamos reunir más información antes de que emitir
conclusión alguna.
Ce
rraron el cofre y quisieron investigar aún más. Solo les quedaba volver al cruce de pasillos y entrar por la última puerta, al llegar y abrirla, encontraron otras escaleras, la casa era de tres niveles así que quizá pronto terminarían su recorrido al llegar al tercer piso.
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