domingo, 16 de enero de 2022

 

CUANDO LA SANGRE ESCURRE HACIA EL INFIERNO

Aquella terrorífica marioneta comenzó a mover su cabeza poco a poco hasta dirigir su oscura y fría mirada a Amilkar. El chico estaba completamente asombrado de lo que estaba presenciando. Estaba muy atento a los movimientos que la muñeca realizaba, era como si estuviera despertando de un gran letargo. 

Amilkar: ¿Tú eres la que me habló en el sueño?

Ofuku solo asintió con la cabeza para responder a la interrogante.

Amilkar: Dijiste que me darías poderes ¿Qué clase de poderes son esos?

La muñeca no podía responder dado que carecía de la capacidad de hablar, y solo podía emitir sonidos perturbadores. 

Amilkar: No puedes hablar ¿cierto?

Entonces, un estrepitoso viento corrió por la habitación; lo más inquietante era que las ventanas estaban cerradas, así como la puerta de acceso a la habitación, no podía entrar nada. Pero ¿de dónde había provenido aquel viento entonces? Ofuku estaba demostrando un poco de su fuerza delante de quien había escogido como su amo. Amilkar lo entendió entonces, pero lo que no sabía era, cómo es que lo había escogido precisamente a él entre tanta gente. Ofuku levantó su mano derecha para señalar la puerta.

Amilkar: ¿Quieres que salga?

Ofuku nuevamente asintió con la cabeza. 

Entre el asombro, el miedo y la incertidumbre, el joven trataba de tranquilizar su agitado corazón. La marioneta iba señalando el camino a seguir mientras Amilkar solo se dejaba guiar. Él se dio cuenta de que Ofuku lo estaba guiando hacia afuera de la casa, seguramente intentaba conducirlo hacia la trampilla que estaba en el patio trasero, hacia las cuevas. 

Amilkar: (¡Es increíble, no puede ser cierto! ¿Cómo es que algo inanimado como esta vieja marioneta puede moverse? ¡Tía Evangelina, acaso esto es obra tuya!).

Amilkar salió de la casa de la manera más sigilosa que pudo. Tuvo éxito al sacar las cajas que había dejado a los pies de aquella escalera que conectaba la superficie con los abismos. Apenas iba clareando el cielo cuando Amilkar sacó la última caja, los primeros rayos de luz iluminaron la ciudad, y con el nuevo día, un secreto había sido desentrañado. Había podido introducir todas las cajas a la casa, estaba extrañado de que su madre no se hubiera despertado aun, por lo que antes de proseguir con otra cosa, quiso asegurarse de que estuviera bien. Le había resultado muy fácil llevar las cajas a la superficie ¿Podría Ofuku tener algo que ver? Enseguida fue a la habitación de Mariana, giró la perilla de la puerta muy despacio, hasta que abrió la puerta y se percató de que su madre estaba en la regadera, eso pudo notarlo por el sonido del agua que corría y porque su madre siempre tarareaba una canción cualquiera al bañarse. 

Cuando Amilkar regresó a su habitación, se quedó petrificado por un segundo cuando vio que todas las figuras que alguna vez había visto solo en sus sueños, estaban delante de él. 

"Un segundo en que el tiempo pareció detenerse, la maldición había sido desentrañada de un oscuro lugar al cual siempre debió de pertenecer y nunca abandonar. El efecto de los consortes de la maldad había dado rienda suelta a los esbirros de la noche. La sangre coagulada en un rio de llanto y desolación, corría nuevamente alimentándose de las vidas que en vano trataban de pagar la llama más oscura de todas. La influencia monstruosa de aquel desvelo se sintió hasta en lo más recóndito del mundo."

Amilkar observó que había algo más en el suelo, eran los frascos de aquella loción violeta, estaban vacíos ahora. Enseguida las siete marionetas dirigieron su mirada hacia el joven. Sus ojos muertos y siniestros sentían el miedo creciente en el chico. Entonces, como si hubiera sido producto de algún ente detractor, Amilkar recordó aquella escena en donde su platónico amor se encontraba en los brazos de otro hombre. Las lágrimas comenzaron a brotar de pronto, con cada una de ellas se escapaba algo de la humanidad del mancillado muchacho. Aquellas figuras tenebrosas solo miraban al joven atormentado, incapaces de gesticular o demostrar alguna emoción, solo estaban expectantes ante el sufrimiento, el cual no parecía disgustarles del todo. La humillación que había sufrido Amilkar comenzaba a cobrar su atención nuevamente. Su piel se tornaba de un color más encendido, un color rojo bravo, las venas saltaban y su expresión denotaba coraje, un profundo coraje.

Amilkar: ¡Maldito seas Esteban! ¡MALDITA LA HORA EN QUE NACISTE!

En su mente solo existía el pensamiento de venganza, de ver sufrir a las personas delante de él. No le importaba el cómo, solo quería que alguien sintiera lo que él estaba sintiendo en ese momento. las palabras que había dicho Esteban retumbaban una y otra vez en su memoria. Entonces se le vino a la mente una pregunta; recordó que había escuchado unas voces en su sueño reciente, pensó que probablemente se trataba de la forma de comunicarse de las marionetas. Por lo que pregunto: 

Amilkar: ¿Ustedes podrían ayudarme a castigar a los culpables?

Todas las muñecas asintieron. El enojo del muchacho era ahora más grande que su miedo, además de que quería saber qué clase de poder era el que se presentaba a su servicio. Pero se preguntaba acerca del cómo es que unas muñecas antiguas podrían serle de utilidad. Entonces una de ellas dio un paso al frente; Amilkar no sabía cómo dirigirse a esa marioneta, solo conocía el nombre de Ofuku. Entonces la figura señalo la caja de la cual había provenido, en ella estaba grabado el nombre Zarofis. 

Amilkar: ¿Zarofis? ¿ese es tu nombre?

Una voz se escuchó en la generalidad de la habitación, como si alguien hablara a través de algún aparato que apagara un poco la voz, pero a la vez, la hacía sonar como si proviniera de todas partes, era muy débil, apenas audible, pero lograba entenderse a la perfección.

Voz: ¡Disculpad mi grave intromisión! no es mi intención faltaros al respeto, amo. 

Amilkar volteo hacia todas direcciones, y luego se detuvo a mirar a Zarofis.

Amilkar: ¿Eres tú? ¿Zarofis?

Zarofis: Así es amo, soy yo, su humilde sierva. Soy la única que puede comunicarse de esta manera. Disculpad también la sutileza de mi voz, pero es para no hacerle daño alguno. Yo me encargaré de resolver su angustia en esta ocasión. Ofuku puede comunicarse con vos por medio de los sueños, cada uno de nosotros tenemos una manera especial de actuar. 

La voz de Zarofis era pausada y con un tono grave tendiendo a ser femenino. Ella concluyo diciendo:

Zarofis: Nuestra fuerza aún no es total, por ello le ruego que me dejéis observar a la persona que tanto daño le ha hecho a vos.

Amilkar quería hacer padecer a Esteban primero, de ahí, intentaría obligar a Minerva a sentir algo por él. Pero antes de eso...

Amilkar: ¿Qué le sucedió a la tía Evangelina?

Enseguida, Zarofis le contestó, que Evangelina había sufrido un grave accidente, que había resbalado cerca del barandal de la escalera principal de la casa y había caído de cabeza causándose un trauma severo en cabeza. Pero la respuesta fue muy cortante y tajante, el aspecto amenazador de esas muñecas evitaba que Amilkar pensara en profundizar acerca del tema, aparte de la sed de venganza que sentía en aquel instante. Pudiera ser que Evangelina hubiera enloquecido por jugar con fuerzas desconocidas. No obstante, por alguna razón, una idea vino a su cabeza, quería vengarse de Esteban lo antes posible y quería hacerlo en público para borrar la humillación que le hizo pasar delante de tanta gente. 

Los chicos como Esteban siempre estaban tratando de mostrar que eran mejor que los demás, pero lo hacían demostrando su supremacía física. Él y sus amigos siempre retaban a otros chicos de la escuela a una partida de futbol que solía terminar en arrebatos y escándalos. Ese era un escenario perfecto para que Amilkar pudiera poner en marcha un plan que le hiciera, a su enemigo, perder todo el respeto de sus supuestos amigos. él sabía que los fines de semana siempre había partidos de futbol en la plaza central de la ciudad, sin duda alguna Esteban estaría allí, y ese sería un día que jamás olvidaría.  

Tan luego su madre se levantó, quiso hablar con su hijo de lo ocurrido anoche, pero sabía que era demasiado pronto para tocar el tema, y que además, su hijo habría pasado una mala noche y que probablemente no habría superado nada todavía. De cualquier forma, su madre debía hablar con su él. Mariana intentó ser lo más prudente posible, pero Amilkar no tenía deseos de hablar de nada, tan solo respondía de una manera cortante cada una de las interrogantes de su madre. Bajaba la mirada y seguía de largo. Esa mañana salió a caminar sin decir nada más a su madre. Mariana entendía que el chico pasaba por una situación muy difícil, pero confiaba en que pudiera superarla pronto. Pero en realidad, Amilkar llevaba en su morral a la mortal marioneta Zarofis para su primera demostración de lo que era el poder del marionetista, un absoluto amo de la oscuridad. 

Aún era muy temprano, el sol había salido hace poco, pero era hora de comenzar con los partidos de futbol matutinos; sin embargo, algunas personas dormían aún, y una de ellas era Altagracia. Ella estaba teniendo un sueño muy pesado, sudaba, se quejaba, parecía estar pasando por alguna especie de problema. Lo que ella veía en realidad eran imágenes devastadoras, en las cuales se mostraba gente sufriendo. Los escenarios parecían salidos de los libros de historia, pues eran lugares remotos pertenecientes a otras épocas. Ella soñaba con una aldea que estaba siendo azotada, una aldea pobre que estaba al servicio de un señor feudal. Pero era de noche, había fuego por doquier, gente gritando y llorando, algunos muertos por aquí y por allá. Ella estaba en centro de esa aldea, miraba hacia todos lados, estaba totalmente confundida; no entendía lo que estaba pasando. De pronto, una silueta se hizo presente, un hombre de vestimentas muy extrañas y extravagantes que atravesaba las llamas caminando; aunque ella no pudo verle el rostro, se daba cuenta de que era una persona muy importante, pues su apariencia destacaba por sobre la de los demás. Enseguida, aquel hombre extendió su brazo y abrió su mano, había un niño enfrente de él. Aquel sujeto pronunció unas palabras mientras el pequeño se quedaba inmóvil, los ojos del chico denotaban una angustia enorme. Sin más, su cuerpo se prendió en llamas, unas brutales flamas tan densas que parecían consumir todo aquello que abrazaran. Los desgarradores gritos del infante y los insólitos movimientos del mismo por apagarse el fuego, hicieron que Altagracia despertara súbitamente de aquella cruel pesadilla. 

Altagracia: ¡Dios!... ¿Qué demonios ha sido eso?... 

Altagracia se dio cuenta de que había lágrimas en sus ojos, y que estaba impregnada de sudor; su corazón estaba muy agitado y ella muy impresionada. Podía recordar aquella última escena de su pesadilla; agradeció profundamente de que aquello se tratara solo de una pesadilla. No pudo volver a conciliar el sueño, observó que Ana aún estaba dormida, así que decidió irse a dar una ducha para relajarse un poco. 

Mientras tanto, en otra parte muy lejos de ahí...

Mayordomo: ¡Señorita! ¿Está usted bien? ¿le ocurre algo?

Srita. Otlacotzi: Sí James, estoy bien, es solo que he logrado sentir algo.

James: ¡Pero mírese nada más! ¡Está pálida! ¿Necesita ver a un médico?

Srita Otlacotzi: No james, sabes muy bien que no necesito de nadie de ellos para recuperarme de cualquier cosa. Esto es más un asunto serio… muy serio.

James: Se refiere a...

Srita Otlacotzi: Sí, aunque tengo mis dudas, creo que uno de ellos ha aparecido al fin. Es momento de dejar de vigilar y actuar de una buena vez antes de que algo suceda.

James: ¿Pero sabe cuál de todos es el que ha aparecido?

Srita. Otlacotzi: Me es imposible saberlo, no sé quién es ni tampoco si ha despertado con toda su fuerza o no. Pero creo que definitivamente es uno de ellos. Hace ya algún tiempo que había dejado de sentir su fuerza. Traté de ubicarle, pero fallé en todos mis intentos.

James: Usted había dicho que sentía la presencia hacia el occidente. 

Srita. Otlacotzi: Así es, sentí la fuerza brutal de esos monstruos, pero de algún modo supo apagarla y desconcertarme. Incluso le avisé a Ernestina que había logrado localizar a uno de esos oscuros; ella inmediatamente confirmó mis percepciones. Pero después de que comenzamos a movilizarnos, dejó de ser perceptible. Supusimos que aquello había cambiado de locación una vez que lo detectamos, pero no creo que le importara mucho que alguien como nosotros supiera de su paradero. Nadie más pudo determinar el origen del ese mal. Pero solo hay diez naciones en occidente donde no hay destructores, así que los demás están vigilando esos países. 

James: ¿A qué país nos dirigiremos nosotros, señorita?

Srita. Otlacotzi: ¡Ni te imaginas! afortunadamente nos ha tocado regresar a casa.

James: ¡Eso es una buena noticia madame!

Srita. Otlacotzi: Así es James, así es... solo que... no puedo dejar de preguntarme... Sí es que seremos capaces de detenerlos.

James: Hare las maletas y prepararé todo para salir cuanto antes.

Pero al mismo tiempo...

Amilkar se había dirigido al parque central, ahí estaban sus compañeros, tal como lo esperaba, ellos estaban tratando de competir contra los estudiantes de otras escuelas. Muy seguramente ahí estaría el fanfarrón de Esteban. 

Ivan: ¡He!¡ Amilkar!

Amilkar: ¡Eh!

Ivan: Soy yo amigo, he venido para animar al equipo. ¿Tú has venido a lo mismo? ¿Qué traes en esa maleta? parece demasiado pesada.

Amilkar: ¡No la toques!

Ivan: ¡Oh, lo siento! discúlpame, no quise ser impertinente. (Supongo que aún no ha superado lo que sucedió anoche). Dime, ocurre algo.

Amilkar: ¡No, solo déjame en paz!

Ivan: ¿Es por lo que ocurrió ayer?

Amilkar: ¿Qué diablos sabes tú de eso?

Ivan: Bueno, la verdad es que lo sabe toda la escuela. Dayana y sus amigas...

Amilkar: De manera que ahora soy el hazme reír de toda la escuela.

Ivan: No lo tomes así, yo sé que son una bola de imbéciles, pero quiero que sepas que yo siento mucho lo que ha pasado. No tenían derecho a ...

Amilkar: No me hace falta tu lastima, solo quiero estar solo. ¡DEJAME EN PAZ!

Ivan: ¡Espera! ¡Amilkar, aguarda!

Clara: Ivan ¿a quién le gritas?

Ivan: No, a nadie, es solo que...

Clara: ¡Vaya! ese chico de nuevo. Creo que debes alejarte de él, creo que es muy extraño.

Ivan: ¡Eso no es cierto!

Clara: No lo sé Ivan, creo que nunca le ha interesado empatizar con nadie más que con una sola chica. ¿Estás seguro que obtendrás algo bueno de él?

Ivan:...

Amilkar pensó que era mejor pasar inadvertido, pues si llegaba a ser visto por Esteban o alguno de sus amigos, seguramente comenzarían a burlarse de él y sería más difícil llevar acabo su prueba. Así que uso un pasamontaña viejo para que nadie le reconociera otra vez. No pasó mucho tiempo hasta que por fin vio donde se encontraba su objetivo. Decidió esconderse bajo las gradas y observar de lejos a su enemigo. El viento comenzó a soplar de repente, fue algo violento. Las nubes comenzaron a aparecer poco a poco y a cubrir el cielo; sin embargo, no hubo ninguna oscuridad ni tampoco aquel ventarrón duró mucho tiempo.

Los ojos de Amilkar estaban fijos en la figura de Esteban, aquel quien había osado mofarse de él, y además, abusar de la chica de la cual estaba enamorado. Una sensación de vacío bajo de su corazón hacia su estómago haciéndole sentir rabia y ganas de gritar. Pero pudo contenerse, no obstante, sus ganas de hacer daño eran tales que comenzó a temblar, pero no era un temblor debido al nerviosismo; más bien, era un temblor de odio el que le dominaba. Bajo la influencia de la desgraciada imagen que había presenciado la noche anterior, Amilkar abrió su morral para descubrir la mortal cara de la muerte. Sacó a Zarofis de la mochila y le susurró al oído.

Amilkar: ¡Aquel es el enemigo!

Esteban estaba como delantero del equipo, estaba muy contento pues el marcador estaba a favor de su equipo. La grandeza era el vestido que le adornaba aquella mañana, lo que no sabía, es que quedaría desgarrado por la desgracia. 

Esteban estaba a punto de anotar un gol, hasta que la mano de Zarofis le señaló. Una melodía en el ambiente helaba el corazón de los señores...

"Y las cuerdas comenzaron a tocar, aquel órgano funesto entonó la música de la locura, de la maldad, de la perdición y del desquicio. Diabólicos los entes que evocan la muerte en este momento, pues el oscuro corazón es fuerza motriz de los sucesos perturbadores que cegaran esta vida que ha aceptado a las majestades oscuras. Todos, hijos de la vida son hijos también de la muerte, los unos vieron la cara de la gloria; los otros miraron a la vil infamia. Y de un suspiro arrancó la fuerza del barro para volverlo polvo de nuevo. Melodía punzante que alimentas el miedo y la ansiedad, muestra a tus súbditos la realidad de tu naturaleza en la carne que has de corromper. Música siniestra, que el peligro anuncias en el mundo, resuena para siempre en los oídos de los condenados".

Esteban se detuvo, comenzó a sudar de una manera profusa, todo le daba vueltas, no podía mantener la mirada fija en un punto, era como si estuviera mareado. Con cada segundo, la percepción de un movimiento circular que experimentaba aumentaba más y más. Entonces comenzó a gritar como desesperado pidiendo ayuda, inmediatamente cayó al suelo y tomo su cabeza para tratar de dejar de sentir el movimiento. Muchos de los espectadores comenzaron a preocuparse, los demás compañeros de juego del chico fueron en su ayuda. Pero no había ningún médico que pudiera auxiliar, nadie comprendía lo que estaba sucediendo; algunos incluso creyeron que el muchacho estaba bajo los efectos de alguna droga. Una sensación de un frío vago recorrió el cuerpo de la víctima y un intenso dolor le hizo doblarse, entonces comenzó a vomitar sangre; finalmente un grito desgarrador terminó con el sufrimiento del joven. Todos los allí presentes se horrorizaron por aquella escena, enseguida tomaron el cuerpo e intentaron trasladarlo a un hospital. Amilkar miraba satisfecho desde la distancia, él pensó que aquel imprudente había obtenido su justo castigo de la manera más apropiada. 

Mientras Amilkar sonreía, se escuchó que una mujer gritaba muy angustiada. Cuando Amilkar volteó a mirar, se percató que era Minerva. Ella corrió junto con los chicos que trasladaban el cuerpo a un automóvil, intentaron ir lo más rápido que pudieron; fue tanta la desesperación, la confusión y la ansiedad de los jóvenes que no se dieron cuenta de que otro automóvil salió de repente, este iba perpendicular a su dirección y terminó colisionando con el auto de los desafortunados muchachos. 

Amilkar solo pudo quedarse helado ante lo que había sucedido justo frente a sus ojos, era como si hubiera dejado de respirar o percibir cualquier sensación por unos segundos. Las fuerzas de sus piernas desistieron y dejaron caer el cuerpo del chico. Todo había pasado tan rápido, era increíble lo que había sucedido. 

Amilkar: (¿Ella también se lo merecía? ¿Qué está pasando?... ¡Sí!... definitivamente ella se lo merecía... se burló de mí, sabía que yo estaba enamorado de ella y aun así decidió traicionarme, hacerme quedar como imbécil delante de todo el mundo. Pero yo la quería... no podría haberle hecho daño) …

Todos corrían de un lado a otro; Amilkar aprovechó la confusión y el caos para huir del lugar. Su cabeza estaba hecha un torbellino de pensamientos, estaba asustado por que aquello había ido más allá de los límites que él esperaba. No le importaba ni tenía remordimiento por haberle causado un mal a Esteban o a alguno de los chicos que estaban a bordo del auto, pero si estaba preocupado porque Minerva hubiese salido lastimada. Pero había algo más que le estaba incomodando, el hecho de que esa preocupación solo fuera pasajera, porque no sentía culpa, solo una leve preocupación. Sin embargo, había un aire de satisfacción que le inundaba y que podía más que aquello.

Amilkar volvió a casa tan rápido como pudo. Pero justo antes de llegar se topó con su amiga quien venía acompañada de su prima. Ana le miró sorprendida y le dijo:

Ana: ¡Amilkar! No sabía que habías salido tan temprano. ¿Ya estas mejor?

Amilkar: Eh... bueno... solo salí un momento para despejarme. 

Ana: Pero ¿ya te sientes mejor o no?... aunque, te miro algo diferente. 

Amilkar: No, es solo que salí a correr un momento para desestresarme. 

Altagracia: Pero no creo que eso te haya hecho ningún bien, te ves demasiado pálido.

Amilkar: Es solo que no he desayunado y creo que me exigí demasiado. 

Ana: ¡Genial! Ana y yo trajimos algunas cosas para desayunar. Espero que no te importe.

Amilkar: En lo absoluto, estaba a punto de entrar a casa, creo que mi madre aún no se ha levantado. 

Ana no sabía si era prudente abordar el tema de la noche anterior, Amilkar parecía no encontrarse del todo bien. Además de que aún era muy pronto para todo, ella sabía sobre el amor que le profesaba su amigo a Minerva, así que sabía que no sería fácil olvidarla, pero ella se sentía con el compromiso moral de apoyarle, y para ello necesitaba saber el estado mental de él. 

Las chicas entraron a la casa y enseguida se dirigieron a la cocina. La madre de Amilkar ya había despertado. Ella creía que la noche había sido suficiente para atenuar todo el revoltijo de pensamientos en la cabeza de su hijo, y estaba decidida a abordar el tema inmediatamente. Pero cuando escuchó las voces de las chicas, creyó que era mejor postergarlo para cuando estuvieran solos. 

El accidente automovilístico que se había suscitado hace unas horas ya era noticia, desafortunadamente aquel incidente había cobrado la vida de tres jóvenes, entre ellos Esteban. Minerva había escapado de las garras de su mortal destino; sin embargo, no había salido bien librada de ello, desgraciadamente ella había caído en un coma profundo y se encontraba en estado crítico. Inmediatamente, las unidades oficiales llegaron al lugar donde habían ocurrido los hechos. Los testimonios de los testigos apuntaban a que el punto de origen había sido el ataque sufrido por su compañero en el campo deportivo. Todos los síntomas que había sufrido Esteban fueron reportados a la policía, ello llevo a investigar la causa, por lo que se les practicó la autopsia a los cuerpos. El examen no arrojó datos orgánicos de patología, ni tampoco los análisis toxicológicos; si había cierto grado de alcohol, pero nada que pudiera ocasionar los síntomas de Esteban. Todo ello llamó la atención de los investigadores, en especial del oficial Loyola. 

ALIENACIÓN

Oficial Ramírez: ¡Oye Loyola! ¿no te parece conocida esta descripción?

Loyola: Sí, he leído el informe hace unos minutos. No sé qué puede estar sucediendo... ni los médicos han podido determinar la causa del ataque que sufrió ese joven. Ni siquiera un maldito ateroma o algo que pudiera causar toda la sintomatología. Pero no creo que se esté repitiendo este patrón... ¿oh sí?

Oficial Ramírez: No lo sé, aquí en el informe dice que aquel muchacho gozaba de buena salud, no hay ninguna causa aparente para el supuesto ataque antes de accidente. En sí el joven murió por un traumatismo craneoencefálico severo y una hemorragia subdural profusa, producto del choque. Pero de lo demás no hay nada.

El oficial Loyola se resistía poco a creer que los incidentes previos, que relacionaban indirectamente a Evangelina y los desaparecidos, se estuvieran repitiendo de nuevo. Incluso, aquel informe concordaba con los ataques sufridos por varias personas que se atrevieron a investigar la mansión de la familia Mendoza, algunos detectives comentaban incluso ver sombras que los señalaban todo el tiempo y en ocasiones llegaban a desconocerse a ellos mismos. Hubo, además, una detective que había caído en un estado de choque; a pesar de que los médicos no habían reportado normalidad en sus sistemas, ella se encontraba en una especie de estado catatónico no muy diferente de la muerte. Poco después de que ocurrió el incidente en que la señorita Evangelina falleció, la detective salió del coma milagrosamente. Gente que se enfermaba sin razón aparente y de manera repentina, la mayoría de los involucrados en las investigaciones en la mansión. Había algo que no dejaba en paz al oficial sobre todo ese asunto. Y ahora, la muerte de ese joven había picado en una espina que Loyola tenía enterrada en la mente y que le producía un gran estrés.

Loyola: Esto no se había visto desde que...

Oficial Ramírez:  No me digas que de nuevo pensarás en... ¡oh! no tiene caso que adelantes conclusiones todavía, ni siquiera sabemos si se han agotado todos los análisis practicados. Puede que haya habido alguno que pasara por alto algunas sustancias psicoactivas; ya sabes cómo son este tipo de jóvenes, les encanta experimentar todo tipo de cosas. Se dice que había un poco de alcohol en su cuerpo, no dudes que en esas fiestas hay más que alcohol.

Loyola: Pero los exámenes son concluyentes Ramírez...

Loyola solo se mantenía pensativo, intentando convencerse así mismo de que el caso de la mansión Mendoza había concluido para siempre. Pero había cosas que Loyola había presenciado, y que le dejaban una interrogante difícil de olvidar. Los oficiales Burgos y Ramírez creían que muchas de las cosas sucedidas en el caso en el que habían trabajado previamente era fruto de una macabra casualidad, pero había otros sucesos a los cuales no les podían calificar de esa forma, por ello decidieron olvidarse del caso y seguir con todo el trabajo acumulado que tenían agobiándoles.

Mientras tanto, Amilkar y sus amigas se habían reunido en la cocina para comenzar a preparar el desayuno. Mariana había ido a su habitación para cambiarse de ropa, ya que saldría con Alfonso para hacer unas compras. Ana y Altagracia bromeaban ente ellas, intentaban decir cualquier cosa que pudiera animar a Amilkar a olvidar todo lo sucedido y motivar su humor, pero entre más lo intentaban se daban cuenta de que su amigo seguía ausente y ensimismado. Aunque en esta ocasión, no era por lo ocurrido en la noche previa, sino más bien, por los sucesos recientes que no tardarían mucho en darse a conocer. 

Las chicas habían terminado de preparar el desayuno, solo esperaban a que Mariana llegara al comedor, pero ya había pasado buen rato desde que les había dejado solos. Amilkar subió para avisarle que todo estaba listo y que bajara a desayunar. Cuando el chico entró en la habitación, vio que su madre estaba muy seria, en realidad ella estaba ofuscada, entonces Amilkar le preguntó:

Amilkar: ¿todo está bien?

Mariana no quería alarmar a su hijo ni darle más preocupaciones así que solo dijo:

Mariana: Sí, no te preocupes no es nada.

Amilkar: Mamá, sé que algo te sucede ¿quieres hablar de ello?

Mariana: No, enserio, no está sucediendo nada.

Amilkar no se encontraba de humor como para ignorar el estado de su madre, y mucho menos para jugar a las adivinanzas.

Amilkar: A mí no me engañas, algo serio ha sucedido como para que pongas esa cara. 

No tendiendo otra alternativa, y debido al tono de voz que había usado Amilkar para expresarse, Mariana decidió comentarle a su hijo lo que acababa de suceder.

Mariana: Tu tío Edmundo ha hablado conmigo... ha llamado para decirme que esta casa no nos pertenece a nosotros. Dice que él tiene derechos sobre ella y que Evangelina no era nadie para haber heredado la casa de esa manera. Está decidido a pelear por la propiedad. Incluso me dijo que ha presentado varios papeles ante las autoridades para validar su derecho.

Amilkar: No creo que consiga nada. Además, ese mequetrefe no es más que un gordo ambicioso y pretencioso. No te preocupes madre, creo que nadie va a lograr quitarnos nada de ahora en adelante... Es más, estoy seguro.

Mariana: ¿Cómo estas tan seguro?

Amilkar simplemente evadió la pregunta y le avisó que era hora de desayunar. Pero en su mente, el chico estaba seguro de que nadie volvería a amenazar su felicidad, él no lo permitiría nunca más, ni siquiera la de su propia familia. Él sabía que pronto tendría noticias de su tío Edmundo y no dejaría escapar la oportunidad para sentenciarle un castigo. Mariana había estado temiendo este momento, de hecho, ella ya esperaba que Edmundo reclamara la propiedad en cualquier momento. En un principio ella misma se cuestionó el cómo había sido la heredera de la mansión y no su primo. Mariana recordaba haber escuchado del sin número de confrontaciones que tuvo con Evangelina luego de que su abuelo muriera. Pero después de haber perdido a su esposa y a su hijo en un incendio, parecía haber perdido toda ambición por obtener la propiedad. Pero al parecer había recuperado ese deseo.

Mariana y las chicas trataron de crear un ambiente ameno para tratar de hacer sentir mejor a Amilkar, pero había ocurrido algo en su interior que hacía que no disfrutara más de la compañía como lo hubiese sido en otros tiempos. Amilkar se mantuvo algo anímico y casi no pronunció palabra, tornándose la atmosfera en algo tedioso de soportar. Las chicas no estuvieron mucho tiempo, pues habían quedado con los padres de Ana para ir a visitar a otros familiares. Una vez que Amilkar y su madre estuvieron solos, ella pensó que debía hablar del tema de una vez por todas. Inspiró profundo y procedió:

Mariana: Hijo, tus amigas han tenido un gesto muy amable de su parte. No creo que mantenerse serio todo el tiempo haya sido la mejor manera de agradecerles por las molestias que se tomaron al venir aquí. ¿Seguro que está todo bien?

Amilkar: ¡Sí, no pasa nada!

Mariana: Me he enterado de lo que pasó anoche en la fiesta...

Amilkar: ...

Mariana: Hijo, creo que debes entender que estas cosas suelen pasar. No debes dejarte derrotar por ello.

Y sé que pensarás que son cosas que no me importan, pero ¿adivina qué? sí me importan y mucho.

Amilkar no tenía ganas de discutir con ella, así que simplemente escuchó lo que su madre le tenía que decir. No sentía que fuera intromisión de parte de ella, pero no estaba de acuerdo en que debía simplemente quedarse de brazos cruzados, pero ese pensamiento era algo que él prefería no externar. Mariana trató de convencer a Amilkar que había mucho tiempo para encontrar a alguien más; sin embargo, él solo estaba esperando una cosa. Pero no fue sino hasta esa misma tarde que todo el mundo se enteró.

Todos en la ciudad comentaban lo ocurrido, Alfonso se había enterado por unos conocidos de su trabajo, él recordó que el hijo de Mariana acudía a esa escuela, así que después tocó ese mismo tema cuando estaba en compañía de ella. Todos sintieron un profundo pesar, hubo mucha gente que estaba consternada ante tal desgracia. Pero Amilkar no parecía ser el mismo, una vez que su madre salió de casa y él se quedó solo, se reunió con las figuras que había encontrado. Colocó a cada una de ellas delante de él. Todas parecían mirarle, pero su mirada muerta no transmitía más que algo desvitalizado, la muerte. El chico trató de formular una pregunta, pero entre todo lo que pensaba en ese momento, no sabía que decir. No podía poner sus sentimientos en orden; por un lado, estaba complacido de que Esteban hubiera recibido semejante castigo, pero por otro lado, no dejaba de pensar en que Minerva hubiera padecido de igual manera. En el instante en que la lástima por su amada se asomaba a la luz de su conciencia para ser analizada, una oscuridad la atenuaba haciéndole ver las escenas de lo que él consideró una irremediable traición. 

Amilkar: No era más que una... una... una mujerzuela.

Amilkar cayó al suelo, se llevó las manos a la cara y cubrió sus ojos; las lágrimas brotaron tan fluidamente como dos ríos dolorosos, el llanto no se hizo esperar. Berreó y gritó lo más que pudo teniendo la seguridad de que no sería escuchado por nadie. Las marionetas solo atendían expectantes ante tal situación, aquella escena parecía darles más vida a esos seres que no mostraban ningún sentimiento por lo que su "amo" sentía en aquel momento de desesperación. Tan pronto se reponía de su pesar, Amilkar se miraba al espejo, veía su rostro lleno de lágrimas y era entonces como una enorme ira surgía de repente. Odiaba lo que veía, odiaba verse tan débil y humillado.

Cuando Ana se enteró de lo sucedido, salió de casa acompañada de su prima. Corrieron tan rápido como pudieron. Ella pensaba que su amigo necesitaría de su apoyo para afrontar la situación. 

Amilkar abrió la puerta, y las chicas se asombraron al ver que su estado anímico se conservaba intacto, creyeron que quizá no se había enterado aún de lo que había pasado. Ana dudó en ese momento sobre si comunicarle lo sucedido o no, pues temía que la noticia le hiciera más daño. Pero tarde o temprano lo llegaría a saber, así que decidió decírselo de una buena vez.

Ana: ¡Amilkar! ha sucedido algo terrible esta mañana. Algunos de los compañeros de escuela sufrieron un terrible accidente.

Amilkar: ¿Qué dices?

Amilkar ya sabía lo que Ana tenía que decirle, pero fingía un poco de sorpresa; algo bien disimulada para no darse a notar ni levantar sospecha alguna.

Ana: He sabido que Esteban ha muerto.

En cuanto Amilkar escuchó eso, no pudo evitar sentir una emoción muy fuerte, misma que le erizaba la piel haciéndole percibir una descarga de adrenalina, aquellas palabras le causaron una enferma alegría que le hizo sobresaltar por dentro. Entonces Ana prosiguió:

Ana: Minerva ha logrado salvarse, ella está en el hospital de la "Loma", dicen que está en estado crítico. Escuché que se encuentra en terapia intensiva.

En lo más profundo de su ser, Amilkar sintió un gran alivio. Cuando Ana pronunció eso último, el chico salió de aquel estado anhedónico del que se encontraba. Pensaba en darle una última oportunidad a la chica de la cual había estado enamorado. Un proceso de alienación estaba suscitándose en el interior del joven, el poder que había descubierto le hacía sentirse fuerte y capaz de decidir el destino de los demás. Decidió que el destino de Minerva era estar a su lado, lejos de cualquier otra persona. En ese instante salió sin decirle nada a las chicas, ni tampoco a su madre. Ana no dijo ni una palabra y le siguió. Altagracia hizo lo mismo.

Ana: (Algo ha sucedido, siento que Amil ha cambiado. Ya no sonríe como antes, noto que su mirar no es el mismo. Algo ha pasado... pero ¿Qué será lo que está sintiendo en estos momentos?).

El camino se sintió algo largo y tedioso, el silencio entre los chicos hacía que la situación fuera muy incómoda para todos. Ana quería romper la atmósfera de tensión que se había generado. Así que se le ocurrió comentar sobre una experiencia familiar en la que un tío suyo había sido internado en el mismo hospital al que se dirigían. Mencionó que en ese lugar había muchos médicos capaces y muy bien entrenados, que su tío había salido de aquel sitio sin ningún problema. Pero la leve enfermedad que su familiar había padecido no era nada comparada con el accidente de Minerva. Así que Amilkar solo escuchó lo que Ana había dicho y sonrió un poco; realmente no había aprobado nada de lo que su amiga había dicho, pero él sabía que ella solo trataba de reconfortarlo, esa fue su manera de agradecerle.

Al llegar a dicho hospital, Amilkar trató de pasar sin decir nada. Pero los guardias de seguridad le detuvieron; resulta que para acceder al edificio necesitaba una identificación oficial, pero como él había salido tan de repente no llevaba consigo nada de eso. Pero Ana si tenía su credencial, sin embargo, solo podía pasar una persona a la vez. 

Ana: No te preocupes, si quieres yo entraré para ver como esta.

Amilkar: Esta bien, dime cualquier cosa que esté pasándole ahí adentro. ¡Necesito saber su estado!

Ana: No te preocupes, ya verás que ella está bien.

Minerva se encontraba estable de momento, ella estaba ahora en el piso del área de medicina interna, sin embargo, no estaba del todo consiente. Cuando Ana llegó a la habitación de Minerva, no había nadie con ella.

Una enfermera que sestaba cerca le dijo que sus padres habían tenido que retirarse para levantar una demanda en contra del dueño del automóvil que les embistió. 

Ana se acercó a Minerva, cuando la vio, su sorpresa fue grande al ver el estado de la chica.

Ana: ¡No puede ser! ¡Minerva! ¡Por dios! ¿Qué diablos pasó?

Las lágrimas escaparon repentinamente de los ojos de Ana. Una presión en el pecho y un nudo en la garganta fueron las sensaciones que le provocó aquella triste imagen. Sintió deseos de abrazarle y de darle ánimos, pero Minerva se encontraba sedada, solo balbuceaba incoherencias. A pesar de que Minerva fuera el amor platónico de Amilkar, Ana no guardaba ningún sentimiento negativo hacia ella. Ana intentó acariciar la frente de Minerva, pero justo cuando llegó a tocarle, Minerva gritó el nombre de otra persona. 

Minerva: ¡Alejandro! ¡Alejandro! ¡Alejandro!

Alejandro, un chico que en el pasado había rechazado a Minerva. Él era considerado por muchos como el galán de la escuela de la cual provenía Minerva antes de iniciar en la actual. El despecho que sentía le había convertido en una persona superflua que no hacía otra cosa que repetir lo que Alejandro había hecho con ella. Ana no sabía eso, así que creyó que podría tratarse de algún hermano u otro familiar. Ana se asustó y retrocedió después de eso. Una enfermera le pidió que saliera de la habitación inmediatamente. No pudo estar mucho tiempo con su compañera, pero si lo suficiente para saber que se encontraba en un estado no muy favorable. No quería contarle a su amigo sobre cómo se veía la chica, pero de algún otro modo no quería mentirle, pues temía que descubriese la verdad. Solo pensaba en omitir algunos pequeños detalles. 

Amilkar: ¿Cómo esta ella? ¿Está muy mal?

Ana: Ella está estable. Hay muchas vendas en su cuerpo, no pude ver bien su rostro ni su cuerpo. Esta sedada así que tampoco pude hablar con ella. Además de que una enfermera me interrumpió y no pude estar más tiempo.

Amilkar: Entiendo

Amilkar sintió mucha gratitud al saber que Minerva estaba bien, por lo menos parecía ser que estaba fuera de peligro. Ana quiso que Amilkar le acompañara a hacer algunas cosas, pero este se negó diciendo que tenía que ayudar a su madre con algunos deberes. Pero en realidad solo fue a encerrarse en su casa a pensar sobre todo lo sucedido. Estaba confundido, él reconocía que había sentido, en algún momento, alegría por lo sucedido, pero al mismo tiempo también se alegraba de que ella estuviera a salvo. No le importaba la vida de las demás personas que habían estado involucradas en aquel fatídico accidente. Solo se sabía que Esteban había sido la única víctima mortal. Los otros chicos habían tenido lesiones leves solamente. 

El día paso demasiado rápido, el joven no quiso entablar conversación con nadie, ni siquiera con su madre quien se esforzaba por hacerle sentir mejor. Amilkar, harto de las cosas que sucedían a su alrededor se tumbó en su cama y espero pacientemente a que el sueño reclamase su conciencia; sin embargo, esta se resistía a dejarse vencer. Cerró los ojos y trató de evocar pensamientos más felices, hasta que una enlentecida voz susurró...

Zarofis: ¡Amo!… ¡amo!...

Amilkar: ¿Quién es? 

Amilkar se reincorporó instantáneamente. En medio de la oscuridad trató de visualizar a alguien, pero no había nadie más en la habitación. Enseguida notó que las viejas marionetas estaban mirándole fijamente desde un mueble sobre el cual habían estado reposando.

Con cierta precaución preguntó:

Amilkar: ¿Son ustedes?

Zarofis: Disculpad mi impertinencia. Hay algo que creemos que debéis saber. 

Amilkar: ¿De qué se trata?

Amilkar encendió la luz, y miró a las marionetas, las cuales solo se movían esporádicamente para cambiar la posición de sus cuerpos, pero no había movimiento en sus bocas. Entonces el chico se preguntó ¿Cómo es que pueden estar hablándome?

Zarofis: Ejecutamos la orden que vuestro corazón mandó. Pero vuestro deseo era diferente y se contrapone a vuestra ley. Denos vuestra nueva orden, vos sabéis más de lo que vos creéis. El mundo os dará cuenta de lo que necesitéis saber.

Entonces la voz de la marioneta que estaba hablando dejó de escucharse por un breve momento. De repente otra voz se escuchó, Amilkar la reconoció al instante, era la voz de Mariana. Escuchó como ella llamaba a un hombre, cuando gritaba el nombre de un tal Alejandro. Después de eso tuvo una especie de visión, era como si sus ojos pudieran ver el instante en que Ana estaba frente a Minerva en aquella habitación de hospital. En el momento en que escuchó el llamado tan aclamado de aquel infame, Amilkar volvió a encolerizar deseando la destrucción de aquel inocente. ¿Quién era él? ¿Por qué Minerva le llamaba tan fervientemente? Entonces, como si de un momento a otro despertara en otro lugar, Amilkar presenció la escena en la que el tal Alejandro rechazaba a Minerva; oyó cada palabra y sintió el desprecio como algo personal. Amilkar observó con rabia la imagen que se le presentaba de Alejandro, casi como si intentara grabar su rostro en su memoria. 

Amilkar: (Él es el responsable... ¡él tiene que pagar!) pero ¿Dónde le encuentro?

Zarofis: Aquel se encuentra en...

Las marionetas sabían dónde encontrar a la persona que su amo les ordenaba localizar. No había forma de escapar de ellas, era casi imposible, a menos que conocieran una forma de manejar su propia presencia y, aun así, esas cosas tenían sentidos extraordinarios. 

El ojo de la venganza se había posado sobre una nueva víctima, y así se dio inicio a la catástrofe, a la maldad, al regreso de uno de los amos de la oscuridad. Un ser fuliginoso sediento de sangre. 

Zarofis: Sabemos lo que vuestro corazón desea señor nuestro, dejad que vosotros cumplamos vuestro deseo. La orden que habéis escrito con sangre, vosotros la cumpliremos a hierro y espada. 

Amilkar: ¿Cómo piensan hacerlo? Ustedes... ¿ustedes le hicieron eso a Esteban?

Zarofis: No hemos hecho nada que vuestro corazón y vuestra mente no hayáis mandado.

Amilkar: ¿Qué quieres decir? ¿Me estas llamando asesino?

Zarofis: En lo absoluto, vos no es ningún asesino. ¡vosotros sí!  ¡Haremos lo que vuestro amo ordene! Todo correréis a cuenta vuestra, señor, despreocupéis de todo ello. 

Amilkar: ¡Yo solo deseo que Mariana no tenga a nadie más a quien amar que a mí!

Al momento de decir eso último. Todas las marionetas se miraron entre sí. Y la voz sepulcral de Zarofis dijo:

Zarofis: ¡Sus deseos son vuestra ley!

La noche acaecía, el firmamento era oscuro y tenebroso esa noche. No hay escapatoria para los que se interponen entre los designios de los amos oscuros. Así, mientras Amilkar dormía, aquellas figuras extrañas e infernales se iban consumiendo en la oscuridad de la noche, como si desaparecieran una a una. El chico cayó en completa inconsciencia, y aquellos muñecos dejaron de hacerle compañía, no se encontraban más en aquella habitación.




CAPITULO 11

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