El llamado es una herramienta particular que utilizamos todos de forma rutinaria. No importa en dónde nos encontremos, siempre hacemos uso de ella. Claro que hay excepciones, pero siempre puede haber algo que se asemeje a dicha herramienta. El punto es que todos tenemos acceso a esta particularidad que es parte integral de nosotros.
Pero el hecho de que sea una parte de nosotros, no quiere decir que sepamos utilizarla de manera correcta. Podemos citar una analogía; la gran mayoría podemos caminar, tenemos dos piernas y pensamos que las usamos de la manera más adecuada, sin embargo, hay en quienes la marcha puede ser torpe, el caminar puede ser inadecuado, o la forma de desplazamiento es errónea. Pero no nos detenemos a analizarlo hasta que nos suele causar algún problema, o alguien más fija nuestra atención en ese error. Así también, podemos pensar que utilizamos el "llamado" de manera excepcional, pero lo más común, es que siempre se comenten errores.
Una lección de esto es:
Cuando la criatura se forja dentro de las entrañas de la madre, ha de permanecer ahí hasta adquirir la fuerza suficiente para poder mostrarse a la inclemencias del mundo exterior. Nada que no este listo podrá salir, porque la sangre le escapará por los ojos y el mar de sangre provocado por la hemorragia de lo que fue reunido para ser, cubrirá con dolor a quien le ha permitido mirar la luz de un día que no era el suyo.
Por ello es que los velos existen, los muros, las vestiduras, la noche. Pues acobija para gestar lo que vendrá antes de que haya sido llamado. Y el llamado, es la fecundación de una idea que luchará para ver la luz del día.

Pero este tipo de cosas tiene siempre un proceso que ha de respetarse, y con cada momento para interferir en él, siempre hay quienes están dispuestos a preservar el inmenso y sutil secreto que será sublime entre todo lo que se ha visto, y nada que haya nacido antes se comparará con ello.
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