domingo, 16 de enero de 2022

 

LA MANSIÓN DEL TITIRITERO

Al principio Amilkar pensó que a su amiga no le darían permiso pasar la noche en su casa. Pero luego pensó que, después de todo lo que habían vivido juntos, él ya no era un absoluto extraño para la familia de Ana. Desde hace ya varios años que han sido amigos, sus familias les conocen muy bien, nunca han tenido problemas serios ni nada por el estilo. Por lo que confiaban plenamente en ambos chicos.

Ana casi sabe todo acerca de su propio amigo. A veces él siente que la trato muy mal en el pasado y por ello trata de compensarla de alguna manera, pero ella le entiende en realidad, ha olvidado todo lo que ha sucedido y ha perdonado. En el fondo Amilkar temía que ella se cansase pronto de sus repentinos cambios de humor. Pero ella en ocasiones se mostraba igual o peor que él. Poco a poco era más parecidos, su pensamiento parecía enfocarse en las mismas cosas y era más fácil que se comprendieran mutuamente. Sin embargo, a pesar de que han pasado mucho tiempo juntos, el chico no podía sentir la confianza de decirle nada sobre lo que llegaba a sentir por Minerva. Ana siempre insiste que salga con una chica, incluso ha tratado de arreglar citas sin el consentimiento de su amigo, eso realmente le ha llegado a molestar a él demasiado, y es que Ana sabía que algo le sucedía a su amigo e intentaba ayudarlo.

Amilkar todavía recordaba el día que conoció a Ana, fue hace aproximadamente unos siete años. Él estaba comprando ropa nueva porque su madre le había obligado a hacerlo, él odia comprar ropa nueva no le gusta, más bien, lo detesta pues para él la ropa nueva suele sentirse tiesa y áspera. En fin, él estaba comprando ropa y se estaba probando una gabardina negra, en ese momento escuchó que alguien habló a sus espaldas diciendo:

Ana: ¡Qué genial te queda! y con ese sombrero me recuerdas a un personaje de las películas de Carlos Yindera.

Amilkar: ¿Enserio? ¿Conoces a Carlos Yindera?

Ana: ¡Por supuesto! Me encanta su filmografía...

Desde ese momento supieron que serían muy buenos amigos. El chico pensó que alguien que estuviera familiarizado con el trabajo de una persona muy influyente para él, debía ser alguien que le comprendiera. Y así fue, lograron congeniar muy bien durante todos estos años. Ella sabía lo cascarrabias que a veces podía ser su viejo amigo, y él lo grosera que ella era. Aunque sabía que tenía un gran corazón. Tiempo después ocurrieron ciertas cosas que pusieron a prueba la relación de amistad que tenían, pero lograron superar sus diferencias y todo marchó como hasta ahora. Volviendo al tiempo actual…

Ana: ¿Nos vamos?

Amilkar: Claro.

Ana: ¿Y cuál es la habitación en la que más sientes que pasará algo interesante?

Amilkar: No lo sé, te dije que aún no he terminado de explorar toda la casa. 

Ana: Creo que tendremos una noche ocupada, tenemos que explorar cada rincón de esa cosa.

Amilkar: "Esa cosa"

Ana: Claro, es mejor pensar en la casa como si fuera una especie de criatura con vida propia. 

Amilkar: No entiendo tu punto.

Ana: Quiero decir que, si pensamos que la casa es una especie de ser sobrenatural con muchas sorpresas ocultas, seremos más perspicaces a la hora de investigar. Puede que también lleguemos a encontrar algo interesante en toda la casa.

Amilkar: No lo sé, la policía hizo registro de todo al investigar.

Ana: ¿Cómo dices que murió tu tía?

Amilkar: Según el abogado, de una caída desde lo alto de las escaleras de la casa. 

Ana: ¡mmm! bueno, puede que sí o puede que no. Veamos qué pasa si llevo "esto".

Amilkar: ¿Qué cosa es eso?

Ana: Es un péndulo, lo usaremos como una especie de oráculo y guía. Te mostraré como funciona cuando lleguemos a tu casa.

Mucha gente puede creer que estas son meras estupideces, sin embargo, Amilkar estaba convencido de que no era así, muchas cosas le llevaban a pensar que probablemente había un mundo más sutil que el que estamos acostumbrados a mirar. Que quizá haya algún tipo de vida o manifestación que este gobernada por las frecuencias que escapan a nuestro espectro de luz visible, no estaba seguro, pero tenía una gran sospecha de que había cierto grado de certeza en ello.

Una vez que estuvieron enfrente de la casa, Ana sacó el péndulo que tenía y le dijo a su amigo:

Ana: este péndulo de amatista nos dirá algunas cosas que queramos saber sobre la casa. Deja que te enseñe como funciona. Mira, lo sostengo con una mano y de esta forma... después le pregunto sobre algo que quiero saber, pero primero debo... como decirlo... ¡calibrarlo! Le diré que me muestre una afirmación. "Quiero que me digas si"

Tan solo en unos diez segundos esa cosa parecía dar vueltas en círculo, pero pues no parecía impresionar demasiado al chico.

Amilkar: ¡Pero no muevas el brazo Ana!

Ana: ¡No lo estoy moviendo! ah es que hay algo que debes saber. Esta cosa no te da las respuestas por sí misma, sino que es una manera de proyectar lo que tú conoces, pero de lo cual no eres consciente. Una especie de puente entre el consciente y el inconsciente, o sea, quien todo lo sabe, y uno mismo.

Amilkar: ¡Ah! está bien, entiendo. (Creo que esa era una respuesta que no me esperaba).

Ana: Ahora muéstrame un "no".

Amilkar no podía creerlo, esa piedra comenzó a cambiar el sentido de su movimiento, ahora, en lugar de ser un movimiento circular, se tornó en un movimiento en línea recta.

Amilkar: ¿Eso es un no?

Ana: Así es, con esto sabremos las respuestas de sí y no, de lo que podamos detectar de esta casa. Vaya que si se ve como una de esas casas viejas de películas de terror antiguas. No me extrañaría que encontráramos algo interesante esta noche. Estamos listos para hacer nuestra primera pregunta. Veamos... umm... ¡ya sé! ¿Existe algún secreto oculto en esta casa?

El chico creyó que el péndulo giraría en algunos de los dos patrones que les había mostrado anteriormente, sin embargo, no fue así, su movimiento era más bien algo errático, no definido. Entonces Ana dijo:

Ana: Creo que no he hecho bien mi pregunta. Puede que no sea precisamente un secreto. 

Amilkar: ¿Puedo intentar yo?

Ana: ¡Claro!

Amilkar: ¿Mi tía Evangelina murió por medio de un accidente?

Fue sorprendente como aquella piedra amatista comenzó a moverse de una manera intensa, por la pequeña prueba que hicieron, la respuesta era claramente un no. En ese preciso instante, Ana y él se miraron a los ojos, como preguntándonos ¿será acaso que...? Así que Amilkar decidió descartar las siguientes dos posibilidades que había. Preguntó por la menos preocupante de las que se le ocurrieron en ese instante.

Amilkar: ¿Mi tía Evangelina se suicidó?

Ana: Yo creí que solo ibas a preguntar sobre la casa.

Amilkar: Es que es algo que quiero saber, no sé, como que siento que hay algo más que pasó ahí. Tengo ese intenso presentimiento.

El péndulo siguió moviéndose en su negativa. Solo le quedaba una única posibilidad que él mismo, esperaba que no fuera cierta.

Amilkar: ¿Mí tía Evangelina se...?

Antes de que el joven pudiera terminar de recitar su pregunta, alguien lo interrumpió.

Mariana: ¡Chicos! ¿Qué están haciendo aquí afuera? Comienza a hacer frío. 

Ana: ¡Doña Mari! eh... ¡Hola!

Amilkar: ¡Mamá!

Mariana: Amil ¿qué es esa piedra? de dónde la sacaste

Amilkar: No, no es nada, es... amm...

Ana: Es mío doña Mari. Le estaba mostrando a Amil mi nuevo collar

Mariana: Veo que te gusta mucho la joyería muy llamativa Ana. Por cierto, te he dicho muchas veces que no me digas doña. Me haces sentir muy vieja.

Ana: Lo siento doñ... digo, mamá de Amil.

Mariana: ¡Sólo dime Mari y ya! no necesitas ser tan formal conmigo.

Estaban a solo un segundo de terminar la pregunta, Amilkar creyó que no sabría todavía lo que sucedió con la tía Evangelina. Puede ser que después lo supiera, pero solo había dos posibilidades que no habían sido descartadas. 

Al parecer Alfonso había regresado temprano de su trabajo y había ayudado a Mariana a tratar de terminar de limpiar la casa. Ana estaba muy sorprendida por el aspecto que tenía la residencia, incluso más de lo que Amilkar había imaginado. Contemplaba con mucho entusiasmo cada detalle que iba encontrando en el camino.

Ana: ¡Amil, tu casa es genial, esta súper increíble!

Mariana: ¡Ha! había olvidado que tú y Amil tienen los mismos gustos góticos escalofriantes y terroríficos.

Cuando llegaron a la sala principal, Amilkar sabía que Ana no tardaría en preguntar sobre las espantosas muñecas una vez que las llegara a ver.

Ana: ¡Woooaa! Oye no me dijiste que tenías de este tipo de muñecas. ¡Las adoro!

Amilkar: Es que no son mías.

Ana: ¿Son de usted doñ... digo Mari?

Mariana: No, eran de mi prima, la dueña anterior de esta casa. 

Ana: Debió haberle costado toda una fortuna. He escuchado que hay gente que colecciona estas cosas y paga mucho dinero por adquirirlas.

Mariana: En realidad no creo que le haya costado mucho, ella misma las fabricaba.

Ana y Amilkar: ¿Quéee?

Mariana: ¿No te lo había dicho Amil? bueno, pues tu tía fue una solterona que se dedicaba a fabricar muñecas de porcelana, solo que no creo que vendiera muchas. Desde muy pequeña recuerdo que hacía muñecas con todo tipo de material que llegaba a caer en sus manos como trapos, zacate, plásticos, etcétera. Incluso el abuelo era feliz ayudándole a hacer todo tipo de extrañas piezas cuando éramos niñas.

Ana: Su prima tenía gustos muy peculiares Mari. 

Cuando pasaron al comedor, Ana no dejaba de maravillarse con los adornos de la casa, parecía como una niña con juguete nuevo. Sin duda alguna, se cumpliría una de sus más ansiadas fantasías de la infancia. En su niñez, después de ver las películas de horror que pasaban en la televisión, ella y Amilkar siempre jugaban simulando que participaban en un filme parecido al de cualquier película que hubieran visto, y en el que ambos fueran los protagonistas principales. Pero no tenían cámara, aunque eso no impedía que imaginaran que tenían una. Así que no dudemos que ambos estuvieran pensando exactamente lo mismo en ese instante. La cámara que habían comprado los padres de Ana hace un mes, era de muy buena resolución así que pensaron que no habrá ningún otro impedimento para hacer lo que pretendían, ahora de una manera más real.

Después de cenar, Ana y Amilkar decidieron explorar cuarto por cuarto para tratar de encontrar algún secreto o misterio oculto en la casa. Eran aproximadamente las ocho y media de la noche cuando comenzaron su pequeña expedición, parecían dos niños jugando en la oscuridad. Amilkar no había podido ver que más había en la parte de arriba, por lo que sugirió que comenzaran por ahí.

 La primera puerta, que estaba a mano derecha llevaba a otro pasillo que conectaba directamente con otras dos puertas, la más cercana de las dos era el baño, y la del fondo era un pasillo que conectaba con cuatro recámaras. Los pasillos se iluminaban con una luz muy tenue, llegaron a imaginar que quizá la tía Evangelina era una especie de ojo prodigioso o algo parecido, pues debía poder ver muy bien a pesar de la carencia de iluminación de los pasillos. Cada una de las recámaras contaba con un baño y regadera incluidos, lo cual era genial para el chico, pues significaba que no tenía que volver a pelear por el único baño con su madre, ya que, según él, las mujeres tardan siglos arreglándose para terminar viéndose igual que como entraron.

Los cuartos estaban todos estilizados de la misma forma, algo así como si pertenecieran a una época muy antigua y muy elegante, pero muy lúgubre. Los ventanales eran enormes, estaban enrejados, y las cortinas eran de un color vino con grabados de flores, lo típico de las cortinas de las abuelas, o eso era lo que los jóvenes pensaban. Camas tipo King size, lujosas alfombras, muebles antiguos tallados en madera de roble, candelabros enormes y cosas similares, eran algo constante en cada habitación. 

Después de ver aquellos cuartos, regresaron al cruce de pasillos, y entraron a través de la puerta que estaba en contraposición a la que habían entrado al principio. Había otro pasillo más pero solo tenía una puerta en su otro extremo. Al entrar a través de ella, vieron que se trataba de una biblioteca, había muchos estantes de madera llenos de libros de todo tipo, había libros de química analítica, anatomía humana, bioquímica, psicología, poesía, cálculo, enciclopedias, novelas, etcétera. Supusieron que ahí debía haber algo interesante, pero por ahora seguirían recorriendo la casa. Al fondo y a la izquierda del cuarto, había otra puerta más, no dudaron en averiguar lo que había detrás de ella. 

Mesas de madera, clavos y tornillos regados por doquier, tablas y más madera, martillos y otras herramientas de carpintería. Partes de muñecos, brazos, piernas, cabezas, ropa en miniatura. No había duda, este seguramente era el taller de la vieja tía Evangelina. Seguramente ella debió de haberse pasado horas haciendo todo tipo de muñecos de porcelana. El lugar tenía impregnado un fuerte aroma, quizá por la gran cantidad de químicos y pinturas usados para pintar a sus creaciones. Este lugar era más simple que los demás. No había decoración más que los muñecos sin terminar regados y colgados por todas partes. Por el modo en que estaban dispuestas aquellas viejas figuras sin terminar hacían que este fuera el sitio más lúgubre de toda la casa.

Ana: ¿Has visto esto Amil? Este sitio parece el lugar más tenebroso de toda la ciudad. Y... ¡mira eso! ¿Qué será?

Amilkar: No lo sé, se ve asqueroso. 

Ana: Es un líquido extraño... está pegajoso, y tiene un color verdoso... como si fuera lama de algún estanque.

Amilkar: ¡No lo toques! 

Ana: No lo iba a hacer, que asco. Solo lo piqué con este palito que encontré en el suelo.

Amilkar: ¿Qué son todas estas cosas? ¡mira! creo que he visto algo como esto antes.

Ana: ¡Sí! ¿Qué será?

Amilkar: ¡Ahora recuerdo! Es una cruz egipcia.

Una cruz egipcia, y otra serie de objetos extraños estaban en esta habitación. Cosas que para nada servían para fabricar muñecos ¿Para qué los utilizaría Evangelina? ¿Podrían ser solo objetos de ornato como las otras cosas? También había un cofre de madera, tenía un tamaño considerable, casi con la capacidad de albergar a un cuerpo humano en posición fetal. Los chicos se miraron uno a otro preguntándonos si debían abrirlo o no. Pero ambos obviaban la respuesta.

Amilkar tomó la iniciativa de abrir el cofre, tan pronto miró la cerradura, vieron que tenía un candado, así que no podrían abrirlo inmediatamente; sin embargo, estaba muy oxidado, se les ocurrió que quizá con aplicar algo de fuerza pudieran reventar el candado. El chico se dirigió a la mesa de trabajo y halló un destornillador, así que lo introdujo en el arco del candado y palanqueó un poco hasta que finalmente se reventó la cerradura completamente. 

Al abrir el cofre, de inmediato saltó una rata, la cual corrió a través de ellos y escapó por un pequeño desagüe que estaba en el piso. Ana por poco dejaba escapar un enorme grito por la impresión.

Después de esa pequeña sorpresa, volvieron su atención al cofre de nuevo. Al abrirlo encontraron muchos papeles viejos, casi todos con las orillas corroídas por la humedad y el paso de los años. Ninguno de ellos entendía que querían decir esos viejos textos, pues estaban escritos en un idioma muy diferente al español. Había dibujos muy precisos, eran figuras geométricas superpuestas de manera que formaban extraños y hermosos patrones, Algunos otros tenían figuras monstruosas; ellos supusieron que era la representación de algún tipo de demonios o algo parecido dada la familiaridad que tenían con ese tipo de imágenes. Y de pronto, una idea vino a la mente del curioso jovencito.

Amilkar: Ana ¿crees que tu piedra nos pueda decir algo acerca de esto?

Ana: ¡Claro! Casi la había olvidado.

Déjame preguntar si es que estos objetos tienen algún uso negativo.

Amilkar: Está bien.

Entonces Ana le preguntó:

Ana: ¿Hay energía negativa en estos papeles?

Una vez más, la piedra tardó unos segundos en responder, pero cuando logró comenzar su movimiento, los dos se dieron cuenta de algo. Esta se movió al principio describiendo su contestación negativa, pero después de cinco oscilaciones, comenzó a girar en círculo, lo cual significaba que sí. No podían entender ¿era acaso ambas cosas a la vez?

Ana: ¡Qué extraño! ¡déjame intentar con algo más!

¿Este cuarto posee energía maligna?

El péndulo tardo un poco menos en responder. Su respuesta era afirmativa, una respuesta contundente al girar de manera cada vez más y más rápido. Eso solo confirmaba lo que Amilkar presentía, pues este lugar era incluso algo más frio que los demás cuartos.

Ana: No sé qué haya pasado aquí, pero definitivamente no creo que haya sido nada bueno.

Amilkar: ¡vamos no seas miedosa! ¿Qué pudo hacer ella aquí? solo construía muñecos, desde cuando eso es algo malo.

Ana: Puede que tu tía haya practicado la hechicería o algo así. Tan solo con ver esos viejos papiros te puedes dar cuenta.

Amilkar: ¿Crees que le deberíamos decir a mi madre?

Ana: conociéndola seguramente vendería la casa.

Amilkar: Puede que debamos reunir más información antes de que emitir conclusión alguna.

Ce

rraron el cofre y quisieron investigar aún más. Solo les quedaba volver al cruce de pasillos y entrar por la última puerta, al llegar y abrirla, encontraron otras escaleras, la casa era de tres niveles así que quizá pronto terminarían su recorrido al llegar al tercer piso.




CAPITULO 4

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