miércoles, 5 de enero de 2022

 









Cuando se tiende al silencio dentro de nuestra mente, un sin número de pensamientos irrumpen la concentración del explorador. Sutiles poderes que emergen de los restos de vivencias y experiencias que un ojo espectador ha capturado, vivido, e interiorizado y en cuyo camino de la transformación, los viejos cascarones han perecido, no quedando nada más que errantes fantasmas que molestan en la noche cuando reposa el inestable orquestador. Y, aun así, estos espectros son capaces de mover los hilos de la conciencia para proyectar la voluntad de su creador o de su interpretador, lejos de los cielos de donde alguna vez vio nacer la luz de su ser.

Sea la carne el medio por el que se sirven las huestes de diabólicos y angelicales pensamientos, los cuales han escogido a los sentimientos como consortes de los cuales no se separan. Y juntos, cual perfecto matrimonio que nadie osará separar, moldean absolutamente el cuerpo siguiendo todo patrón que armoniza con ellos, y por lo mismo, no extrañe a nadie ver portentosas y majestuosas esculturas, así como también la aparición de figuras teratoides; que son vivos hijos de los primeros.

En estos hijos, se ha vertido el secreto de la divinidad, la cual es esencia prima en todos los seres del universo. No importa las prendas que vista, ni los colores que ose usar sobre su piel, pues la marca de su nacimiento se ha escrito con algo más doloroso que una cicatriz, más vital que la sangre y más común que la tierra del suelo.

De la misma marca, el que fue su padre y madre, acciona su voluntad, ya sea con sutiles soplidos o con fuertes retumbos. El que sabe que los dos son realmente uno y, que ese uno son los tres originales, llegó al principio y puede ver el final, pues está parado siempre en él.

Y aquel que se yergue sobre su suelo apuntando al cielo para empezar a crear, sabe en verdad la procedencia de su linaje, y con el pensamiento soldado a sus sentimientos, suelta palabra manipuladora que hace que los que no lo conocen se arrodillen ante la majestad de su milagro.

 Pero las bestias ladran cuando la luz creadora ciega sus impíos ojos. Se calcina la mente ignorante incapaz de comprender el trinar del poderoso milagro. Por ello atacan y calumnian, enterrándose con todo aquello que creen ser. Y el miedo entonces es invitado a derramar el agrio y pestilente vino sobre todos los que duermen en el seno de la falsa humildad. Veneno impío que evita que todo viajero perdido transija sobre sus propios pasos, corrosiva sustancia que nubla el juicio de los sabios, que encoleriza a los poderosos hijos del cielo.

Es en este baile de delicadas melodías donde se marchita la vida, y donde solo los que aprenden el ritmo de la música pintan sobre preciosos oleos. Aquí donde la voz resuena en cada rincón acallando los lamentos del alma. Donde las cuerdas de los hombres son aladas por el maestro del teatro, quien les obliga a poetizar con la desgracia de sus vidas…


 

Capitulo 1





































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