miércoles, 5 de enero de 2022

 

LA CASA DEL TIEMPO

Finalmente, cuando terminaron de empacar todo, era momento de ir a aquella misteriosa casa que tanto había dado de que hablar a Mariana y a su hijo. Vaya que, si estaban emocionados, en el camino no paraban de comerse las uñas cada que pensaban que estaban cada vez más y más cerca. Aunque en realidad, no tardaron mucho en llegar. 

No obstante, otra vez estaba ahí, había aparecido de nuevo aquella extraña sensación en Amilkar, ahora era como un nudo en la garganta, y a la vez un sentimiento de melancolía que también helaba el cuerpo del joven. Él pensaba que probablemente fuera por la impresión que le causó el lugar, el cual era bastante tétrico, por cierto.

Amilkar había imaginado que la casa estaba situada muy al centro de la ciudad, pero resulta que se encontraba más bien, en un punto muerto donde no había flujo de personas o de tránsito, no había vecinos, pues las casas que le rodeaban estaban deshabitadas. En pocas palabras, era un sitio desolado y un poco apartado de la civilización. Su diseño era más bien colonial. Una antigua casona, probablemente construida hace poco más de un siglo, al parecer contaba con un jardín amplio y muy poco cuidado, pues la maleza se había encargado de cubrir casi toda la entrada a la casa, apenas si pudieron abrir la reja principal para poder entrar. Toda la casa estaba completamente cerrada, un aroma a humedad se percibía al instante. Una casa con colores oscuros, cortinas color vino, las paredes forradas de madera, muebles demasiado antiguos y muy bien conservados. Era como una visita a un museo de antigüedades, o a una de esas casas de terror de películas viejas. El piso estaba hecho de una loza muy característica del siglo pasado, muy anticuada. Dudaron mucho que alguien estuviese viviendo recientemente ahí, nada parecía haberse movido de su lugar desde hacía mucho. Las gruesas capas de polvo habían apagado el brillo de los objetos metálicos que decoraban el salón principal. Indudablemente era una construcción grande, algo así como una mansión, sin serlo realmente. Desde afuera se pudieron dar cuenta de que el edificio constaba de tres niveles, y además había un terreno más grande en la parte de atrás. 

La recepción, era muy espaciosa. Había muchas esculturas estilo romano y griego, median aproximadamente metro y medio de altura, una fuente en el centro de la habitación. Pero lo que sin duda les llamó demasiado la atención, fue la gran cantidad de muñecas de porcelana y madera que estaban dentro de los viejos muebles, absolutamente todas tenían un aspecto grotesco, siniestro, algo muy fuera del gusto de cualquiera, aún inclusive para ser del siglo pasado. Amilkar no entendía cómo es que a la gente le gustaba tener cosas así dentro de su casa. Supuso que en realidad reflejaban la personalidad del dueño de la casa, y según las historias que escuchó de su madre sobre la tía Evangelina, no cabía duda de cuál era el tipo de personalidad que tenía la difunta señora. 

Mariana: Este lugar es una ruina total, además... huele extraño, tendremos que abrir las ventanas. No puedo creer que esta casa esté tan sucia.

Alfonso: Se ve que tu prima no recibía muchas visitas aquí.

Mariana: No creo que nadie la haya visitado nunca.

Alfonso: Es que no puedo creer todo lo que me has dicho, no hay persona tan antipática que pueda soportar toda una vida sola. Además, cómo es que supieron de su muerte si ella jamás salía de esta casa.

Mariana: El abogado dijo que alguien reporto que había mucho ruido en esta zona, que escucharon gritos... pero a pesar de las investigaciones, nunca se determinó que hubiera alguien más en la casa. Decidieron pensar en que Evangelina enloqueció de repente, que salto de la escalera y cerraron el caso sin más.

Alfonso: ¡Así nomás! ¡vaya, pero que intensa debió haber sido la investigación!...

Amilkar: ¡El pasamanos de la escalera está roto en la parte de arriba! supongo que desde ahí debió haber caído la tía.

Mariana: Debe estar apolillado, pero ¡déjame ver! no es posible, el pasamanos se ve bastante resistente como para solo romperse así de la nada. No hay marcas de que hubiese polillas aquí.

Alfonso: Pues entonces Evangelina debió pesar demasiado para romper ese barandal.

Mariana: No lo creo, bueno la verdad es que nunca le vi después de que salí de Tlaxcala.

Alfonso: ¿Qué fue de sus restos?

Mariana: Ella pidió ser incinerada, y ahora que lo pienso, pudiera ser que estaba planeando morir en verdad para hacer testamentos y peticiones póstumas. Sus restos fueron depositados en el panteón de la comunidad en una vieja cripta que pertenecía a mi abuelo.

Definitivamente les tomaría demasiado tiempo limpiar toda la casa. Mariana pensó que era mejor empezar inmediatamente. Claro que Amilkar estaba tan entusiasmado de hacer algo así, tan solo de pensar que su sábado lo ocuparía limpiando una casa vieja y sin gracia, le deprimía aún más. 

Mientras escombraba la sala principal, Amilkar tenía la sensación de que todas las muñecas de los anaqueles y estantes estuvieran observándole. Así que optaba por pensar que solo eran imaginaciones suyas para poder tranquilizarse un poco, le costaba trabajo creer que a un chico como él le dieran miedo esas ridículas muñecas. 

Se propuso como meta terminar de limpiar y escombrar lo más pronto posible para poder continuar explorando la casa. Las escaleras las limpió Mariana, mientras que Alfonso y Amilkar se encargaron de la recepción. Había un pasillo que conectaba con una segunda habitación en el primer piso, era una sala de estar. Los sillones estaban completamente polvosos, las ventanas llenas de tierra, todo aquello hacía imposible verle fin a tan tediosa tarea.

Después de horas de limpieza, el chico estaba totalmente exhausto no podía más, ni tampoco su madre. Alfonso tuvo que retirarse antes, pues tenía otros trabajos que hacer. De pronto, el teléfono móvil de Amilkar comenzó a sonar, era Ana, el chico había olvidado que habían quedado de salir esa misma tarde. El tiempo se le fue como agua entre las manos, cuando miró el reloj, eran las 3:45 de la tarde. 

Amilkar: ¡Mamá!...

Mariana: Lo sé Amil, yo también estoy cansada, creo que dejaremos por hoy la cuestión de la limpieza, no me quedan más fuerzas. Es mejor que esta noche nos preparemos para dormir en esta parte de la casa, es la única que está limpia. ¡Anda! ve con Ana, apresúrate, no te preocupes yo también pienso salir un momento, en lo que la casa se ventila, iré con Alfonso a comprar algunas cosas que nos harán falta. 

Amilkar: ¡Esta bien! no tardo, veré si Ana nos quiere ayudar mañana a limpiar este desorden.

Mariana: ¡No por favor! Me daría vergüenza que alguien más viera el desastre de este lugar, no es digno para ser visto por nadie.

Amilkar pensó que su madre tenía toda la razón. Tan solo pensar que hizo uso de una espátula para quitar todo un centímetro de mugre del piso, le provocaba vómito, no quería que Ana supiera la clase de basurero que era esa casa, pero, por otro lado, le llevaría una eternidad limpiar todo sin ayuda. Pero antes de eso quiso ir inmediatamente a revisar el resto de las habitaciones, no podía aguantar la curiosidad por saber cómo eran. 

Después de la sala de estar, había un comedor y al lado de este una cocina. El comedor no era muy diferente a la recepción en cuanto al estilo viejo y deslustrado de los muebles y el resto de la decoración, bueno, quizá era un poco más perturbador, pues en la parte más alta de la pared había una hilera de cabezas de animales disecados, algo totalmente tétrico. Un ciervo, un antílope, un toro, un cocodrilo, un jabalí, un jaguar y un oso; todos decoraban el sitio con una expresión de ataque en la que enseñaban sus enormes y filosos dientes. Casi se podía percibir la inmensa ira que, quizá, sintieron en el momento en que fueron cazados aquellos pobres animales. 

Por su parte, la cocina tenía un estilo muy tradicional, ollas de barro, sartenes, y todo tipo de trastes viejos por doquier. Bueno, por lo menos no había nada aterrador en este sitio, lo cual lo hacía el sitio menos interesante de la casa según Amilkar. Al volver por el comedor, se dio cuenta que había pasado por alto un vitral que se encontraba encima de la entrada, creyó que no podía ser más aterrador que las cabezas de animales disecados; pero esa imagen de niños quemándose en llamas y siendo recogidos por una parca, era algo no muy menos inquietante que lo anterior. Aunque de hecho el estilo le pareció que era genial. Amilkar siempre ha sido fanático de las historias de misterios y de fantasmas, y esta casa tenía exactamente todo eso, pensó que su ambiente fantasmagórico sería genial para una fiesta de día de muertos o de Halloween. Eso estaría bien si tan solo el fuera un poco más sociable. 

Al subir las escales se dio cuenta de lo alto que estaba el segundo piso, ahora se daba cuenta de que esa altura era suficiente para dejar mal herido a alguien de una caída desde ese sitio, y más aún si es que caía de cabeza al vacío, tal como se suponía que había muerto su tía. Definitivamente tendrían que cambiar esta vieja madera del pasamanos por algo un poco más resistente, duradero y sobre todo seguro. A pesar de que en realidad no parecía débil aquella estructura.

El pasillo superior estaba algo estrecho, casi al final de este había cuatro puertas a los costados, y al final una puerta que tenía la cabeza de un león grabado en el dintel de la puerta. La pared del pasillo estaba cubierta por una enorme pintura, nada fuera de lo común al estilo ya conocido de esta casa. El cuadro era una especie de confrontación entre demonios y ángeles en un viejo castillo medieval. Las bestias pintadas eran colosales, imponentes y casi parecían estar a punto de cobrar vida. Las imágenes de los ángeles eran más distantes, como queriéndose desvanecer del resto de la pintura. Esta obra tiene por nombre "El acertijo de Hesperus". Los candelabros que pendían de gruesas cadenas, parecían estar tan cerca y tan lejos, como si simularan una ilusión que invitaban a alcanzarles de un salto... Amilkar llegó a pensar que quizá, si uno estaba distraído, pudiese ser que hipnotizara realmente a alguien y pudiera ser que este intentase alcanzarlo de verdad, quizá eso hubiera sucedido en verdad con su tía.

Quiso ir a revisar las demás habitaciones, pero se hacía tarde, creyó que era mejor que las viera después, así no se le pasaran esos detalles tan curiosos que tiene cada habitación.

Amilkar: Debo ir a encontrarme con Ana ahora mismo, si no comenzará a fastidiarme y no me dejará en paz hasta que le compre algo.

Justo cuando se dio media vuelta para regresar a las escaleras, un viento frío corrió por los pasillos, pudo escuchar que, junto con ese viento, venía un sonido extraño. Le dio la impresión de escuchar algo, como una especie de sonidos articulados de una manera extraña, casi como si algo o alguien estuviera susurrando un lenguaje desconocido. No sintió miedo, pero si creció su curiosidad por explorar la casa cuando regresara. 

A Amilkar le gustaba mucho salir con Ana de vez en cuando, ella es una chica mucho más sencilla que las demás, una persona que no gusta andar presumiendo lo que tiene o pretender ser mejor que los demás, tal como solían ser en la escuela donde ellos asistían. Amilkar odiaba a la gente prepotente o pretenciosa, incluso no dudemos que algún día le gustaría darle una lección a ese tipo de gentuza. Para él no eran más que una calamidad; sin embargo, no se daba percataba de que entre más decía odiar algo, más lo deseaba.

Cuando salé a caminar con Ana le gusta platicar de cosas que siempre suelen estar pensando pero que casi nunca dicen. Ana sabe mucho de la afición de Amilkar por las ciencias ocultas, los mundos paralelos y las cosas extraordinarias que le gustaría algún día encontrar. Además de eso también comparten gustos musicales y cinematográficos. Ana es una chica aficionada a las películas de terror; era seguro que si Amilkar le contaba acerca de cómo era su nueva casa, seguro que se la iba a querer estar ahí metida todo el día. Él aun recordaba cuando se ponían a jugar con muñequitos hechos de plastilina y que, gracias a la tecnología y la cámara de la mamá de Ana, animaban por stop motion. Eran algo sádicos, les gustaba hacer que los muñequitos se descuartizaran y que brotara sangre a borbotones. No cabe duda que ella y él eran tal para cual.

Ana: Al fin llegas Amil, estaba empezando a pensar en qué tipo de helado estaría bien en estos momentos.

Amilkar: ¡Nah! ni lo sueñes, no he llegado tarde esta vez. ¿Cómo es que siempre llegas primero que yo?

Ana: Porque yo si tengo sentido del tiempo, además de que me gusta ser siempre muy puntual. Creo que debería regalarte un reloj de mano algún día.

Amilkar: Bien ¿en qué nos quedamos la última vez?

Ana: Bueno, ¿recuerdas que en la escuela te comenté que había muerto alguien de mi familia?

Amilkar: ¡Oh, cierto! lo siento mucho. 

Ana: No, no te preocupes. La verdad es que estuvimos tan distantes de él. Casi no siento nada por lo que paso. Pero eso no era lo que quería comentarte en realidad ¡mira! este libro le pertenecía a mi abuelo. Mis tías querían quemar todas las pertenencias de mi abuelo, así que antes de que lo hicieran, decidí esculcar un poco por ahí para ver que encontraba, y ¡voila!

Amilkar: ¿Tu abuelo fue el que falleció?

Ana: Así es, resulta que él era una especie de brujo o algo parecido, me di cuenta de ello al mirar un par de cosas. Este libro tiene una serie de hechizos para llamar a todo tipo de criaturas. Según leí, suelen referirse a ellos como "familiares". Además de que estos seres ayudan a quien los convoque.

Amilkar: ¿enserio? ¡Genial!

Ana: Por supuesto, sabía que mi abuelo era una persona extraña, pero jamás pensé hasta qué grado pudiera serlo. Según dicen, algunos miembros de mi familia tienen habilidades especiales, ya sabes, como los psíquicos y cosas por el estilo, y quien sabe, puede que yo tenga algo de eso.

Amilkar: ¿Sabes? yo también tengo algo importante que contarte Ana.

Ana: ¿Mejor que este libro? ¡No lo creo!

Amilkar: ¡Oh sí! Bueno, es que resulta que también murió alguien de mi familia. Sé que es una casualidad, pero...

Ana: ¡Vaya! También lo lamento.

Amilkar: ¡Para nada! No te apures, ella tampoco era tan cercana a nosotros. 

Ana: ¿Era tu abuela?

Amilkar: No, era una tía, prima de mi madre. Pero eso no es todo, es solo que ella nos dejó una herencia que no pudimos rechazar.

Ana: ¿Una herencia? ¿acaso les dejó una fortuna o algo así? ¡Amil, es asombroso!... ¡Oh! creo que no está bien regocijarse de esa forma dadas las circunstancias.

Amilkar: Bueno, según tengo entendido, no se trataba de una buena persona. En sí lo más asombroso es que nos dejó una casa enorme.

Ana: ¿Una casa? ¡Wao! ¿Oye por qué no me lo habías contado?

Amilkar: es que solo hace un día que me he enterado de ello

Ana: ¡Genial! y ¿cómo es?

Después de contarle los detalles que recordaba sobre la casa, Ana reaccionó exactamente como lo había anticipado Amilkar, sin dudarlo aceptó ayudarle el día de mañana con lo que faltaba de la limpieza. Un plan con maña como diría la madre del chico.

Amilkar: ¿Oye puedes prestarme tu libro?

Ana: ¿Qué te parece si probamos uno de los hechizos que viene en el libro de una vez?

Amilkar: ¿Te parece bien en la pequeña capilla que está cerca de la antigua catedral de la ciudad? La que está en la cima del pequeño cerro.

Ana: ¡Grandioso! no esperaba menos de ti amigo ¡claro! me parece un lugar muy discreto. Estuve leyendo algo de esto por la noche, y encontré uno que no requería de muchos aditamentos, es corto y sencillo, pero implica un leve pinchazo en el dedo.

Amilkar: Supongo que está bien, no importa. ¿Oye y para que se supone que es ese hechizo?

Ana: Bueno, es una especie de invocación de una especie de espíritu guía, según el libro, este ser construye una especie de camino el cual te conducirá hacia tu ser amado.

Amilkar: (espero que esa sea Minerva) pero ¿qué esperamos? ¡vamos ya!

La vieja catedral de la ciudad, un lugar construido a principios del siglo XVI, claramente es una reliquia arquitectónica. Es el lugar perfecto para todo este tipo de cosas, este paraje transmite un aire de misticismo y magia. Además de ser una especie de construcción que liga el pasado con el presente. El libro de Ana no parecía ser muy llamativo, pero el solo hecho de estar forrado de piel de animal y teñido de un negro azabache, le provocaba al chico querer extraer cada uno de los secretos que guardaba en cada una de sus viejas y amarillentas hojas.

Ana: Necesitamos algo de fuego. ¡Pero que tonta! Olvidé traer la vela, creo que la dejé sobre mi mesa de noche.

Amilkar: tengo un encendedor, puedo atorarle el pulsador con una liga para que no se apague. 

Ana: ¡Perfecto! yo he traído algo de vino tinto, el ritual lo requiere. 

Amikar: ¿Qué más tenemos que hacer?

Ana: Según esto, el invocador debe añadir tres gotas de sangre que simbolizarán su cuerpo en la tierra, el espíritu que conecta con lo divino y el puerto que los une, la mente. En el preciso momento en que esto ocurra…ah, veamos… debemos calentar el vaso, esto es símbolo del fuego de la vida que mezcla las sustancias para la petición... ¡vaya cosa más rara!

Amilkar: ¡shhh! continuemos.

Ana: está bien... después debes leer esto:

"El rey de los cielos humildemente baja su corona fundiéndola en la carne, en mi palabra yace el trinar de los cielos que evoca, en el valle de los desolados, el camino de las criaturas de David. Desde el infinito llamó al alma que me traerá al dios de la pasión, de mi realidad; al encuentro de los dos ardorosos corazones que están destinados escribir con fuego el destino de los desterrados. Vuélvete visible ante mí por este poderoso contrato Naxiu".

Amilkar: ¿Ahora qué se supone que haga ahora?

Ana: debes beber el vino pensando en cómo deberías sentirte al encontrar a la persona deseada, debes mencionar e imaginar a esa persona en tu mente, con mucha energía. Trata de hacer la imagen lo más clara posible en tu mente, puede ser cualquier mujer pero debe contener lo que tu deseas.

Amilkar: ¡Está bien!

Amilkar no titubeo al tomar el vino, estaba seguro de que Minerva era la persona indicada. 

Amilkar: ¿Ahora qué?

Ana: Eso es todo, debemos esperar a que los mundos hagan conexión y se establezca un equilibrio.

Amilkar: Vaya, creo que me ha sentado bien este ejercicio ¿Oye Ana, te gustaría ir a pasar la noche en mi casa? 

Ana: ¡Pero claro! solo que tendré que avisarles a mis padres y convencerlos, pero estoy segura de que me dejaran quedarme si les decimos que tenemos que hacer un proyecto juntos.

Amilkar: Súper, vayamos a tu casa. Mientras hablas con ellos, yo te espero afuera de tu casa.


CAPITULO 3

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