martes, 20 de agosto de 2024


 

                   CONVENTO Y PRISION

En un viejo y desolado convento enclaustro mis emociones,

Para que jamás vuelvan a pertenecer a ninguna otra persona.

Con hábitos de silencio se visten las angustiadas puritanas que

Son movidas por el viento y no por la devoción.

Entre errores, los cuales escogen como pesadas cadenas, entre

Desvividos anhelos que aprisionan cual celda, proclaman votos

Vacíos que ni al mismo viento engañan. Morar en el encierro

Soñando con alcanzar el cielo, más su corazón lo han olvidado en

Pueril infierno.

Me pesa la mente, pues he convertido mi cuerpo en un apócrifo

Templo, donde la amargura adoctrina con su rezo a las ingenuas

Novicias usando un fuerte hecho de dolorosos recuerdos.

Pero siempre existe una rebelde entre las sumisas, y ella sembró

Las rosas de la duda; tan rojas, tan deliciosas, tan perfumadas.

Con cada pétalo que nace, hiere el orgullo y la frustración.

Y la madre soledad se viste de rojo, y la madre soledad sonríe

Y ella se desvanece con la luz encendida en la más oscura de

Las celdas del viejo convento.

Jeroban Guerrero Cahuantzi


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