CUANDO LA SANGRE ESCURRE HACIA EL
INFIERNO
Aquella terrorífica
marioneta comenzó a mover su cabeza poco a poco hasta dirigir su oscura y fría
mirada a Amilkar. El chico estaba completamente asombrado de lo que estaba
presenciando. Estaba muy atento a los movimientos que la muñeca realizaba, era
como si estuviera despertando de un gran letargo.
Amilkar: ¿Tú eres la que me habló en el sueño?
Ofuku solo asintió con la cabeza para responder a la interrogante.
Amilkar: Dijiste que me darías poderes ¿Qué clase de poderes son esos?
La muñeca no podía
responder dado que carecía de la capacidad de hablar, y solo podía emitir
sonidos perturbadores.
Amilkar: No puedes hablar ¿cierto?
Entonces, un
estrepitoso viento corrió por la habitación; lo más inquietante era que las
ventanas estaban cerradas, así como la puerta de acceso a la habitación, no
podía entrar nada. Pero ¿de dónde había provenido aquel viento entonces? Ofuku
estaba demostrando un poco de su fuerza delante de quien había escogido como su
amo. Amilkar lo entendió entonces, pero lo que no sabía era, cómo es que lo
había escogido precisamente a él entre tanta gente. Ofuku levantó su mano
derecha para señalar la puerta.
Amilkar: ¿Quieres que salga?
Ofuku nuevamente
asintió con la cabeza.
Entre el asombro, el
miedo y la incertidumbre, el joven trataba de tranquilizar su agitado corazón. La marioneta iba señalando el camino a seguir mientras
Amilkar solo se dejaba guiar. Él se dio cuenta de que Ofuku lo estaba guiando
hacia afuera de la casa, seguramente intentaba conducirlo hacia la trampilla
que estaba en el patio trasero, hacia las cuevas.
Amilkar: (¡Es increíble, no puede ser cierto! ¿Cómo es que algo
inanimado como esta vieja marioneta puede moverse? ¡Tía Evangelina, acaso esto
es obra tuya!).
Amilkar salió de la
casa de la manera más sigilosa que pudo. Tuvo éxito al sacar las cajas que
había dejado a los pies de aquella escalera que conectaba la superficie con los
abismos. Apenas iba clareando el cielo cuando Amilkar sacó la última caja, los
primeros rayos de luz iluminaron la ciudad, y con el nuevo día, un secreto
había sido desentrañado. Había podido introducir todas las cajas a la casa,
estaba extrañado de que su madre no se hubiera despertado aun, por lo que antes
de proseguir con otra cosa, quiso asegurarse de que estuviera bien. Le había
resultado muy fácil llevar las cajas a la superficie ¿Podría Ofuku tener algo
que ver? Enseguida fue a la habitación de Mariana, giró la perilla de la puerta
muy despacio, hasta que abrió la puerta y se percató de que su madre estaba en la
regadera, eso pudo notarlo por el sonido del agua que corría y porque su madre
siempre tarareaba una canción cualquiera al bañarse.
Cuando Amilkar
regresó a su habitación, se quedó petrificado por un segundo cuando vio que
todas las figuras que alguna vez había visto solo en sus sueños, estaban
delante de él.
"Un segundo en que el tiempo pareció detenerse, la maldición había
sido desentrañada de un oscuro lugar al cual siempre debió de pertenecer y
nunca abandonar. El efecto de los consortes de la maldad había dado rienda
suelta a los esbirros de la noche. La sangre coagulada en un rio de llanto y
desolación, corría nuevamente alimentándose de las vidas que en vano trataban
de pagar la llama más oscura de todas. La influencia monstruosa de aquel
desvelo se sintió hasta en lo más recóndito del mundo."
Amilkar observó que
había algo más en el suelo, eran los frascos de aquella loción violeta, estaban
vacíos ahora. Enseguida las siete marionetas dirigieron su mirada hacia el
joven. Sus ojos muertos y siniestros sentían el miedo creciente en el chico.
Entonces, como si hubiera sido producto de algún ente detractor, Amilkar
recordó aquella escena en donde su platónico amor se encontraba en los brazos
de otro hombre. Las lágrimas comenzaron a brotar de pronto, con cada una de
ellas se escapaba algo de la humanidad del mancillado muchacho. Aquellas
figuras tenebrosas solo miraban al joven atormentado, incapaces de gesticular o
demostrar alguna emoción, solo estaban expectantes ante el sufrimiento, el cual
no parecía disgustarles del todo. La humillación que había sufrido Amilkar
comenzaba a cobrar su atención nuevamente. Su piel se tornaba de un color más
encendido, un color rojo bravo, las venas saltaban y su expresión denotaba
coraje, un profundo coraje.
Amilkar: ¡Maldito seas Esteban! ¡MALDITA LA HORA EN QUE NACISTE!
En su mente solo
existía el pensamiento de venganza, de ver sufrir a las personas delante de él.
No le importaba el cómo, solo quería que alguien sintiera lo que él estaba
sintiendo en ese momento. las palabras que había dicho Esteban retumbaban una y
otra vez en su memoria. Entonces se le vino a la mente una pregunta; recordó
que había escuchado unas voces en su sueño reciente, pensó que probablemente se
trataba de la forma de comunicarse de las marionetas. Por lo que
pregunto:
Amilkar: ¿Ustedes podrían ayudarme a castigar a los culpables?
Todas las muñecas
asintieron. El enojo del muchacho era ahora más grande que su miedo, además de
que quería saber qué clase de poder era el que se presentaba a su servicio.
Pero se preguntaba acerca del cómo es que unas muñecas antiguas podrían serle
de utilidad. Entonces una de ellas dio un paso al frente; Amilkar no sabía cómo
dirigirse a esa marioneta, solo conocía el nombre de Ofuku. Entonces la figura
señalo la caja de la cual había provenido, en ella estaba grabado el nombre
Zarofis.
Amilkar: ¿Zarofis? ¿ese es tu nombre?
Una voz se escuchó en
la generalidad de la habitación, como si alguien hablara a través de algún
aparato que apagara un poco la voz, pero a la vez, la hacía sonar como si
proviniera de todas partes, era muy débil, apenas audible, pero lograba
entenderse a la perfección.
Voz: ¡Disculpad mi grave intromisión! no es mi intención faltaros al
respeto, amo.
Amilkar volteo hacia todas direcciones, y luego se detuvo a mirar a
Zarofis.
Amilkar: ¿Eres tú? ¿Zarofis?
Zarofis: Así es amo, soy yo, su humilde sierva. Soy la única que puede
comunicarse de esta manera. Disculpad también la sutileza de mi voz, pero es
para no hacerle daño alguno. Yo me encargaré de resolver su angustia en esta
ocasión. Ofuku puede comunicarse con vos por medio de los sueños, cada uno de
nosotros tenemos una manera especial de actuar.
La voz de Zarofis era
pausada y con un tono grave tendiendo a ser femenino. Ella concluyo diciendo:
Zarofis: Nuestra fuerza aún no es total, por ello le ruego que me dejéis
observar a la persona que tanto daño le ha hecho a vos.
Amilkar quería hacer
padecer a Esteban primero, de ahí, intentaría obligar a Minerva a sentir algo
por él. Pero antes de eso...
Amilkar: ¿Qué le sucedió a la tía Evangelina?
Enseguida, Zarofis le
contestó, que Evangelina había sufrido un grave accidente, que había resbalado
cerca del barandal de la escalera principal de la casa y había caído de cabeza
causándose un trauma severo en cabeza. Pero la respuesta fue muy cortante y
tajante, el aspecto amenazador de esas muñecas evitaba que Amilkar pensara en
profundizar acerca del tema, aparte de la sed de venganza que sentía en aquel instante.
Pudiera ser que Evangelina hubiera enloquecido por jugar con fuerzas
desconocidas. No obstante, por alguna razón, una idea vino a su cabeza, quería
vengarse de Esteban lo antes posible y quería hacerlo en público para borrar la
humillación que le hizo pasar delante de tanta gente.
Los chicos como
Esteban siempre estaban tratando de mostrar que eran mejor que los demás, pero
lo hacían demostrando su supremacía física. Él y sus amigos siempre retaban a
otros chicos de la escuela a una partida de futbol que solía terminar en
arrebatos y escándalos. Ese era un escenario perfecto para que Amilkar pudiera
poner en marcha un plan que le hiciera, a su enemigo, perder todo el respeto de
sus supuestos amigos. él sabía que los fines de semana siempre había partidos
de futbol en la plaza central de la ciudad, sin duda alguna Esteban estaría
allí, y ese sería un día que jamás olvidaría.
Tan luego su madre se
levantó, quiso hablar con su hijo de lo ocurrido anoche, pero sabía que era
demasiado pronto para tocar el tema, y que además, su hijo habría pasado
una mala noche y que probablemente no habría superado nada todavía. De
cualquier forma, su madre debía hablar con su él. Mariana intentó ser lo más
prudente posible, pero Amilkar no tenía deseos de hablar de nada, tan solo
respondía de una manera cortante cada una de las interrogantes de su madre.
Bajaba la mirada y seguía de largo. Esa mañana salió a caminar sin decir nada
más a su madre. Mariana entendía que el chico pasaba por una situación muy
difícil, pero confiaba en que pudiera superarla pronto. Pero en realidad,
Amilkar llevaba en su morral a la mortal marioneta Zarofis para su primera
demostración de lo que era el poder del marionetista, un absoluto amo de la
oscuridad.
Aún era muy temprano,
el sol había salido hace poco, pero era hora de comenzar con los partidos de
futbol matutinos; sin embargo, algunas personas dormían aún, y una de ellas era
Altagracia. Ella estaba teniendo un sueño muy pesado, sudaba, se quejaba,
parecía estar pasando por alguna especie de problema. Lo que ella veía en
realidad eran imágenes devastadoras, en las cuales se mostraba gente sufriendo.
Los escenarios parecían salidos de los libros de historia, pues eran lugares
remotos pertenecientes a otras épocas. Ella soñaba con una aldea que estaba
siendo azotada, una aldea pobre que estaba al servicio de un señor feudal. Pero
era de noche, había fuego por doquier, gente gritando y llorando, algunos
muertos por aquí y por allá. Ella estaba en centro de esa aldea, miraba hacia
todos lados, estaba totalmente confundida; no entendía lo que estaba pasando.
De pronto, una silueta se hizo presente, un hombre de vestimentas muy extrañas
y extravagantes que atravesaba las llamas caminando; aunque ella no pudo verle
el rostro, se daba cuenta de que era una persona muy importante, pues su
apariencia destacaba por sobre la de los demás. Enseguida, aquel hombre
extendió su brazo y abrió su mano, había un niño enfrente de él. Aquel sujeto
pronunció unas palabras mientras el pequeño se quedaba inmóvil, los ojos del
chico denotaban una angustia enorme. Sin más, su cuerpo se prendió en llamas,
unas brutales flamas tan densas que parecían consumir todo aquello que
abrazaran. Los desgarradores gritos del infante y los insólitos movimientos del
mismo por apagarse el fuego, hicieron que Altagracia despertara súbitamente de
aquella cruel pesadilla.
Altagracia: ¡Dios!... ¿Qué demonios ha sido eso?...
Altagracia se dio
cuenta de que había lágrimas en sus ojos, y que estaba impregnada de sudor; su
corazón estaba muy agitado y ella muy impresionada. Podía recordar aquella
última escena de su pesadilla; agradeció profundamente de que aquello se
tratara solo de una pesadilla. No pudo volver a conciliar el sueño, observó que
Ana aún estaba dormida, así que decidió irse a dar una ducha para relajarse un
poco.
Mientras tanto, en
otra parte muy lejos de ahí...
Mayordomo: ¡Señorita! ¿Está usted bien? ¿le ocurre algo?
Srita. Otlacotzi: Sí James, estoy bien, es solo que he logrado sentir
algo.
James: ¡Pero mírese nada más! ¡Está pálida! ¿Necesita ver a un médico?
Srita Otlacotzi: No james, sabes muy bien que no necesito de nadie de
ellos para recuperarme de cualquier cosa. Esto es más un asunto serio… muy
serio.
James: Se refiere a...
Srita Otlacotzi: Sí, aunque tengo mis dudas, creo que uno de ellos ha
aparecido al fin. Es momento de dejar de vigilar y actuar de una buena vez
antes de que algo suceda.
James: ¿Pero sabe cuál de todos es el que ha aparecido?
Srita. Otlacotzi: Me es imposible saberlo, no sé quién es ni tampoco si
ha despertado con toda su fuerza o no. Pero creo que definitivamente es uno de
ellos. Hace ya algún tiempo que había dejado de sentir su fuerza. Traté de
ubicarle, pero fallé en todos mis intentos.
James: Usted había dicho que sentía la presencia hacia el
occidente.
Srita. Otlacotzi: Así es, sentí la fuerza brutal de esos monstruos, pero
de algún modo supo apagarla y desconcertarme. Incluso le avisé a Ernestina que
había logrado localizar a uno de esos oscuros; ella inmediatamente confirmó mis
percepciones. Pero después de que comenzamos a movilizarnos, dejó de ser
perceptible. Supusimos que aquello había cambiado de locación una vez que lo
detectamos, pero no creo que le importara mucho que alguien como nosotros
supiera de su paradero. Nadie más pudo determinar el origen del ese mal. Pero
solo hay diez naciones en occidente donde no hay destructores, así que los
demás están vigilando esos países.
James: ¿A qué país nos dirigiremos nosotros, señorita?
Srita. Otlacotzi: ¡Ni te imaginas! afortunadamente nos ha tocado
regresar a casa.
James: ¡Eso es una buena noticia madame!
Srita. Otlacotzi: Así es James, así es... solo que... no puedo dejar de
preguntarme... Sí es que seremos capaces de detenerlos.
James: Hare las maletas y prepararé todo para salir cuanto antes.
Pero al mismo
tiempo...
Amilkar se había
dirigido al parque central, ahí estaban sus compañeros, tal como lo esperaba,
ellos estaban tratando de competir contra los estudiantes de otras escuelas. Muy
seguramente ahí estaría el fanfarrón de Esteban.
Ivan: ¡He!¡ Amilkar!
Amilkar: ¡Eh!
Ivan: Soy yo amigo, he venido para animar al equipo. ¿Tú has venido a lo
mismo? ¿Qué traes en esa maleta? parece demasiado pesada.
Amilkar: ¡No la toques!
Ivan: ¡Oh, lo siento! discúlpame, no quise ser impertinente. (Supongo
que aún no ha superado lo que sucedió anoche). Dime, ocurre algo.
Amilkar: ¡No, solo déjame en paz!
Ivan: ¿Es por lo que ocurrió ayer?
Amilkar: ¿Qué diablos sabes tú de eso?
Ivan: Bueno, la verdad es que lo sabe toda la escuela. Dayana y sus amigas...
Amilkar: De manera que ahora soy el hazme reír de toda la escuela.
Ivan: No lo tomes así, yo sé que son una bola de imbéciles, pero quiero
que sepas que yo siento mucho lo que ha pasado. No tenían derecho a ...
Amilkar: No me hace falta tu lastima, solo quiero estar solo. ¡DEJAME EN
PAZ!
Ivan: ¡Espera! ¡Amilkar, aguarda!
Clara: Ivan ¿a quién le gritas?
Ivan: No, a nadie, es solo que...
Clara: ¡Vaya! ese chico de nuevo. Creo que debes alejarte de él, creo
que es muy extraño.
Ivan: ¡Eso no es cierto!
Clara: No lo sé Ivan, creo que nunca le ha interesado empatizar con
nadie más que con una sola chica. ¿Estás seguro que obtendrás algo bueno de él?
Ivan:...
Amilkar pensó que era
mejor pasar inadvertido, pues si llegaba a ser visto por Esteban o alguno de sus
amigos, seguramente comenzarían a burlarse de él y sería más difícil llevar
acabo su prueba. Así que uso un pasamontaña viejo para que nadie le reconociera
otra vez. No pasó mucho tiempo hasta que por fin vio donde se encontraba su
objetivo. Decidió esconderse bajo las gradas y observar de lejos a su enemigo.
El viento comenzó a soplar de repente, fue algo violento. Las nubes comenzaron
a aparecer poco a poco y a cubrir el cielo; sin embargo, no hubo ninguna
oscuridad ni tampoco aquel ventarrón duró mucho tiempo.
Los ojos de Amilkar
estaban fijos en la figura de Esteban, aquel quien había osado mofarse de él, y
además, abusar de la chica de la cual estaba enamorado. Una sensación de vacío
bajo de su corazón hacia su estómago haciéndole sentir rabia y ganas de gritar.
Pero pudo contenerse, no obstante, sus ganas de hacer daño eran tales que
comenzó a temblar, pero no era un temblor debido al nerviosismo; más bien, era
un temblor de odio el que le dominaba. Bajo la influencia de la desgraciada
imagen que había presenciado la noche anterior, Amilkar abrió su morral para
descubrir la mortal cara de la muerte. Sacó a Zarofis de la mochila y le
susurró al oído.
Amilkar: ¡Aquel es el enemigo!
Esteban estaba como
delantero del equipo, estaba muy contento pues el marcador estaba a favor de su
equipo. La grandeza era el vestido que le adornaba aquella mañana, lo que no
sabía, es que quedaría desgarrado por la desgracia.
Esteban estaba a punto
de anotar un gol, hasta que la mano de Zarofis le señaló. Una melodía en el ambiente
helaba el corazón de los señores...
"Y las cuerdas comenzaron a tocar, aquel órgano funesto entonó la
música de la locura, de la maldad, de la perdición y del desquicio. Diabólicos
los entes que evocan la muerte en este momento, pues el oscuro corazón es
fuerza motriz de los sucesos perturbadores que cegaran esta vida que ha
aceptado a las majestades oscuras. Todos, hijos de la vida son hijos también de
la muerte, los unos vieron la cara de la gloria; los otros miraron a la vil infamia.
Y de un suspiro arrancó la fuerza del barro para volverlo polvo de nuevo.
Melodía punzante que alimentas el miedo y la ansiedad, muestra a tus súbditos
la realidad de tu naturaleza en la carne que has de corromper. Música
siniestra, que el peligro anuncias en el mundo, resuena para siempre en los
oídos de los condenados".
Esteban se detuvo,
comenzó a sudar de una manera profusa, todo le daba vueltas, no podía mantener
la mirada fija en un punto, era como si estuviera mareado. Con cada segundo, la
percepción de un movimiento circular que experimentaba aumentaba más y más.
Entonces comenzó a gritar como desesperado pidiendo ayuda, inmediatamente cayó
al suelo y tomo su cabeza para tratar de dejar de sentir el movimiento. Muchos
de los espectadores comenzaron a preocuparse, los demás compañeros de juego del
chico fueron en su ayuda. Pero no había ningún médico que pudiera auxiliar,
nadie comprendía lo que estaba sucediendo; algunos incluso creyeron que el
muchacho estaba bajo los efectos de alguna droga. Una sensación de un frío vago
recorrió el cuerpo de la víctima y un intenso dolor le hizo doblarse, entonces
comenzó a vomitar sangre; finalmente un grito desgarrador terminó con el
sufrimiento del joven. Todos los allí presentes se horrorizaron por aquella
escena, enseguida tomaron el cuerpo e intentaron trasladarlo a un hospital.
Amilkar miraba satisfecho desde la distancia, él pensó que aquel imprudente
había obtenido su justo castigo de la manera más apropiada.
Mientras Amilkar
sonreía, se escuchó que una mujer gritaba muy angustiada. Cuando Amilkar volteó
a mirar, se percató que era Minerva. Ella corrió junto con los chicos que
trasladaban el cuerpo a un automóvil, intentaron ir lo más rápido que pudieron;
fue tanta la desesperación, la confusión y la ansiedad de los jóvenes que no se
dieron cuenta de que otro automóvil salió de repente, este iba perpendicular a
su dirección y terminó colisionando con el auto de los desafortunados
muchachos.
Amilkar solo pudo
quedarse helado ante lo que había sucedido justo frente a sus ojos, era como si
hubiera dejado de respirar o percibir cualquier sensación por unos segundos.
Las fuerzas de sus piernas desistieron y dejaron caer el cuerpo del chico. Todo
había pasado tan rápido, era increíble lo que había sucedido.
Amilkar: (¿Ella también se lo merecía? ¿Qué está pasando?... ¡Sí!...
definitivamente ella se lo merecía... se burló de mí, sabía que yo estaba
enamorado de ella y aun así decidió traicionarme, hacerme quedar como imbécil
delante de todo el mundo. Pero yo la quería... no podría haberle hecho daño) …
Todos corrían de un
lado a otro; Amilkar aprovechó la confusión y el caos para huir del lugar. Su
cabeza estaba hecha un torbellino de pensamientos, estaba asustado por que
aquello había ido más allá de los límites que él esperaba. No le importaba ni
tenía remordimiento por haberle causado un mal a Esteban o a alguno de los
chicos que estaban a bordo del auto, pero si estaba preocupado porque Minerva
hubiese salido lastimada. Pero había algo más que le estaba incomodando, el
hecho de que esa preocupación solo fuera pasajera, porque no sentía culpa, solo
una leve preocupación. Sin embargo, había un aire de satisfacción que le
inundaba y que podía más que aquello.
Amilkar volvió a
casa tan rápido como pudo. Pero justo antes de llegar se topó con su amiga
quien venía acompañada de su prima. Ana le miró sorprendida y le dijo:
Ana: ¡Amilkar! No sabía que habías salido tan temprano. ¿Ya estas mejor?
Amilkar: Eh... bueno... solo salí un momento para despejarme.
Ana: Pero ¿ya te sientes mejor o no?... aunque, te miro algo
diferente.
Amilkar: No, es solo que salí a correr un momento para
desestresarme.
Altagracia: Pero no creo que eso te haya hecho ningún bien, te ves
demasiado pálido.
Amilkar: Es solo que no he desayunado y creo que me exigí
demasiado.
Ana: ¡Genial! Ana y yo trajimos algunas cosas para desayunar. Espero que
no te importe.
Amilkar: En lo absoluto, estaba a punto de entrar a casa, creo que mi
madre aún no se ha levantado.
Ana no sabía si era
prudente abordar el tema de la noche anterior, Amilkar parecía no encontrarse
del todo bien. Además de que aún era muy pronto para todo, ella sabía sobre el
amor que le profesaba su amigo a Minerva, así que sabía que no sería fácil
olvidarla, pero ella se sentía con el compromiso moral de apoyarle, y para ello
necesitaba saber el estado mental de él.
Las chicas entraron a
la casa y enseguida se dirigieron a la cocina. La madre de Amilkar ya había
despertado. Ella creía que la noche había sido suficiente para atenuar
todo el revoltijo de pensamientos en la cabeza de su hijo, y estaba decidida a
abordar el tema inmediatamente. Pero cuando escuchó las voces de las chicas,
creyó que era mejor postergarlo para cuando estuvieran solos.
El accidente
automovilístico que se había suscitado hace unas horas ya era noticia,
desafortunadamente aquel incidente había cobrado la vida de tres jóvenes, entre
ellos Esteban. Minerva había escapado de las garras de su mortal destino; sin embargo,
no había salido bien librada de ello, desgraciadamente ella había caído en un
coma profundo y se encontraba en estado crítico. Inmediatamente, las unidades
oficiales llegaron al lugar donde habían ocurrido los hechos. Los testimonios
de los testigos apuntaban a que el punto de origen había sido el ataque sufrido
por su compañero en el campo deportivo. Todos los síntomas que había sufrido
Esteban fueron reportados a la policía, ello llevo a investigar la causa, por
lo que se les practicó la autopsia a los cuerpos. El examen no arrojó datos
orgánicos de patología, ni tampoco los análisis toxicológicos; si había cierto
grado de alcohol, pero nada que pudiera ocasionar los síntomas de Esteban. Todo
ello llamó la atención de los investigadores, en especial del oficial
Loyola.
ALIENACIÓN
Oficial Ramírez: ¡Oye Loyola! ¿no te parece conocida esta descripción?
Loyola: Sí, he leído el informe hace unos minutos. No sé qué puede estar
sucediendo... ni los médicos han podido determinar la causa del ataque que
sufrió ese joven. Ni siquiera un maldito ateroma o algo que pudiera causar toda
la sintomatología. Pero no creo que se esté repitiendo este patrón... ¿oh sí?
Oficial Ramírez: No lo sé, aquí en el informe dice que aquel muchacho
gozaba de buena salud, no hay ninguna causa aparente para el supuesto ataque
antes de accidente. En sí el joven murió por un traumatismo craneoencefálico
severo y una hemorragia subdural profusa, producto del choque. Pero de lo
demás no hay nada.
El oficial Loyola se
resistía poco a creer que los incidentes previos, que relacionaban
indirectamente a Evangelina y los desaparecidos, se estuvieran repitiendo de
nuevo. Incluso, aquel informe concordaba con los ataques sufridos por varias
personas que se atrevieron a investigar la mansión de la familia Mendoza,
algunos detectives comentaban incluso ver sombras que los señalaban todo el
tiempo y en ocasiones llegaban a desconocerse a ellos mismos. Hubo, además, una
detective que había caído en un estado de choque; a pesar de que los médicos no
habían reportado normalidad en sus sistemas, ella se encontraba en una especie
de estado catatónico no muy diferente de la muerte. Poco después de que ocurrió
el incidente en que la señorita Evangelina falleció, la detective salió del
coma milagrosamente. Gente que se enfermaba sin razón aparente y de manera
repentina, la mayoría de los involucrados en las investigaciones en la mansión.
Había algo que no dejaba en paz al oficial sobre todo ese asunto. Y ahora, la
muerte de ese joven había picado en una espina que Loyola tenía enterrada en la
mente y que le producía un gran estrés.
Loyola: Esto no se había visto desde que...
Oficial Ramírez: No me digas que de nuevo pensarás en... ¡oh! no
tiene caso que adelantes conclusiones todavía, ni siquiera sabemos si se han
agotado todos los análisis practicados. Puede que haya habido alguno que pasara
por alto algunas sustancias psicoactivas; ya sabes cómo son este tipo de
jóvenes, les encanta experimentar todo tipo de cosas. Se dice que había un
poco de alcohol en su cuerpo, no dudes que en esas fiestas hay más que alcohol.
Loyola: Pero los exámenes son concluyentes Ramírez...
Loyola solo se
mantenía pensativo, intentando convencerse así mismo de que el caso de la
mansión Mendoza había concluido para siempre. Pero había cosas que Loyola había
presenciado, y que le dejaban una interrogante difícil de olvidar. Los
oficiales Burgos y Ramírez creían que muchas de las cosas sucedidas en el caso
en el que habían trabajado previamente era fruto de una macabra casualidad,
pero había otros sucesos a los cuales no les podían calificar de esa forma, por
ello decidieron olvidarse del caso y seguir con todo el trabajo acumulado que
tenían agobiándoles.
Mientras tanto,
Amilkar y sus amigas se habían reunido en la cocina para comenzar a preparar el
desayuno. Mariana había ido a su habitación para cambiarse de ropa, ya que
saldría con Alfonso para hacer unas compras. Ana y Altagracia bromeaban ente
ellas, intentaban decir cualquier cosa que pudiera animar a Amilkar a olvidar todo
lo sucedido y motivar su humor, pero entre más lo intentaban se daban cuenta de
que su amigo seguía ausente y ensimismado. Aunque en esta ocasión, no era por
lo ocurrido en la noche previa, sino más bien, por los sucesos recientes que no
tardarían mucho en darse a conocer.
Las chicas habían
terminado de preparar el desayuno, solo esperaban a que Mariana llegara al
comedor, pero ya había pasado buen rato desde que les había dejado solos.
Amilkar subió para avisarle que todo estaba listo y que bajara a desayunar.
Cuando el chico entró en la habitación, vio que su madre estaba muy seria, en
realidad ella estaba ofuscada, entonces Amilkar le preguntó:
Amilkar: ¿todo está bien?
Mariana no quería
alarmar a su hijo ni darle más preocupaciones así que solo dijo:
Mariana: Sí, no te preocupes no es nada.
Amilkar: Mamá, sé que algo te sucede ¿quieres hablar de ello?
Mariana: No, enserio, no está sucediendo nada.
Amilkar no se
encontraba de humor como para ignorar el estado de su madre, y mucho menos para
jugar a las adivinanzas.
Amilkar: A mí no me engañas, algo serio ha sucedido como para que pongas
esa cara.
No tendiendo otra
alternativa, y debido al tono de voz que había usado Amilkar para expresarse, Mariana
decidió comentarle a su hijo lo que acababa de suceder.
Mariana: Tu tío Edmundo ha hablado conmigo... ha llamado para decirme
que esta casa no nos pertenece a nosotros. Dice que él tiene derechos sobre
ella y que Evangelina no era nadie para haber heredado la casa de esa manera. Está
decidido a pelear por la propiedad. Incluso me dijo que ha presentado varios
papeles ante las autoridades para validar su derecho.
Amilkar: No creo que consiga nada. Además, ese mequetrefe no es más que
un gordo ambicioso y pretencioso. No te preocupes madre, creo que nadie va a
lograr quitarnos nada de ahora en adelante... Es más, estoy seguro.
Mariana: ¿Cómo estas tan seguro?
Amilkar simplemente
evadió la pregunta y le avisó que era hora de desayunar. Pero en su mente, el
chico estaba seguro de que nadie volvería a amenazar su felicidad, él no lo
permitiría nunca más, ni siquiera la de su propia familia. Él sabía que pronto
tendría noticias de su tío Edmundo y no dejaría escapar la oportunidad para
sentenciarle un castigo. Mariana había estado temiendo este momento, de hecho,
ella ya esperaba que Edmundo reclamara la propiedad en cualquier momento. En un
principio ella misma se cuestionó el cómo había sido la heredera de la mansión
y no su primo. Mariana recordaba haber escuchado del sin número de
confrontaciones que tuvo con Evangelina luego de que su abuelo muriera. Pero
después de haber perdido a su esposa y a su hijo en un incendio, parecía haber
perdido toda ambición por obtener la propiedad. Pero al parecer había
recuperado ese deseo.
Mariana y las chicas
trataron de crear un ambiente ameno para tratar de hacer sentir mejor a
Amilkar, pero había ocurrido algo en su interior que hacía que no disfrutara
más de la compañía como lo hubiese sido en otros tiempos. Amilkar se mantuvo
algo anímico y casi no pronunció palabra, tornándose la atmosfera en algo
tedioso de soportar. Las chicas no estuvieron mucho tiempo, pues habían quedado
con los padres de Ana para ir a visitar a otros familiares. Una vez que Amilkar
y su madre estuvieron solos, ella pensó que debía hablar del tema de una vez
por todas. Inspiró profundo y procedió:
Mariana: Hijo, tus amigas han tenido un gesto muy amable de su parte. No
creo que mantenerse serio todo el tiempo haya sido la mejor manera de
agradecerles por las molestias que se tomaron al venir aquí. ¿Seguro que está
todo bien?
Amilkar: ¡Sí, no pasa nada!
Mariana: Me he enterado de lo que pasó anoche en la fiesta...
Amilkar: ...
Mariana: Hijo, creo que debes entender que estas cosas suelen pasar. No
debes dejarte derrotar por ello.
Y sé que pensarás que son cosas que no me importan, pero ¿adivina qué?
sí me importan y mucho.
Amilkar no tenía
ganas de discutir con ella, así que simplemente escuchó lo que su madre le
tenía que decir. No sentía que fuera intromisión de parte de ella, pero no
estaba de acuerdo en que debía simplemente quedarse de brazos cruzados, pero
ese pensamiento era algo que él prefería no externar. Mariana trató de
convencer a Amilkar que había mucho tiempo para encontrar a alguien más; sin
embargo, él solo estaba esperando una cosa. Pero no fue sino hasta esa misma
tarde que todo el mundo se enteró.
Todos en la ciudad
comentaban lo ocurrido, Alfonso se había enterado por unos conocidos de su
trabajo, él recordó que el hijo de Mariana acudía a esa escuela, así que
después tocó ese mismo tema cuando estaba en compañía de ella. Todos sintieron
un profundo pesar, hubo mucha gente que estaba consternada ante tal desgracia.
Pero Amilkar no parecía ser el mismo, una vez que su madre salió de casa y él
se quedó solo, se reunió con las figuras que había encontrado. Colocó a cada
una de ellas delante de él. Todas parecían mirarle, pero su mirada muerta no
transmitía más que algo desvitalizado, la muerte. El chico trató de formular
una pregunta, pero entre todo lo que pensaba en ese momento, no sabía que
decir. No podía poner sus sentimientos en orden; por un lado, estaba complacido
de que Esteban hubiera recibido semejante castigo, pero por otro lado, no
dejaba de pensar en que Minerva hubiera padecido de igual manera. En el
instante en que la lástima por su amada se asomaba a la luz de su conciencia
para ser analizada, una oscuridad la atenuaba haciéndole ver las escenas de lo
que él consideró una irremediable traición.
Amilkar: No era más que una... una... una mujerzuela.
Amilkar cayó al
suelo, se llevó las manos a la cara y cubrió sus ojos; las lágrimas brotaron
tan fluidamente como dos ríos dolorosos, el llanto no se hizo esperar. Berreó y
gritó lo más que pudo teniendo la seguridad de que no sería escuchado por
nadie. Las marionetas solo atendían expectantes ante tal situación, aquella
escena parecía darles más vida a esos seres que no mostraban ningún sentimiento
por lo que su "amo" sentía en aquel momento de desesperación. Tan
pronto se reponía de su pesar, Amilkar se miraba al espejo, veía su rostro
lleno de lágrimas y era entonces como una enorme ira surgía de repente. Odiaba
lo que veía, odiaba verse tan débil y humillado.
Cuando Ana se enteró
de lo sucedido, salió de casa acompañada de su prima. Corrieron tan rápido como
pudieron. Ella pensaba que su amigo necesitaría de su apoyo para afrontar la
situación.
Amilkar abrió la
puerta, y las chicas se asombraron al ver que su estado anímico se conservaba
intacto, creyeron que quizá no se había enterado aún de lo que había pasado.
Ana dudó en ese momento sobre si comunicarle lo sucedido o no, pues temía que
la noticia le hiciera más daño. Pero tarde o temprano lo llegaría a saber, así
que decidió decírselo de una buena vez.
Ana: ¡Amilkar! ha sucedido algo terrible esta mañana. Algunos de los
compañeros de escuela sufrieron un terrible accidente.
Amilkar: ¿Qué dices?
Amilkar ya sabía lo
que Ana tenía que decirle, pero fingía un poco de sorpresa; algo bien
disimulada para no darse a notar ni levantar sospecha alguna.
Ana: He sabido que Esteban ha muerto.
En cuanto Amilkar
escuchó eso, no pudo evitar sentir una emoción muy fuerte, misma que le erizaba
la piel haciéndole percibir una descarga de adrenalina, aquellas palabras le
causaron una enferma alegría que le hizo sobresaltar por dentro. Entonces Ana
prosiguió:
Ana: Minerva ha logrado salvarse, ella está en el hospital de la
"Loma", dicen que está en estado crítico. Escuché que se encuentra en
terapia intensiva.
En lo más profundo de
su ser, Amilkar sintió un gran alivio. Cuando Ana pronunció eso último, el
chico salió de aquel estado anhedónico del que se encontraba. Pensaba en darle
una última oportunidad a la chica de la cual había estado enamorado. Un proceso
de alienación estaba suscitándose en el interior del joven, el poder que había
descubierto le hacía sentirse fuerte y capaz de decidir el destino de los
demás. Decidió que el destino de Minerva era estar a su lado, lejos de
cualquier otra persona. En ese instante salió sin decirle nada a las chicas, ni
tampoco a su madre. Ana no dijo ni una palabra y le siguió. Altagracia hizo lo
mismo.
Ana: (Algo ha sucedido, siento que Amil ha cambiado. Ya no sonríe como
antes, noto que su mirar no es el mismo. Algo ha pasado... pero ¿Qué será lo
que está sintiendo en estos momentos?).
El camino se sintió
algo largo y tedioso, el silencio entre los chicos hacía que la situación fuera
muy incómoda para todos. Ana quería romper la atmósfera de tensión que se había
generado. Así que se le ocurrió comentar sobre una experiencia familiar en la
que un tío suyo había sido internado en el mismo hospital al que se dirigían.
Mencionó que en ese lugar había muchos médicos capaces y muy bien entrenados,
que su tío había salido de aquel sitio sin ningún problema. Pero la leve
enfermedad que su familiar había padecido no era nada comparada con el
accidente de Minerva. Así que Amilkar solo escuchó lo que Ana había dicho y
sonrió un poco; realmente no había aprobado nada de lo que su amiga había
dicho, pero él sabía que ella solo trataba de reconfortarlo, esa fue su manera
de agradecerle.
Al llegar a dicho
hospital, Amilkar trató de pasar sin decir nada. Pero los guardias de seguridad
le detuvieron; resulta que para acceder al edificio necesitaba una
identificación oficial, pero como él había salido tan de repente no llevaba
consigo nada de eso. Pero Ana si tenía su credencial, sin embargo, solo podía
pasar una persona a la vez.
Ana: No te preocupes, si quieres yo entraré para ver como esta.
Amilkar: Esta bien, dime cualquier cosa que esté pasándole ahí adentro.
¡Necesito saber su estado!
Ana: No te preocupes, ya verás que ella está bien.
Minerva se encontraba
estable de momento, ella estaba ahora en el piso del área de medicina interna,
sin embargo, no estaba del todo consiente. Cuando Ana llegó a la habitación de
Minerva, no había nadie con ella.
Una enfermera que
sestaba cerca le dijo que sus padres habían tenido que retirarse para levantar
una demanda en contra del dueño del automóvil que les embistió.
Ana se acercó a
Minerva, cuando la vio, su sorpresa fue grande al ver el estado de la chica.
Ana: ¡No puede ser! ¡Minerva! ¡Por dios! ¿Qué diablos pasó?
Las lágrimas
escaparon repentinamente de los ojos de Ana. Una presión en el pecho y un nudo
en la garganta fueron las sensaciones que le provocó aquella triste imagen.
Sintió deseos de abrazarle y de darle ánimos, pero Minerva se encontraba
sedada, solo balbuceaba incoherencias. A pesar de que Minerva fuera el amor
platónico de Amilkar, Ana no guardaba ningún sentimiento negativo hacia ella.
Ana intentó acariciar la frente de Minerva, pero justo cuando llegó a tocarle,
Minerva gritó el nombre de otra persona.
Minerva: ¡Alejandro! ¡Alejandro! ¡Alejandro!
Alejandro, un chico
que en el pasado había rechazado a Minerva. Él era considerado por muchos
como el galán de la escuela de la cual provenía Minerva antes de iniciar
en la actual. El despecho que sentía le había convertido en una persona
superflua que no hacía otra cosa que repetir lo que Alejandro había hecho con
ella. Ana no sabía eso, así que creyó que podría tratarse de algún hermano u
otro familiar. Ana se asustó y retrocedió después de eso. Una enfermera le
pidió que saliera de la habitación inmediatamente. No pudo estar mucho tiempo
con su compañera, pero si lo suficiente para saber que se encontraba en un
estado no muy favorable. No quería contarle a su amigo sobre cómo se veía la
chica, pero de algún otro modo no quería mentirle, pues temía que descubriese
la verdad. Solo pensaba en omitir algunos pequeños detalles.
Amilkar: ¿Cómo esta ella? ¿Está muy mal?
Ana: Ella está estable. Hay muchas vendas en su cuerpo, no pude ver bien
su rostro ni su cuerpo. Esta sedada así que tampoco pude hablar con ella.
Además de que una enfermera me interrumpió y no pude estar más tiempo.
Amilkar: Entiendo
Amilkar sintió mucha
gratitud al saber que Minerva estaba bien, por lo menos parecía ser que estaba
fuera de peligro. Ana quiso que Amilkar le acompañara a hacer algunas cosas,
pero este se negó diciendo que tenía que ayudar a su madre con algunos deberes.
Pero en realidad solo fue a encerrarse en su casa a pensar sobre todo lo
sucedido. Estaba confundido, él reconocía que había sentido, en algún momento,
alegría por lo sucedido, pero al mismo tiempo también se alegraba de que ella
estuviera a salvo. No le importaba la vida de las demás personas que habían
estado involucradas en aquel fatídico accidente. Solo se sabía que Esteban
había sido la única víctima mortal. Los otros chicos habían tenido lesiones
leves solamente.
El día paso demasiado rápido, el joven no quiso entablar conversación
con nadie, ni siquiera con su madre quien se esforzaba por hacerle sentir
mejor. Amilkar, harto de las cosas que sucedían a su alrededor se tumbó en su
cama y espero pacientemente a que el sueño reclamase su conciencia; sin embargo,
esta se resistía a dejarse vencer. Cerró los ojos y trató de evocar
pensamientos más felices, hasta que una enlentecida voz susurró...
Zarofis: ¡Amo!… ¡amo!...
Amilkar: ¿Quién es?
Amilkar se
reincorporó instantáneamente. En medio de la oscuridad trató de visualizar a
alguien, pero no había nadie más en la habitación. Enseguida notó que las
viejas marionetas estaban mirándole fijamente desde un mueble sobre el cual
habían estado reposando.
Con cierta precaución
preguntó:
Amilkar: ¿Son ustedes?
Zarofis: Disculpad mi impertinencia. Hay algo que creemos que debéis
saber.
Amilkar: ¿De qué se trata?
Amilkar encendió la
luz, y miró a las marionetas, las cuales solo se movían esporádicamente para
cambiar la posición de sus cuerpos, pero no había movimiento en sus bocas.
Entonces el chico se preguntó ¿Cómo es que pueden estar hablándome?
Zarofis: Ejecutamos la orden que vuestro corazón mandó. Pero vuestro
deseo era diferente y se contrapone a vuestra ley. Denos vuestra nueva orden, vos
sabéis más de lo que vos creéis. El mundo os dará cuenta de lo que necesitéis
saber.
Entonces la voz de la
marioneta que estaba hablando dejó de escucharse por un breve momento. De
repente otra voz se escuchó, Amilkar la reconoció al instante, era la voz de
Mariana. Escuchó como ella llamaba a un hombre, cuando gritaba el nombre de un
tal Alejandro. Después de eso tuvo una especie de visión, era como si sus ojos
pudieran ver el instante en que Ana estaba frente a Minerva en aquella
habitación de hospital. En el momento en que escuchó el llamado tan aclamado de
aquel infame, Amilkar volvió a encolerizar deseando la destrucción de aquel
inocente. ¿Quién era él? ¿Por qué Minerva le llamaba tan fervientemente?
Entonces, como si de un momento a otro despertara en otro lugar, Amilkar
presenció la escena en la que el tal Alejandro rechazaba a Minerva; oyó cada
palabra y sintió el desprecio como algo personal. Amilkar observó con rabia la
imagen que se le presentaba de Alejandro, casi como si intentara grabar su
rostro en su memoria.
Amilkar: (Él es el responsable... ¡él tiene que pagar!) pero ¿Dónde le
encuentro?
Zarofis: Aquel se encuentra en...
Las marionetas sabían
dónde encontrar a la persona que su amo les ordenaba localizar. No había forma
de escapar de ellas, era casi imposible, a menos que conocieran una forma de
manejar su propia presencia y, aun así, esas cosas tenían sentidos
extraordinarios.
El ojo de la venganza
se había posado sobre una nueva víctima, y así se dio inicio a la catástrofe, a
la maldad, al regreso de uno de los amos de la oscuridad. Un ser fuliginoso
sediento de sangre.
Zarofis: Sabemos lo que vuestro corazón desea señor nuestro, dejad que vosotros
cumplamos vuestro deseo. La orden que habéis escrito con sangre, vosotros la
cumpliremos a hierro y espada.
Amilkar: ¿Cómo piensan hacerlo? Ustedes... ¿ustedes le hicieron eso a
Esteban?
Zarofis: No hemos hecho nada que vuestro corazón y vuestra mente no
hayáis mandado.
Amilkar: ¿Qué quieres decir? ¿Me estas llamando asesino?
Zarofis: En lo absoluto, vos no es ningún asesino. ¡vosotros sí!
¡Haremos lo que vuestro amo ordene! Todo correréis a cuenta vuestra, señor,
despreocupéis de todo ello.
Amilkar: ¡Yo solo deseo que Mariana no tenga a nadie más a quien amar
que a mí!
Al momento de decir
eso último. Todas las marionetas se miraron entre sí. Y la voz sepulcral de
Zarofis dijo:
Zarofis: ¡Sus deseos son vuestra ley!
La noche acaecía, el
firmamento era oscuro y tenebroso esa noche. No hay escapatoria para los que se
interponen entre los designios de los amos oscuros. Así, mientras Amilkar
dormía, aquellas figuras extrañas e infernales se iban consumiendo en la
oscuridad de la noche, como si desaparecieran una a una. El chico cayó en
completa inconsciencia, y aquellos muñecos dejaron de hacerle compañía, no se
encontraban más en aquella habitación.
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