CONVENTO Y PRISION
En
un viejo y desolado convento enclaustro mis emociones,
Para
que jamás vuelvan a pertenecer a ninguna otra persona.
Con
hábitos de silencio se visten las angustiadas puritanas que
Son
movidas por el viento y no por la devoción.
Entre
errores, los cuales escogen como pesadas cadenas, entre
Desvividos
anhelos que aprisionan cual celda, proclaman votos
Vacíos
que ni al mismo viento engañan. Morar en el encierro
Soñando
con alcanzar el cielo, más su corazón lo han olvidado en
Pueril
infierno.
Me
pesa la mente, pues he convertido mi cuerpo en un apócrifo
Templo,
donde la amargura adoctrina con su rezo a las ingenuas
Novicias
usando un fuerte hecho de dolorosos recuerdos.
Pero
siempre existe una rebelde entre las sumisas, y ella sembró
Las
rosas de la duda; tan rojas, tan deliciosas, tan perfumadas.
Con
cada pétalo que nace, hiere el orgullo y la frustración.
Y
la madre soledad se viste de rojo, y la madre soledad sonríe
Y
ella se desvanece con la luz encendida en la más oscura de
Las
celdas del viejo convento.

No hay comentarios:
Publicar un comentario