CAPITULO 1
ENYL
¡Hace mucho tiempo que ha sucedido todo esto! el mundo, mi mundo,
ha cambiado bastante desde que yo había dejado de ser un niño. Aún viene a mi
memoria aquellos momentos donde el día entero era solo para jugar y jugar sin
ninguna premura sobre el futuro, ni tampoco mi mente era marioneta de los complejos acerca de mi persona o de mi aspecto que habían sido sembrados en el transcurso de mi desarrollo. Solo existía una cosa que me
llegaba a incomodar de vez en cuando, aquello se debía al ingenio de mis
padres por tratar de buscarme una identidad que resaltara por sobre el resto. Supongo que como padres, y al ser yo su primer hijo, depositaron todas sus ilusiones y sueños frustrados en mí. Así que de alguna manera buscaron etiquetarme de alguna manera para distinguirme de la
mayoría. Aquella incomodidad era nada más y nada menos que mi propio nombre. A pesar de todo ese tiempo, nunca he sabido el verdadero origen de este. Nunca tuve oportunidad de preguntarle a mis padres sobre el porqué
me habían puesto un nombre tan singular. Este es Yurzelen, definitivamente era un
nombre único, seguramente la imaginación de mis padres debió haber estada influenciada por alguna sustancia o algo semejante ya que jamás he escuchado otro igual en toda mi vida.
Ese era el motivo por el cual algunas personas, niños en partícular, solían hacer burla de lo raro y
extraño que sonaba. Aun cuando la gente me preguntaba sobre su significado de
manera genuina y sin intención de amedrentarme, yo inmediatamente me sentía
atacado por todos ellos esperando que al final terminaran mofándose o haciendo gestos de desagrado.
Sin embargo, el nombre era solo algunas de las cosas más
valiosas que mis padres me habían dejado en este mundo. Me hubiera gustado
acordarme de los rostros de mis padres, pero lamentablemente ellos partieron de
este mundo cuando yo aún no tenía ni siquiera la habilidad de memorizar, era un
pequeño bebé cuando fui adoptado por mis tíos paternos, quienes se encargaron
de mi manutención durante toda mi juventud. Ellos eran gente con ideologías
marcadas las cuales prohibían muchas conductas y expresiones con las que no
solían estar de acuerdo por ser "aberrantes". Predominaba la figura
del hombre fuerte, vigoroso, agresivo e inteligente en la sociedad donde yo
vivía, mientras que a la mujer se le atribuían actitudes de nobleza, cariño,
sumisión y obediencia. Cualquiera que intentase tomar actitudes contrarias a
las asignadas según su sexo, era repudiado y señalado por la gran mayoría. Pero
en los primeros años de mi vida eso no tenía ninguna importancia para mí, esto
debido a que a mis escasos cinco años de edad mis prioridades eran otras, y
cuando estaba dispuesto a cuestionar tal o cual cosa, mis tíos solo respondían
con un tajante "porque así debe ser", no teniendo más remedio que
resignarme a las ideas que me estaban siendo enseñadas en ese momento.
Pero en este mundo casi todo tiene un origen claro, y en mi
caso, fue en una mañana del 13 de agosto cuando todo comenzó. El primer día de
clases en la primaria fue algo que no iba a olvidar tan fácilmente. Obviamente
era un pequeño muy nervioso, como todos los demás que se encontraban en aquel
salón de primer año. Mi atención se centraba en el espacio y las personas con
las que me relacionaría en el resto del curso, pero a quien más me preocupaba
en ese momento era la que sería mi mayor obstáculo durante un año entero, la
profesora.
Después de un breve rato, la profesora se hizo presente a
nosotros, los estudiantes. Los padres de familia se habían marchado y estábamos
completamente a merced de ella. Mi tía siempre me había criado con mucha rudeza
junto a mis primos, así que solía decirme a mí mismo que si la profesora
tuviese un carácter similar, yo ya estaría preparado para poder manejar la
situación.
Como en cualquier primaria, los niños éramos algo inquietos,
así que la mayoría de mis compañeros de aquel entonces comenzaban a ir y venir
entre los pupitres del salón y algunos otros se hacían travesuras entre ellos,
el panorama era perfecto para poder calar a la profesora, y en cuanto ella
entró dio un ruidoso portazo para llamar nuestra atención y también para hacer
notar su poca paciencia. Después de aquel ruido todos los que estaban jugando
corrieron a sus asientos con mucho temor y el ruido del lugar se hizo nulo. La
profesora alzó la voz con mucha autoridad y comenzó a recitar las reglas a las
que estaríamos obligados a respetar todo el semestre. No había duda
alguna, el temperamento de ella sería algo que tendríamos que sobrellevar nos
gustara o no.
Solo habían transcurrido unos minutos, cuando de pronto
alguien llamó a la puerta. Era la directora de la escuela quien venía
acompañando a un niño, era un estudiante más de la clase, pero él era nuevo en
la ciudad y no tenía ningún amigo ni conocido alguno aquí. Yo solo observé al
chico con un poco de detenimiento, y lo único que recuerdo haber notado fueron
las largas pestañas que tenía.
A la hora del recreo, todos los chicos y chicas del salón
aprovechamos para conocernos mejor; aunque ya había quienes por alguna razón se
conocían de tiempo atrás. Aquellas risas aún son uno de mis grandes recuerdos
de aquella época. Cómo olvidar el grandioso sol, el soplar del viento en
nuestras caras, la brisa del verano que nos alentaba a movernos tan rápido como
fuese posible. Vivir solo por vivir, aparentemente sin ningún peligro del que
preocuparnos.
No recuerdo con exactitud que estaba haciendo en aquel
momento, pero lo que si recuerdo fue que yo era un chico solitario que evitaba
hacer contacto con los demás. El típico inadaptado que se paseaba por la
escuela explorando los rincones de esta en busca de grandes aventuras o
descubrimientos. Así solían ser cada uno de los siguientes días, en el que mi
interacción con los demás era pobre y prefería sumirme en un mundo interno que
solo disfrutaba yo mismo. Para nada me sentía solitario, al contrario, sentía
que vivía en un mundo lleno de muchas maravillas.
No obstante, en uno de esos días, aquel chico de las
pestañas largas se acercó a mí. Me preguntó con mucha curiosidad sobre lo que
estaba haciendo, y yo, casi seguro de su opinión una vez que yo le contara,
perdería todo interés y se iría a jugar con los otros chicos.
Enyl: Hola ¿Qué estás haciendo?
Yurzelen: Hola, ammm solo estoy buscando algo... emm no lo
entenderías.
Enyl: Y... ¿por qué no me lo explicas? quizá podamos
buscarlo juntos.
Aquel interés que mostró ante mi respuesta tan cortante
detuvo todo mi juego, recuerdo que volteé a mirarle a los ojos, e
inmediatamente sentí algo que me hizo muy feliz en ese momento. Así que comencé
a explicarle inmediatamente, yo seguía esperando que el se aburriera y me
dejará solo, pero mi sorpresa solo creció más cuando aquel niño me seguía en el
relato con mucha atención. Tan pronto como terminé mi explicación el sugirió
que fuéramos a la parte posterior del desayunador de la escuela. Ese lugar estaba
en la salida de emergencia del lugar, así que no muchos niños se encontraban en
esa zona, ni siquiera había adultos que nos vigilaran ahí. Dudé un poco en ir,
pero debido a la atención que me había prestado y al interés en mi juego decidí
ir con él. De camino al lugar, recordé que hacía unos días uno de mis
compañeros había esparcido el rumor de que en ese lugar se habían avistado
cosas misteriosas, un cuento de fantasmas para niños de ese entonces pero que
en ese momento a mí me había dado mucho miedo, el solo imaginar la clase de
cosas espeluznantes que me podrían ocurrir me hacían dudar en seguir avanzando.
Pero... al ir junto a Enyl me armaba de valor, de hecho, yo quería probarle a
él que era valiente.
Mi miedo había sido en vano completamente, cuando por fin
llegamos a aquel sitio pude ver que en realidad era un pequeño paraíso. Quizá
para un adulto ese paraje solo sería una columna de escombros llenos de yerba,
pasto y florecitas insignificantes, pero para mí era todo un lugar de ensueño.
Había mariposas blancas y amarillas, el color violeta de las flores que
contrastaba enormemente con otras de color blanco, las abejas polinizando, el
verde intenso del pasto que resplandecía en aquel pequeño espacio liberaba en
conjunto un aroma refrescante que me hacía sentir mucha comodidad de manera
inmediata. Pero había algo que completaba todo el paisaje, un pequeño estanque
que sostenía la vida del lugar. Cuando me acerqué a examinar aquel cuerpo de
agua, me percaté que en la profundidad de aquel se revoloteaba la arena, como
si se formaran remolinos dentro del pequeño estanque. Tiempo después supe que
eso se debía a la fuga de una tubería de agua que no había sido reportada y que
probablemente algún chico hubiese ocasionado por algún tipo de travesura. Pero
era indudable que aquello hacía un cuadro digno de recordar.
Después de jugar en ese sitio, Enyl y yo volvimos al salón
de clases, en el camino le agradecí por haberme llevado allí, porque después de
ese día me la pasaría metido allí durante el resto de la primaria. Pero había
algo de lo que no me había dado cuenta, algo que escapó a mi conciencia en
aquel instante y que solamente mi inconsciente había captado.
Enyl y yo nos hicimos grandes amigos con el pasar del
tiempo. De hecho, yo solía ser un niño con mucha inseguridad y miedo, por lo
mismo varios compañeros se aprovechaban de mi para poder burlarse o hacerme
cualquier maldad. Sin embargo, Enyl era un chico de carácter fuerte y además
muy inteligente. Él solía defenderme de mis abusadores, y poco a poco me daba
cuenta de que quería estar más y más cerca de él.
Después de algunas semanas, tomé mucha confianza a Enyl, y
aunque no todos los días estaba jugando con él, en ocasiones nos sentábamos a
platicar sobre cualquier tema de nuestro interés. Él sabía lo mucho que me
apasionaban los temas paranormales, así que de cuando en cuando me contaba
algunas historias que él mismo escuchaba contar a sus familiares durante la
comida.
Con el pasar del tiempo notaba lo mucho que me gustaba ir a
la escuela. Si por algún motivo me llegaba a enfermar o algo me imposibilitaba
asistir a clases, yo me sentía muy frustrado y por ende de mal humor. Pero no
fue hasta mucho después que comprendí los verdaderos motivos de mi
sentir.
Después de la escuela solía pasar el rato haciendo la tarea
y posteriormente me sentaba a comer junto a mis primos y mis tíos. Ellos tenían
la costumbre de platicar sobre lo que habían vivido durante el día en su
trabajo mientras que nosotros, los niños, teníamos que escuchar todo lo que dijeran,
aunque no entendiéramos de lo que estaban hablando. Sin embargo, mi tío Auro
aprovechaba para poder implantar su ideología y para hacernos entender sobre
todo lo que esperaba de todos nosotros. Realmente era muy cansado el escucharlo
parlotear con todos esos aires de rectitud, criticando a todos los que no
pensaban como él y siempre opinando que tal o cual persona debería actuar como
él lo haría. Después de todo el discurso se dirigía a nosotros para que
expresáramos nuestra aprobación a su punto de vista. Yo solía ignorarlo todo el
tiempo y seguirle el juego, sin saber que algún día tendría que retomar cada
palabra que decía para ponerla en su contra.
Dada la poca confianza que le tenía a mi familia, solía no
hablar de mis sentimientos con ellos, ya que en un pasado no muy distante había
comprendido que el dar rienda suelta a mis sentimientos con ellos era abrirse
al juicio y reprobación de ellos. Además de que lograban ejercer una presión
social cuando el momento así lo permitía. Por ejemplo, cuando estábamos de
visita en la casa de mis demás parientes, mi tío comenzaba a decir
algunas cosas , que para nosotros eran privadas, a todos los demás con tal de
que ellos validaran el razonamiento de mis tíos. Un día mi tío le comento a su
hermana que me había encontrado jugando con la muñeca de mi prima y, antes de
que su hermana dijera palabra alguna, mi tío comenzaba a decirle que eso era
algo que no debía ser, por ende, su hermana le secundaba y me ridiculizaban
entre ambos.
Por esos motivos yo solía crear un mundo donde ni mis tíos
ni nadie podía saber lo que sucedía. Era un espacio mental que me confería una
máxima seguridad para distraerme de una realidad inminente y cruel.
Pero, aunque yo me refugiaba en medio de muchos pensamientos
indescifrables, era difícil que mi comportamiento no diera algún indicio sobre
todo lo que estaba en mi cabeza. Así que mi tío Auro comenzó a darse cuenta de
algunas cosas y decidió que era hora de mi primo y yo comenzáramos a
interactuar con otros chicos de nuestra edad, y qué mejor manera que en lo que
a él le apasionaba, los deportes. Realmente yo detestaba ese tipo de cosas, así
que me opuse rotundamente a participar, pero como era de esperarse, en ese
momento el que mandaba en la casa era mi tío Auro y todo lo que ordenara
tendríamos que acatarlo quisiéramos o no.
Después de muchas discusiones fallidas con mis tíos, no pude
evitar participar en los entrenamientos de futbol todos los martes y jueves en
las tardes. Varios estudiantes de mi escuela también asistieron, al parecer era
una pequeña escuela de deportes donde aceptaban a niños y jóvenes para fomentar
el ejercicio y un estilo de vida saludable. Aún recuerdo el primer día que
asistí a los entrenamientos. Yo nunca había hecho ejercicio en mi vida, por lo
que aquel día fue un verdadero martirio. El entrenador era una persona vulgar
que hablaba con mucha rudeza y groserías, su impaciencia hacía que montara en
colera todo el tiempo y nos gritara muy de vez en cuando. Como se podría
esperar de un inexperto que nunca había tocado un balón de futbol en su vida,
yo era el hazme reír del equipo. Mi incoordinación y falta de interés en el
juego se conjuntaban para estropear las cosas. La pasé muy mal en aquel
entonces, pues no solo el mal rato se quedaba en el campo de entrenamiento, si
no que, al llegar a casa, mi tío Auro era informado por el entrenador sobre mi
pésimo desempeño y era entonces que llegaba a recibir sermones sobre lo inútil
que era para las cosas en general.
Sin importar cuanto me quejara sobre ir a los entrenamientos
nunca tuve la suerte de que me dejaran quedarme en casa. Así que no me quedaba
más opción que aguantar todas las humillaciones y las travesuras que me hacían
los demás compañeros y el entrenador. Por si fuera poco, también en la escuela
era señalado por todas mis faltas, y así poco a poco fui pensando en que esto
sería una constante durante toda mi vida. Los chicos comenzaron a creer que por
no poder ser como ellos en el deporte podían faltarme al respeto todo el
tiempo, y así fue hasta que un buen día me harté de todo eso.
En una mañana de recreo pasó algo que me hizo replantearme
lo que hasta ese momento yo creía. Desde siempre yo pensaba que una figura
pacifista sería la mejor manera de evitar problemas, pero resultaba que no era
así. Cuando los chicos me molestaban yo solamente huía o lloraba, pero no había
una reacción agresiva por mi parte. No recuerdo exactamente el día, sería
sorprendente si así fuera, pero en una ocasión, mientras yo disfrutaba de un
helado en el recreo, un chico que era conocido por ser un payaso se acercó a mí
tratando de intimidarme. No obstante, yo supuse que lo mejor que podía hacer
era ignorarlo, así que no le presté atención. Pero supongo que eso le hizo
enojar y acto seguido tiró mi helado al piso. Yo estaba totalmente furioso,
solo recuerdo que lo miré fijamente y sin pensar más me le abalance encima,
trataba de golpearlo en la cara, pero yo era muy torpe para si quiera poder
propinarle un golpe. No sé en qué momento ocurrió pero de un momento a otro el
chico estaba tirado en el piso. De alguna manera yo había podido hacer algo que
lo derribó contra el suelo. No había nadie más que presenciara aquello, nadie
excepto la señora que me había vendido el helado. Yo estaba muerto de miedo ya
que el chico parecía no responder, no se reincorporaba ni reaccionaba. Así que
mi primer pensamiento fue que yo me había convertido en un asesino.
Estaba totalmente preocupado por que había un testigo ahí,
la señora de los helados seguramente me delataría con la directora y estaría en
graves problemas. Desesperado, corrí hacía el chico para poder despertarlo, no
sabía realmente que hacer así que lo único que se me ocurrió fue embarrarle
parte del helado que estaba en el suelo. Afortunadamente dio resultado, él se
despertó al instante y sentí como si me hubiesen quitado una enorme losa de
concreto de encima. La señora de los helados solo se rio, pero yo sentí que
había salido de un tobogán enorme donde la adrenalina se me disparó al cien por
ciento. Para tratar de compensar mi error, le compré un helado a mi agresor,
pero en parte también lo hice porque no quería que me acusara con la profesora
o la directora y después tener problemas por ello. El chico aceptó que se había
equivocado y que además se tenía bien merecido lo que le había hecho. Después
de ese día él no me siguió molestando, y al contrario, algunas veces jugábamos
un rato en los recreos.
Después de ese incidente, yo me sentía con mucha más fuerza
y valentía para hacer frente a las personas que se metían conmigo, no obstante,
aún era demasiado pronto y me costaba confrontarlos cuando estaban en grupo,
que era cuando generalmente me atacaban.
Cierto día, cuando yo estaba entrenando en el campo de
futbol con los demás, el entrenador nos llamó a todos para darnos una noticia.
Sucedió lo impensable, Enyl se integraba al equipo para poder participar en el
torneo estatal de futbol. Yo me emocioné mucho, incluso quise abrazarlo para
darle la bienvenida, pero creo que todos pensamos lo mismo. Todos los
compañeros le dieron un abrazo y justo cuando era mi turno de hacerlo, el
entrenador nos dispersó para poder continuar con el entrenamiento.
Era bien sabido que Enyl era un gran jugador en la escuela,
era muy bueno anotando goles, por lo que siempre lo colocaban de delantero.
Indudablemente, cuando él llegó al equipo mejoramos bastante. Generalmente
todos los sábados por la mañana teníamos que jugar contra equipos de nuestra
misma región. Yo sufría mucho porque no era de gran ayuda a mis compañeros.
Siempre terminaba equivocándome con los pases, no tenía buena coordinación y
por ello no podía burlar a mis contrincantes. Así que la mayoría de los
compañeros terminaba gritándome una y otra vez.
Pero cuando vi que Enyl se había integrado, algo en mi
despertó e hizo que me esforzara mucho para no quedar mal ante él. No podía
permitirme hacer el ridículo ahora que mi gran amigo estaba cerca. Como si
hubiera habido un cambio radical, mi desempeño en el campo mejoró notablemente,
incluso el entrenador comenzaba a elogiar mis logros. Sin embargo, había muchas
cosas que no dominaba que a decir verdad eran aún demasiadas.
En una ocasión cuando estábamos jugando un partido en la
liga estatal, por culpa mía, el portero metió un autogol por accidente. En ese
momento quería que la tierra se abriera y me tragara para no volver a tener que
mirar a ninguno de mis compañeros a los ojos. Como era de esperarse, todos
arremetieron contra mí, todos excepto Enyl, quien alzó la voz y me defendió
contra el abucheo. Sentí algo muy bonito dentro de mi cuando él se enfrento a
todos los de nuestro equipo. Incluso se atrevió a apalabrarse contra el padre
de uno de los jugadores de nuestro equipo. El entrenador estaba furioso pero
pudo comprender lo que Enyl decía. Y es que mi gran amigo hizo entrar en razón
a todos los demás, pero había dos chicos que no estuvieron nada contentos y
solo callaron sus insultos porque todos lo habían hecho, no porque realmente
quisieran dejar pasar el incidente.
Después de aquel día me moría de ganas de agradecerle a Enyl
por haberme ayudado a evitar todo el odio de los compañeros de juego y de sus
padres. Así que cuando volvimos a la escuela le dije que quería hablar con él
cerca del desayunador de la escuela, aquel sitio donde existía un hermoso e
inigualable paisaje. Una vez estando ahí le agradecí por todo y el solamente me
dijo que eso es lo que cualquier amigo haría. Pero yo sabía que no era así, ya
que se necesitaba mucho valor para hacerle frente a tanta gente.
Muchos años después aún guardo aquellos días en lo más profundo de mi mente, en un lugar especial que nadie puede ver y que seguramente, hasta que yo finalice mi existencia en este mundo, estos recuerdos morirán conmigo y se disiparán en la eternidad.
Los días siguientes fueron aún más duros. Comencé a sentir su ausencia, ya no estaba el amigo que me acompañaba de vez en cuando en mis aventuras, ni tampoco estaría el chico que me ayudaba a dibujar y detallar en mi mente las más locas aventuras que un niño pudiese vivir.
Tardé demasiado en comprender lo que había sucedido, procese las cosas y cuando finalmente en mi cabeza ya estaba todo entendido, me solté a llorar con mucho dolor en mi corazón. Un llanto inconsolable que surgió de repente mientras me encontraba en aquel bello paraíso que él mismo me había presentado. Agache mi cabeza hacia mis rodillas y me solté a llorar en silencio. Pero sentí un leve cosquilleo en mis manos, y al alzar la vista me di cuenta de que una mariposa blanca se había posado en mí. Era blanca, tan blanca como las ropas que había vestido Enyl. Cuando me levanté, la mariposa voló hacia las otras mariposas que se encontraban revoloteando en las flores que cubrían los escombros que se encontraban por allí.
Románticamente supuse que quizá Enyl se había transformado en una mariposa y que probablemente había hecho nuevos amigos, pudiera ser que eran otros niños que partieron a una temprana edad.
CAPITULO 2
IRWIN
Creí haber entendido lo que pasaba, quizá la situación la podía comprender apenas, pero lo que no podía entender era todo lo que me estaba sucediendo internamente. Los días pasaron y la ausencia de mi mejor amiga era notoria. Puede parecer una tontería, pero los días me parecían tan vacíos y con un aire nostálgico como el que se experimenta en el otoño, con su viento gélido anunciando la siguiente estación, cuyo soplido derriba la hojas que dan color y vida a los árboles. No paraba de preguntar porqué le había sucedido a él, de todas las personas de este mundo tenía que ser precisamente él.
La vida siguió su curso, quisiera o no tendría que asistir a la escuela nuevamente y seguir con mis estudios. Comencé a pensar si es que mi tía sabía algo sobre lo sucedido, ya que me pareció que intentó decirme algo sobre Enyl aquella mañana en que me enteré de la trágica noticia. Era de esperarse que ella supiera algo, pues no podía ser posible que todo un salón de pequeños estudiantes saliera en un autobús a la casa de su difunto compañero sin antes haber avisado a todos los padres de familia. Pero eso fue algo que conjeturé mucho después.
Casi todo el mundo parecía haber olvidado toda la situación, para todos el día y la noche eran normales. Para todos menos para mí, quien aún lloraba en silencio por temor a ser cuestionado y ridiculizado, tal como solía hacerlo mis tíos. Recuerdo que en alguna ocasión yo había llorado por la desaparición de un personaje de ficción que había visto en una de las telenovelas que mi tía miraba atentamente todos los días en la tarde. En ese instante mis tíos me regañaron por llorar y me hicieron sentir que era una tontería lo que había hecho. Por ese motivo solía guardar todos mis sentimientos y no compartirlos con absolutamente nadie. Así que intentaba desahogarme aislado de cualquiera que pudiera hacerme reprimir aún más todo lo que sentía.
Pasaron varios meses hasta que logré enfocar mi atención en otra cosa que no fuera la muerte de Enyl. Era el mes de Febrero, muchos de mis familiares cumplían años en ese mes, así que cada fin de semana se preparaba una fiesta para los que ya habían cumplido años durante la semana. Era el turno de mi prima Kelly, alguien con quien compartí muchas risas y juegos durante mi niñez, solíamos congeniar muy bien y ella me había estado animando para salir del estado depresivo en el que me encontraba. Los padres de Kelly no escatimaban en su entretenimiento, así que solían comprarle todo tipo de juguetes, solo que estos eran considerados para niñas. Pero a ella y a mi nos tenía sin cuidado el que fuera para un género determinado. En una ocasión a ella le habían regalado un estuche de diseño de uñas, quizá una baratija que solo tenía pintura corriente para entretener a menores de nueve años, pero para nosotros era algo más que eso. Yo solía ir a su casa casi todos los días para jugar con ella, usábamos el estuche casi diario, generalmente era yo quien le pintaba las uñas y las decoraba con los aditamentos que incluía el set. Pero se nos ocurrió invertir los papeles y terminé siendo yo quien ahora tendría las uñas pintadas. La madre de Kelly nos vio con gracia pero creyó prudente quitarme toda la pintura de las manos, ya que ella parecía conocer muy bien la clase de reacciones que tendrían mis tíos si llegaba con eso a la casa.
A la fiesta de cumpleaños de Kelly, habíamos asistido varios primos. Y comenzamos a jugar a muchas cosas, pero uno de los juegos clásicos de ese entonces y que no podía faltar en los niños de nuestra edad, era la imitación de los roles familiares, el famoso juego de la mamá y el papá.
Yo en esta ocasión dije con seguridad que quería adoptar el rol de la mamá, a lo cual todos comenzaron a burlarse de mi al principio, pero después logré mi cometido y me puse un suéter en la cabeza para similar que era mi cabellera larga. Habíamos tomado prestadas las prendas de la madre y el padre de Kelly para simular que éramos adultos. A mi primo Ferdinand, a quien le tocaba ser el padre, solo se colocó una corbata, mientras que yo use el suéter, una blusa y una falda.
Todos la estábamos pasando muy bien, cuando de repente se escuchó que alguien comenzó a abrir la puerta, nadie de nosotros se inmutó, no creíamos que hacíamos algo malo. Enseguida entró mi tía Fabiola, la esposa de mi tío Auro. Cuando ella me vio vestido de esa manera, se enojó muchísimo y me tomó por ridículo y tonto. Inmediatamente me ordenó que me quitara todo lo que llevaba puesto y me sacó del cuarto de Kelly apresuradamente.
Mi tía Fabiola sabía que Auro, su esposo, no tomaría a bien los juegos que tenía con mis demás primos. Así que decidió no decirle nada. Ella pensó que mis demás primos eran una mala influencia para mi y que seguramente ellos me había convencido de vestirme así. Realmente mis primos no habían tenido nada que ver en mi decisión, pero mi tía prefería pensar que todo era por influencia de ellos para evitar confrontar un problema que ella misma tenía. Así que después de aquella fiesta, mi tía me prohibía ir a casa de Kelly o de mis otros primos para evitar que me injertaran ideas "equivocadas" y que yo terminara siendo como ellos, esa era su manera de ver las cosas y le insistía a mi tío Auro que no me dejase ir tampoco.
Pero afortunadamente la madre de Kelly la llevaba de vez en cuando a la casa y podía jugar con ella. En muchas ocasiones mi tía Fabiola no nos quitaba el ojo de encima para vigilar que no hiciéramos algo que la escandalizara. Sin embargo, un día bajo la guardia y da la casualidad que en ese día Kelly llevo sus muñecas. Entre ellas había una de una sirena, en lo particular siempre me han encantado los personajes de fantasía, sentía especial fascinación por ellos y solía pensar mucho en qué sucedería si aquellos fueran reales.
Mi tía llegó a la habitación de repente debido a que la madre de Kelly había venido a recogerla, y desafortunadamente ella me vio jugando con las muñecas de Kelly, inmediatamente noté su expresión y supe que después de que Kelly se fuera de casa, tendría que enfrentar un sermón de mi tía.
Así fue, mi tía me dijo que aquello no era normal, que jugar con las muñecas era para niñas y no para niños, básicamente me dijo lo que yo tenía que hacer y lo que la sociedad esperaba de mi. Ella prefirió no decirle nada a mi tío y le prohibió a mis primos que se hablara más acerca del tema. Prácticamente fue como barrer el piso y esconder el polvo bajo la alfombra.
Yo me sentí muy mal, no pensaba que jugar con muñecas era algo malo, pero debido a las reprimendas de mi tía comencé a convencerme de ello, es más, empecé a tener vergüenza de hacer algo semejante de nuevo.
Al día siguiente, la rutina comenzó de nuevo. Tenía que levantarme temprano e ir a la escuela, hace poco me había dado cuenta de que ya no solía pensar tanto en Enyl, y aquel dolor extraño que sentía en el pecho comenzó a desaparecer.
No esperaba que ocurriera nada nuevo, era casi mitad de semestre y los exámenes habían finalizado recientemente, por lo que las preocupaciones estudiantiles que solían agobiarme me tenían sin importancia en estos momentos. Sin embargo, el destino es una rueda de la fortuna, nunca se sabe si castigará o premiara a quienes estén en este mundo. En esta ocasión yo sentí que me había premiado, que el universo se había apiadado de mi y había hecho llegar algo verdaderamente lindo a mi existencia.
El día de escuela recién comenzaba, y como era costumbre yo había llegado muy temprano. Habíamos llegado todos los alumnos al salón de clases, pero ya había pasado tiempo y la profesora no se había presentado aún. Por lo regular, la profesora siempre llegaba a la hora en punto al salón, pero ya habían pasado casi veinte minutos y ella no daba señales de haber llegado. Todos nos extrañamos y ya estábamos pensando que tendríamos el día libre. Todos estaban inquietos, todos excepto yo, pues me retraía en mi propio mundo para dibujar en mi cuaderno alguna historia loca que se me pasara por la mi cabeza.
Pero de pronto la profesora llegó, otra vez acompañada de la directora. Tenía que haber algo importante para que la directora llegara a nuestro salón, yo esperaba que no fuera algo sobre los concursos de conocimiento que se les solía ocurrir a los profesores, para mí era aburrido participar en ellos, así que trataba de evitarlo en la medida de lo posible. Pero para mi gran sorpresa, el motivo de su visita era otro.
Directora: ¡Buenos días chicos! Espero que estén todos muy bien. Este es un día especial para uno de ustedes. Bueno, será uno de ustedes.
Cuando ella terminó de decir esa ultima frase, hizo pasar a alguien más al salón. Cuando le vi no pude evitar quedar ensimismado, parecía que algo o alguien había trabado mi cabeza y mi mirada hacia esa persona. Era preciosa, tenía una mirada iluminadora, aquellos ojos verde turquesa me hipnotizaron como a una serpiente que es manipulada por un mago egipcio. Su cabello parecía estar pintado con el color del sol. La piel pálida y de delicadas facciones hizo que mi corazón se acelerara. Por fin creía que tendría una compañera muy bonita con la que esperaba tener mucho acercamiento.
Todo eso se derrumbó tan rápido cuando la supuesta compañera habló. Ella era en realidad él. Mi asombro no se detuvo ahí, al escuchar su voz despertó en mí algo más. Un interés de conocerlo por completo con una profundidad total, o eso es lo que yo creía, tal como había sucedido con Enyl. Su nombre era Irwin, y era un chico que se había atrasado en sus estudios debido a su mal comportamiento, por lo que ahora nos estaría acompañando en el resto del semestre. Si no me falla la memoria, el tendría unos tres o cuatro años más que nosotros. Esa cara de ángel era solo apariencia, por que desde la mirada se le podía ver que sería un diablillo.
Con el pasar del curso, Irwin fue tomando confianza, de hecho se ganó rápidamente la popularidad. Pero a pesar de su apariencia, el chico solía ser muy vulgar en su comportamiento. Era agresivo y muy inquieto. De hecho, solía meterse en problemas muy seguido. Pero eso lo hacía mas llamativo a mis ojos, el hecho de ser rebelde, de no temerle a la autoridad y sentir que tenía poder sobre los demás compañeros le daban un magnetismo que me hacía sentir demasiada atracción hacia él.
El era muy varonil, de hecho, cuando era la hora del receso jugaba futbol con los demás compañeros y de cuando en cuando solía haber problemas que terminaban en golpes y riñas absurdas, en las cuales la mayoría de veces él mostraba su rudeza y fiereza a la hora de pelear.
Debido a la diferencia de edad que tenía con respecto a nosotros él tenía mucha ventaja y por eso dominaba el salón entero. Él era el bulling del grupo, e imponía su voluntad sin pensarlo. En una ocasión la profesora tuvo un problema de salud que le impidió llegar a darnos las clases, por lo que una pasante se hizo cargo de sustituirla. Claramente era una novata e Irwin no iba a dejar pasar la oportunidad de desafiar su autoridad.
La profesora sustituta intentaba contener al grupo, ella era amable con todos nosotros pero eso no serviría de nada. Irwin estaba decidido a llamar su atención y comenzaba a salirse de su lugar, hacer preguntas incómodas y a reírse con los demás para poder hacer que el grupo se revelara. Esto incomodó a la profesora, pero en múltiples ocasiones ella trató de calmar a Irwin gentilmente. Sin embargo, para él no había nadie en el salón que le impidiera hacer sus deseos. La profesora llegó a su límite, pero al no poder hacer nada contra el chico, lo único que hizo fuer romper en llanto, el sollozo reflejo tal impotencia en ella que hizo que aquella pequeña bestia de angélico porte cesara por fin.
Irwin sintió verdadera culpa al ver llorar a la profesora sustituta. Toda esa energía e inquietud por llamar la atención se esfumó al presenciar aquella escena. El chico solo volvió a su escritorio en silencio, y con una facies que denotaba ira pretendía ocultar el arrepentimiento que le carcomía la conciencia. La expresión de sus ojos me cautivó, no podía evitar mirarle, y el momento en que se enrojeció todo el contorno de sus ojos me hizo sentir que estaba ante una obra de arte.
Después de aquel incidente, los días siguientes Irwin trató de ser menos rebelde. De primera instancia parecía que la profesora había logrado de alguna manera ganarse la simpatía de Irwin, y al parecer había ocurrido algo en aquel momento que resonó en el interior del joven y que cambió su manera de actuar con la profesora sustituta. No estaba seguro de lo que había sucedido, pero yo pienso que aquello significaba que Irwin había sentido mucho el haber hecho llorar a la profesora, por lo que optó por ser mas tranquilo.
La profesora sustituta estuvo con nosotros solo una semana más, después de eso la profesora que había estado a cargo desde un principio regresó y las cosas regresaron a ser como habían sido siempre. Irwin había vuelto a ser el chico rebelde, mientras que los demás teníamos que soportarle. Pero... no era realmente así. Era cierto que Irwin molestaba a la mayoría, pero había personas con las que no solía meterse en lo absoluto, y uno de ellos era yo. De hecho, había algo que el hacía siempre y era abrazarme muy efusivamente y mostrarme muestras de cariño algo simpáticas.
Si bien yo solía ser un poco arisco con la gente, me encantaba demasiado que me mostraran afecto aunque no lo pareciera.
No sé que es lo que Irwin veía en mi, algo le hacía tenerme mucha confianza para darme abrazos des vez en cuando... yo sé que el notaba que eso me gustaba, por que después de un tiempo lo hacía con más frecuencia. En una ocasión recuerdo que estábamos en la hora del receso, y me abrazó como era costumbre, pero acercó su boca a mi oreja y me susurró algo al oído. Él dijo:
Irwin: ¡Sé que te gusta esto!
Aquella sensación que sentí cuando él me susurró al oído me hizo erizar la piel y una especie de descarga eléctrica recorrió mi cuerpo. Al instante pasé de un estado de alerta a uno de ensueño. Irwin me había gustado desde la primera vez que lo vi, por lo que los abrazos y besos que me daba para molestarme en realidad yo los disfrutaba mucho.
También era cierto que durante las clases yo me distraía mucho por estar mirándolo discretamente. Y más aún cuando los rayos del sol atravesaban por la ventana para iluminar su rostro. Él era castaño claro, así que su cabello emitía un brillo cobrizo que resaltaba su presencia, mientras que aquellos ojos verdes cobraban un aspecto fluorescente que en verdad uno creería que eran joyas incrustadas en su rostro. Tantos años han pasado desde aquel entonces que aún conservo su imagen en mis recuerdos.
Irwin vivía con su tía, al parecer sus padres no podían hacerse cargo de él y además se la pasaban de viaje de negocios muy a menudo, por lo que pasaban largas temporadas fuera del país. La tía no tenía ni idea de como educar a su sobrino a pesar de que ella ya era una persona de avanzada edad. Y era evidente que los padres de los demás alumnos recibían quejas de sus hijos muy a menudo por las bromas pesadas que solía hacerle a la gran mayoría. Por eso mismo, la profesora tenía que llamar constantemente a su tía para que le pusiera un alto a su sobrino. Realmente nadie sabía que hacer con él, por un lado estaba el chico que necesitaba una atención especial, pero por el otro estaban los demás compañeros que eran víctimas de su maltrato y sus pesados juegos.
Nunca nadie pudo saber con exactitud que era lo que pasaba a través de la mente de Irwin. Pero tampoco estaban interesados en saberlo. Tampoco es que el le diera la confianza a nadie, ni mucho menos parecía que quería hablar sobre ello, así que todo eso quedo envuelto en un misterio y la gran mayoría le calificaba de un chico problema que no tenía remedio.
Pero un día sucedió algo que cambió todo. Era la hora del receso, en aquella mañana Irwin se había quedado castigado por no haber hecho una tarea y haberle respondido de mala manera a la profesora, así que estaba dentro del salón tratando de contener su frustración. Yo acostumbraba a quedarme de vez en cuando en el salón para tratar de meditar sobre algunas cosas, por ejemplo, solía mirar las ilustraciones de los libros de historia y tratar de imaginar cómo habría sido en aquel tiempo, si acaso las guerras habían sido tan sangrientas y horrendas como me imaginaba. Irwin y yo éramos los únicos que estábamos en el salón. Él se acerco hacia mi y me miró extrañado, supongo que pensaba sobre el cómo me podría parecer divertida una actividad como la de solo ver un libro. Así que dijo:
Irwin: ¿Qué haces?
Yurzelen: Estaba pensando en cómo es que sería haber vivido en la época en que el imperio romano había conquistado todo el viejo mundo...
Irwin: mmmmm ¿Y cómo era según tú?
Yurzelen: La verdad no tengo idea, pero me imagino que debía depender de que papel te tocara jugar en la sociedad.
Irwin: ¡ya veo!...
No era la conversación más entretenida, pero Irwin intentaba no sentir la duración del tiempo interactuando conmigo. Y de pronto dijo:
Irwin: Me dan unas ganas de morderte, pero no sé por que.
Inmediatamente le respondí:
Yurzelen: ¡Pues hazlo!
Irwin me dio una leve mordida en el brazo, pero sentí que quería que lo hiciera más fuerte, así que lo incité a que lo hiciera, y así lo hizo...
No puedo describir aquellas sensaciones que experimente en ese momento. Pero definitivamente eso me había gustado demasiado, y conforme pasaban algunos días fui permitiendo que el me mordiera de esa manera. No cabe duda de que algo había despertado en mi, aunque en ese entonces yo no era consciente de ello. Poco a poco comencé a sentir más interés acerca de él, pero temía como sería su reacción. Al ser una persona inestable, no podía saber si el tomaría ese interés como algo sin mucha importancia, o si por el contrario lo tomaría como una invasión a su intimidad. Sea cual fuere el caso, decidí mantener la situación tal como estaba sucediéndose.
Un día cualquiera yo me encontraba jugando en el patio de la casa de mis tíos, hacía mucho calor y había sudado demasiado. Así que antes de que fuera la hora de la comida, mi tía me ordenó que me bañara cuanto antes para poder ir a comer. Yo estaba esperando que me dijera eso, pues no me gustaba estar sucio en la hora de la comida. Fui a mi cuarto y comencé a desvestirme, mientras tanto mi tía entró para avisarme que el baño estaba listo y que no fuera a dejar toda mi ropa tirada por la habitación. Pero fue entonces que mi tía se quedó mirándome, lucia asustada y asombrada al mismo tiempo. Ella me dijo:
Fabiola: ¿Qué rayos te pasó en los brazos?
Yurzelen: ¿Qué? ¿De que habla tía?
Fabiola: ¿Por qué tienes esos moretones en los brazos? ¡Déjame ver!
Mi tía me jaloneo de los brazos para examinarlos, inmediatamente yo recordé las mordidas que me había hecho Irwin. Estaba en serios problemas, no sabía que decirle a mi tía. Obviamente no pensé en decirle al verdad, así que estaba planeando mi respuesta ante la interrogante de mi tía.
Fabiola: ¿Qué es esto? ¿Quieres explicarme de una vez por todas que te paso?
Yurzelen: Es que me caí de las escaleras en la escuela. No me acordaba, es que ya no me duele.
Fabiola: ¿Acaso quieres verme la cara de tonta? ¡No me mientas niño! Esto no fue por una caída. ¡Dime quién te hizo esto!
Yurzelen: ¡Nadie! Es que te digo que me caí.
Fabiola: Estas marcas no son de una caída. Aquí tienes mordidas, están muy marcadas. Esto es un salvajismo. Dime quien te hizo esto si no quieres que le diga a tu tío Auro.
Era imposible engañar a mi tía Fabiola, así que tuve que decirle lo que había sucedido. Ella insistía en que no protegiera al responsable, o el que iba a cargar con todas las consecuencias sería yo mismo. Casi preferí aquello, pero maldije mi boca mil veces después de haber confesado la verdad. Incluso intenté decirle que había sido yo quien le había pedido que me mordiera fuerte, pero eso solo la hacía pensar que yo intentaba minimizar la culpa de Irwin o protegerlo de alguna manera. Mi tía estaba furiosa, y dijo que mañana mismo iría la escuela para hablar muy seriamente con la directora y la profesora de grupo. Yo estuve inquieto toda la tarde, mi tía había prometido que no le diría nada al tío Auro, pero rompió su promesa. Mi tío Auro me reprendió fuertemente al ver que había sido incapaz de defenderme por mi mismo, y como era de esperarse, terminó apoyando la decisión de mi tía Fabiola.
La noche fue imposible, me la pasaba pensando acerca de las posibles consecuencias esto podía causar. Indudablemente Irwin tendría un castigo por culpa mía. Mi descuido arruinaría de una sola vez el aparente cariño que Irwin me tenía; o eso era lo que yo pensaba en aquel instante. No pude dormir en lo absoluto, y a pesar de tratar de pensar en una atenuante que me ayudara a conciliar las partes, no había nada que yo pudiera hacer.
A la mañana siguiente, mi tía fue conmigo al salón y espero a que llegara la profesora, en cuanto esta llegó mi tía la abordó de inmediato y fue cuando se armó tremendo lio. Irwin fue llamado a la puerta y hubo una discusión algo intensa. Pero lo que definió que algo malo había sucedido y que me dio a entender que la relación entre Irwin y yo jamás sería de nuevo la misma, fue cuando su mirada se posó sobre la mía y noté en ella una gran decepción.
Después de eso noté como Irwin me evitaba, pero mi tía no fue la única que llegó a emitir quejas en esa semana. Muchos padres de familia había acusado a Irwin de varios abusos por parte de él, incluso muchos de estos señores eran padres de otros chicos que no pertenecían a nuestra clase.
La acumulación de quejas era tal que Irwin tuvo que irse de esa escuela, yo no supe de eso hasta que pasaron varios días. Al parecer nadie preguntaba por él, a nadie le importaba realmente si él estaba presente o no. Jamás volví a saber nada sobre Irwin, nunca supe que pasó con él ni tampoco había manera en que lo contactara en aquel entonces. Cuando pasaron los años olvidé su segundo apellido por lo que su identidad ahora estaba ensombrecida por los defectos de mi propia memoria.
CAPITULO 3
FRANCESCO
Después de algunos años, la sombra de Irwin se había marchado, solo quedaba un recuerdo que evocaría algunas de las noches de mi vida, una imagen que quizá sería manchada por la senectud, o pudiera ser que su imagen moriría repentinamente conmigo... esto no se sabrá hasta mucho tiempo después.
El resto de la escuela primaria transcurrió sin mayor tapujo, todo aquello que representara una cuestión de sentimientos intensos había quedado apaciguado por los diversos intereses que cualquier infante tendría en aquella edad, tales como las ridículas modas del momento, o las caricaturas en boga, acontecimientos locales que asombraban al ser novedad para nosotros, entre otras cosas semejantes. No obstante eso no quitaba que hubiera algunas otras personas interesadas por entrar en mi vida. Solo que aquello no podría concretarse por las claras preferencias que había en mi esencia original. Muchas compañeras intentaron acercarse a mi, pero nunca las vi como algo más que buenas amigas. Realmente no me daba cuenta de ello por que siempre me había considerado como una persona verdaderamente despistada.
En una ocasión, una compañera llamada Renata llegó a intentar algo conmigo, y la situación sí que me dejó pensando durante algunos años sobre mis sentimientos.
Renata fue una chica algo retraída durante los primeros años de nuestra escuela primaria, en un inicio ella era de las personas que no solían meterse en problemas, evitaba el conflicto y solía estar sola durante los recesos. Era incluso más introvertida que yo, no hablaba con nadie en lo absoluto y odiaba estar cerca de las multitudes, por lo que en los festivales de la escuela ella desaparecía sin decir donde se encontraría. Incluso en los viajes escolares ella prefería quedarse en el autobús antes que estar con nosotros. Pero hubo un tiempo en que ella se ausentó de la escuela, de hecho fue un semestre que ella cursó en casa, mientras que todos los demás tuvimos que asistir a la escuela presencialmente.
Después de ese semestre de ausencia, ella regresó totalmente irreconocible, era una niña completamente diferente a la que habíamos conocido. De hecho, cuando ella entro al salón en el inicio de semestre todos creímos que se trataba de otra estudiante nueva que se incorporaría a nuestro grupo. Pero cuando la profesora la integró con nosotros diciendo que era la mismísima Renata, todos quedamos boquiabiertos con el cambio que había tenido. La mayoría de los chicos no dudaron en expresar exaltación intentando llamar su atención. Y es que era verdad, Renata no solamente había cambiado su apariencia, sino que también su actitud denotaba una diferencia muy marcado con su anterior forma de ser. Su mirada era muy desafiante y se notaba que su seguridad y autoconcepto habían mejorado bastante.
Renata ahora había pasado de ser la chica tímida e insegura a ser una persona seductora y decidida a obtener lo que ella quisiera. Eso lo dejó claro tan solo al integrarse de nuevo al grupo, un ejemplo de esto fue cuando ella quería sentarse cerca de la ventana, pero todos esos sitios de ahí estaban ocupados. Para demostrar supremacía y construir su nueva imagen ante los demás, no dudo en acercarse al chico que le había estado haciendo segunda a Irwin en sus bravuconerías, Arturo. Renata le sonrió a Arturo, se acercó hacia él, ella notaba perfectamente que él se estaba poniendo nervioso, así que no dudó en pedirle de favor que le cediera su asiento. Su golpe final fue acariciar levemente su rostro con su mano para dirigir la mirada de Arturo hacia la de ella. La profesora notó que estaba ocurriendo algo inapropiado y le pidió a Renata que se sentara de una buena vez. Fue entonces cuando Arturo se precipitó y se levantó de su asiente, dejando que Renata ocupara su lugar, mientras él se iría al fondo del salón.
Al presenciar aquel acto, la mayoría del grupo comenzó a burlarse de Arturo, hacían ruidos que denotaban emoción y al mismo tiempo tenían en objetivo de avergonzar al compañero. Claramente lo que habíamos notado es que se había librado una breve batalla, una lucha de egos para marcar quien tenía más poder. Renata había ganado, había hecho que Arturo se rindiera ante la imponente y seductora mirada de ella.
Todos los chicos habían quedado encantados con la nueva Renata. Durante las clases se notaba que ellos buscaban agradarle, solían comportarse como verdaderos payasos haciendo cosas ridículas para enseguida voltear la mirada hacia ella y ver que reacción podrían obtener de Renata. La competencia entre chicos era tal que muchos de ellos se valían de la fuerza para someter a los demás y demostrar que eran dignos de su aprobación. Ahora que ella tenía el control, se provechaba de todos ellos para poder obtener muchos favores, que en ese entonces no pasaban de ser atenciones tales como recibir comida gratis, apoyo en las tareas, ceder lugares, y otras cosas semejantes.
Y aunque todos admiraban la belleza de la chica, yo verdaderamente le envidiaba. Veía como obtenía muchas cosas sin hacer prácticamente nada. Es cierto que quizá ella había pasado por proceso nuevo que le había cambiado su mentalidad. Pero nadie veía eso en aquel momento.
Renata se dio cuenta de que tenía todas las atenciones de los demás menos de la ciertos compañeros, entre los cuales estaba yo. En lo particular no me consideraba alguien especial, así que no pensé que yo sería uno de sus objetivos. Pero me di cuenta de lo contrario cuando en un buen día ella se acercó a mi. Yo estaba en mi sitio favorito, aquel que me había mostrado Enyl antes de irse de este mundo. Me encontraba inmerso en mis pensamientos, mientras ella se aproximaba lentamente hacia mi. De repente escuché que dijo:
Renata: ¡Yurzelen! ¿ Qué estas haciendo aquí tan solo?
Al escuchar su voz, yo exclamé con gran impresión.
Yurzelen: ¡Renata! yo... solo estaba viendo a las mariposas posarse en las flores.
Renata: ¡Ya veo! ¿Por que tu no quieres jugar conmigo?
Yurzelen: ¿Qué? ¿De qué hablas?
Renata: Todos los demás quieren estar todo el tiempo cerca de mi, me agobian demasiado, pero he notado que a ti no te interesa jugar conmigo. ¿Acaso te caigo mal?
Yurzelen: ¡No! en lo absoluto, nada de eso. Es solo que como te veo tan ocupada con todos los chicos, creí que no tendrías tiempo en jugar con alguien más.
Muy en mi interior, no sabía que decirle, realmente no es que no la considerara una persona increíble, es solo que no me interesaba competir por su atención.
Renata: Creo que eres un chico interesante, me recuerdas mucho a mi yo del pasado. Veo que este lugar es precioso y no te culpo, yo solía venir aquí hasta que tú y Enyl comenzaron a frecuentarlo.
Yurzelen: Yo... no... no tenía idea de que te hubiéramos robado tu lugar favorito.
Renata: ¡No! para nada, supe que algo cambiaría en el momento en que ustedes dos me sacaron de mi escondite. Y creo que fue el inicio de una serie de pasos que me ha convertido en lo que soy ahora.
Con ese comentario, Renata me había dejado muy pensativo. Jamás en mi vida había pensado algo así, en una secuencia de eventos que desencadenaba en algo muy alejado de un punto de partida, creando una transformación no solamente física de una persona o de una situación, sino de un todo que llegaba a impactar hasta a las personas que vivían cerca de uno mismo.
Renata: ¿Entonces quieres jugar conmigo?
Yurzelen: ¡Claro! es solo que no me siento muy bien en este momento.
Renata se acercó y me insistió en que jugara con ella, estaba muy aburrida de las cosas que hacían los chicos para llamar su atención, supongo que ella quería estar con alguien que no la viera como un trofeo o una recompensa que debía ser ganada. Pero yo estaba tan triste pensando en mi pasado reciente que no tenía ganas de jugar con nadie.
Fue entonces como Renata acortó la distancia entre nosotros y me pidió que cerrara los ojos, yo instintivamente lo hice, sin si quiera pensar el para qué me había pedido una cosa así, entonces ella sostuvo mi cabeza con ambas manos, manos muy suaves y delicadas que me agarraron con delicadeza. acto seguido, me plantó un beso. Pero ese no fue cualquier beso, fue un beso algo más apasionado e intenso que me movió demasiado las ideas. Una sensación nueva recorrió mi cuerpo, Renata me había besado y yo había sentido algo muy particular cuando ella lo hizo. Debo admitir que me había gustado la sensación.
Definitivamente había quedado aturdido por aquel beso, hasta ahora, yo no había dado mi primer beso. Por lo que todo eso era una experiencia completamente nueva para mi.
Después de tal acto, ella se marchó del sitio para regresar a su reino de chicos que soñaban por estar cerca de ella e incluso de compañeras que buscaban ser admiradas y que parecían ser sus cortesanas.
Yo estuve mucho más pensativo ese día, si de por sí había estado lidiando con muchos sentimientos, ahora tenía una nueva carga que procesar. ¿Qué era eso que me había hecho sentir Renata? ¿Por qué ella estaba interesada en mi?
Durante varios días Renata había estado buscando mi atención, ella estaba muy decidida a quizá demostrar que era tan irresistible que me haría presa de sus encantos. Pero la verdad es que ella no me interesaba de esa manera, aunque dude mucho en ello por el hechizo de su beso. Por que si pensé en ella durante días, pero pronto me di cuenta de que no era lo que quería, de hecho lo que yo quería de ella era pertenecer a su supuesta corte. Supongo que después de todo eso, yo representaba un desafío para ella. Por que después de no notar cambios en mi conducta, ni obviamente mostrar mayor interés hacia su persona, ella me dijo en una ocasión:
Renata: Yurzelen, no pareces ser un chico como todos los demás. Me gusta mucho esa parte de ti, y por eso quiero que seamos más cercanos.
Yurzelen: ¿A qué te refieres con más cercanos?
Renata: Siempre he observado que tú eras muy similar a mi. Notaba como te la pasabas evadiendo a todos los demás y solamente te llevabas bien con Enyl. Incluso sobreviviste a los abusos del imbécil de Irwin. Pero dime algo, ¿Cómo es que permitiste que Irwin te hiciera esos mordiscos en el brazo? cuando tu tía vino a reclamarle a la profesora no podía creer que estuvieras pasando por semejante abuso...
Renata se acercaba mucho a mi, y los demás chicos no tardaron en notarlo. Yo estaba consiguiendo ser parte de la corte de Renata, era algo que me hacía sentir pertenencia. Incluso Arturo y otros chicos se comenzaron a acercar a mi para pedirme consejo y tratar de conseguir ser novios de ella.
Un día, Renata decidió mostrar ser una persona que discriminaba mucho según estatutos que solo ella misma sabía. Y para demostrar quienes cumplían con sus estándares, decidió invitar solo a algunas personas a su fiesta de cumpleaños. Obviamente entre estas personas estaba yo, y así comenzaría otro arco de mi vida que me llevaría un sufrimiento mucho mayor.
La división fue notaria, solo los chicos más populares de otros grupos habían sido invitados. Claro que hubo una inmensa mayoría que no lo fue. Yo me sentía muy incómodo, y pensaba en alguna excusa que me permitiera faltar, pero Renata se encargó de enviar mensajes a nuestros padres para que pudieran darnos permiso e ir a su casa. Así mi tía Fabiola se entero de la dichosa fiesta de cumpleaños y me dijo que sería una buena oportunidad para conocer buenos amigos, y como en la invitación estaba impresa la foto de Renata, mi tía se encantó diciendo que ella sería un buen prospecto para mí. La manera de pensar de mi tía me desagradaba mucho, inclusive me hacía sentir muy comprometido.
Finalmente llegó el fin de semana, la fiesta de Renata era el sábado, y yo estaba muy nervioso por que de hecho era la primera vez que me invitaban a una fiesta que no fuera la de un familiar cercano. Se me había ocurrido fingir que estaba resfriado, pero no tuvo caso. Mi tía Fabiola era muy buena para detectar cualquier mentira, así que si me empecinaba en hacerme pasar por enfermo, me terminaría llevando al doctor para que me recetara las más dolorosas inyecciones que pudiera haber.
Renata nos recibió a todos con mucha emoción, bueno, realmente yo sentía que lo hacía de manera forzada. Pudiera ser que ella no nos consideraba como verdaderos amigos, pero al mismo tiempo algo en su persona nos hacía sentir especiales al estar cerca de ella. Pero en fin, estábamos todos reunidos ahí para celebrarla.
Todo estaba transcurriendo tan normal, algo típico de cualquier fiesta de cumpleaños de preadolescentes. Aunque Renata hubiera seleccionado solo a los más populares de cada grupo, había suficientes personas como para no sentirse tan selecto. No fue si no hasta la hora de partir el pastel que algo me haría volver a sentir aquellas emociones que había olvidado.
La madre de Renata reunió a todos en el patio, había una gran estructura decorativa con colores mas bien oscuros, algo característico de Renata pues a ella siempre le había gustado vestir de ese tipo de colores. De hecho, en esa ocasión lucía un vestido muy llamativo, ya que era un vestido victoriano de colores negro y azul marino, de verdad causó mucho impactó y además de que puso en tendencia ese tipo de vestidos en las chicas de nuestra comunidad. Renata se sentó frente a un gran pastel que hacía juego con los colores de su vestido y de la estructura decorativa. Su padre, su madre y sus hermanos se situaron a su alrededor para poder proceder con las tradicionales mañanitas, un canto que se entona para felicitar al que cumple años en ese momento.
De pronto apareció él, un chico que captó toda mi atención. Seguramente mi pupila se había dilatado demasiado cuando el entró a mi campo visual. Era el hermano mayor de Renata, un chico muy apuesto que con una sonrisa pudo disipar todas las preocupaciones y angustias que habían estado en mi cabeza hasta ese momento. Su estilo atlético, su porte desafiante y seguridad fueron de las primeras cosas que noté. Después de aquél asombroso encuentro, inmediatamente las voces dentro de mi cabeza comenzaron a surgir como susurros estremecedores que alimentaban mis temores. Mi cuerpo temblaba y no podía concentrarme en otra cosa, sin querer mi mirada siempre terminaba dirigiéndose a él. Y cuando me daba cuenta de que lo estaba mirando, rápidamente volteaba la mirada evitando hacer contacto visual.
Me sentí avergonzado, no sabía exactamente por qué, pero bastó ese pequeño instante en el que él se hizo presente para que me sintiera el ser más pequeño del universo. Ahora, en lugar de querer estar más tiempo ahí, quería ocultarme detrás de todos los demás. Pero todo empeoró cuando entró Adrián, el chico que era capitán del equipo de futbol. Aquel sujeto era el más pedante y presumido de la escuela, el rey de todos los chicos y que además de su atractivo era una persona que había podido rivalizar mucho en fuerza con Irwin. Si aquel chico era amigo de Adrián, era seguro que sería alguien similar a él.
La velocidad con la que me había ilusionado era la misma con la que me había desilusionado. Después de todo, aquella silenciosa batalla solo había sido un producto de mi mente. Pero a pesar de todo, mis ojos seguían desobedeciéndome y se seguían posando en la figura de ese desconocido.
Yo estaba decidido a actuar como una sombra, a pasar desapercibido como lo había planeado en un inicio. Pero la hora de los juegos comenzó y la primera de las actividades sería romper una piñata. Fue entonces como el miedo a hacer el ridículo se apoderó de mi, y una ansiedad estuvo a punto de quebrarme. Pero muy en mi interior algo sonó, una voz que me incitaba a hacerlo, una voz enojada que me gritaba... y decía...
Alter: ¿Acaso eres inútil? ¿De qué tienes miedo? ¡Sé fuerte! ¿O qué sucede? ¿Eres una niñita llorona? ¡TEN CORAJE CARAY!
Renata se acercó a mi, era el siguiente en pasar a tratar de romper la piñata. Ni siquiera había notado cuando habían pasado los demás, había estado tan absorto en mi mente que no me había percatado de que estaba deteniendo la fila. Con mucha pena pasé a romper la piñata. Realmente no había sido la gran cosa, pero para mi en ese instante me pareció que lo había hecho tan mal que mi cara se puso roja de la vergüenza. Incluso tropecé con una piedra que estaba por ahí, si de por sí mi vergüenza era ya notoria, con ese pequeño incidente sentí que el mundo se me vino encima.
Pero alguien que estaba cerca me tendió la mano y me ayudó a levantarme, y para mi sorpresa era aquel chico que me había robado varios suspiros unos minutos antes. Obviamente me quedé perplejo, y mi mano se extendió para agarrar la suya. Me sentía desmayar, pero aquella voz en mi interior volvía a decirme cosas.
Alter: ¡No seas tonto! ¿Quieres que piense que eres un torpe? ¡No lo veas a los ojos!
Esa voz era molesta, pero era lo que yo escuchaba en ese instante y hacía exactamente lo que me sugería.
Cuando la fiesta de Renata terminó, no volví a ver a su hermano por un buen rato. La cara de aquel chico se había grabado en mi memoria, y cada noche, cuando estaba a punto de dormir, armaba un gran escenario donde él y yo iniciábamos una conversación. Pero después de salir de casa de Renata me di cuenta de que nunca supe su nombre, fue hasta después que pude preguntarle a la misma Renata sobre el nombre de su hermano el cual era, Francesco.
Los años pasaron y yo me había olvidado completamente de él, o eso creía, por que en realidad algunas noches lo evocaba en mi memoria preguntándome sobre como hubiera sido ser su amigo. Pero esas noches eran realmente esporádicas.
No fue hasta que en secundaria volví a verlo, el estaba en otro grupo. Pero todos los días podía verlo desde el balcón que estaba fuera de mi salón, para fortuna mía, el grupo de Francesco estaba en la planta de abajo y el mío en la segunda planta. La vista de aquel balcón daba hacia el gran patio, donde todos los chicos jugaban futbol, y como era de esperarse, Francesco el atleta estaba ahí compitiendo todos los días en la hora del receso.

