UN NIÑO CON LA MIRADA AL CIELO
-Hoy es un día muy soleado, hace mucho calor, casi no soporto el bochorno que hace en el transporte público cuando tengo que regresar a casa. No puedo concentrarme con tanto calor. Se aproxima la hora de salida, pero la señorita Villalobos no me dejará en paz si no logro terminar con los ejercicios de solfeo. He practicado toda la semana y no logro perfeccionarlo. ¿Qué estaré haciendo mal?
¡Rayos! ojalá hoy fuera viernes, detesto esperar tanto ¡no es justo!-
Con tantos pensamientos en la cabeza, Kazim era incapaz de poder enfocarse en su ensayo con el violín. Pronto sería el fin de semana y esto era importante por que sus dos mejores amigos, Renata y Tulio, le habían invitado a asistir a un toquín que habría en el centro de la ciudad. Él adora todo tipo de eventos musicales, tan es así que comenzó a estudiar música hace poco, después de haber intentado insistentemente en aprobar el examen de ingreso a la universidad.
Todo el revuelo que tenía en mente, era acerca de cómo serían las bandas que tocarían allí. En que si sus amigos tendrían la oportunidad de quedar entre los primeros lugares de la competencia. Y también algunas otras cosas como el tipo de vestimenta que llevaría al evento.
Mientras Kazim se encontraba pensando sobre todo eso, la señorita Villalobos, una mujer con poca paciencia, hizo sonar un gran aplauso para llamar la atención del distraído muchacho. De un sonido rompió con la burbuja de pensamientos.
Srita. Villalobos: No creo que puedas avanzar mientras sigas así de distraído. Si no mal recuerdo, habías dicho que te había costado mucho entrar a esta escuela ¿no es así?
Kazim, apenado, bajó la mirada y respondió.
Kazim: Sí, así es señorita.
SriTa Villalobos: ¿Entonces? No te veo esforzándote lo suficiente para poder seguir sosteniendo lo que me habías dicho antes. No se que clase de problemas tengas, pero debes aprender a diferenciar la vida académica de la personal. ¿O acaso es algo muy grave?
Kazim: No, no señorita, todo esta bien.
Srita Villalobos: Bueno, entonces ¡déjame escuchar de nuevo todos los ejercicios!
Después de media hora, Kazim pudo irse a casa finalmente. Estaba un poco apenado por lo que había sucedido en la escuela, él realmente quería progresar lo más rápido posible y por ende intentaba hacerlo lo mejor posible; rápidamente olvidó aquel pequeño traspié ya que volvió a emocionarse por los planes que tenía para el fin de semana.
El camino a casa era algo que el chico disfrutaba con demasía; esto era así debido a que pasaba por muchos parajes muy hermosos. La ciudad tenía muchos parques y edificios icónicos, así que tomaba una gran cantidad de fotografías a todos esos lugares. La cámara con la que lo hacía le había costado una fortuna, desde hacía un tiempo se había estado restringiendo de muchas cosas con la única finalidad de ahorrar todo el dinero que ganaba en un trabajo temporal para poder adquirir dicha cámara.
Pero no era todo lo que hacía durante el trayecto. También le encantaba pasar a una plaza comercial donde vendían todo tipo de figuras, accesorios y peluches de animación japonesa. Estaba muy emocionado por que había pensado en llevar un presente para cada uno de sus dos amigos el día del concurso, y como ellos compartían gustos muy similares a Kazim, entonces estaba seguro de que elegiría algo de su entero agrado. El tiempo pasaba y él seguía entreteniéndose con todas las cosas que encontraba en aquella plaza. Cuando estaba a punto de irse del lugar, una chica se le acercó y le preguntó:
??: ¡Hola! ¡Pero qué bonita playera! ¿Dónde la conseguiste?
Kazim: ¿Esta? (Pero por supuesto que esta, no llevo puesta otra ¿o sí? dios no quiero sonar como un tonto) . La compré en una tienda que está cerca de mi casa, lo que pasa es que una vecina vende ropa por catálogo, pero en ocasiones la gente que le hace los pedidos termina por no quererlos y pues los pone en venta en un pequeño local que tiene. La vi hace como dos semanas, me gustó mucho y pues, me la compré. Por cierto, ¿Cómo te llamas?
??: ¡Ay! perdón, jeje. Mi nombre es Rachel. Mucho gusto.
Kazim: Ah no te preocupes, yo soy Kazim.
Rachel: ¡Wao! no había escuchado ese nombre hasta ahora. ¿Qué significa?
Kazim: Es de origen turco y significa "Aquel que controla la ira".
Rachel: Que curioso. Entonces eso significa que eres muy enojón ¿no es así?
Kazim; ¡No! al contrario, me considero una persona muy tranquila y pacífica.
Rachel: Que raros son los padres, siempre poniendo nombres exóticos a sus hijos, yo tengo un hermano. Su nombre es algo así como el tuyo, la verdad no recuerdo que significa, pero creo que es hebreo. Pero bueno, quisiera saber si podrías conseguirme una playera así, es que enserio me gustó mucho.
Kazim: ¡Pero claro que sí! solo dime que talla eres.
Rachel: Bueno creo que soy talla mediana. Por ejemplo, la blusa que traigo puesta es mediana.
Kazim: Bueno, pásame tú número de celular para poder contactarte.
Rachel: Sí, es el...
Kazim se entretuvo platicando con su nueva amiga por mucho rato más, hasta que la noche por fin cayó y su celular comenzó a sonar. Era su madre. El chico estaba preocupado, por que siempre que le marcaba su madre o su padre era para pedirle un favor o para reprocharle algo. Dadas las circunstancias, Kazim pensó que lo más probable era que su madre estaba llamando para preguntar el por qué aún no había llegado a casa. Pero para evitar aún más problemas, decidió contestar.
Kazim: ¿Si?
Madre: ¿Dónde carajos estás? ¿Ya viste la hora que es?
Kazim: Mamá apenas vengo saliendo de la escuela.
Madre: ¿A esta hora? No quieras verme la cara. ¡Te vienes inmediatamente a la casa!
Kazim: Si ya voy para allá.
Madre: Ya te quiero aquí niño. Y más vale que no estés oliendo a cigarro o alcohol, por que seguramente te la pasaste con los vagabundos aquellos.
La señora terminó finalizando la llamada, Kazim sabía que le esperaba una buena llamada de atención por parte de su mamá. Pero ya estaba acostumbrado a ello, así que prefería no preocuparse demás y esperó tranquilamente el autobús.
Pero la noche era, en esta ocasión, fiel amiga de las sombras más oscuras. Cómplice de la rudeza y de la maldad. No había luna y las luces de la calle en donde se encontraba el chico parecían iluminar tanto como una pequeña vela en un pastel de cumpleaños.
Entre los velos de la doncella del mal, uno de sus hijos sedientos surgió de entre aquellos oscuros vestidos, listo para doblegar y aterrar.
Pronto, Kazim sintió como alguien le tomó por el cuello. Un brazo se dobló justo delante de su tráquea, mientras el otro le apuntó en la cabeza con la punta de un cuchillo. Kazim estaba horrorizado. No había manera de que él pudiera librarse del sujeto sin salir lastimado. El tipo susurró al oído del petrificado chico lo siguiente:
??: ¡Entrégame todo lo que tengas y no intentes gritar!
Kazim: ¡Por favor no me hagas daño! No tengo gran cosa, ni siquiera tengo dinero, solo traigo lo de mi pasaje...
??: ¡Dame tu mochila!
.Kazim intentaba ganar algo de tiempo con la esperanza de que alguna otra persona pasara por ahí y pudiera auxiliarle. Pero el asaltante tomó por la fuerza a su victima y pudo verle mejor; sin embargo, durante ese instante en que Kazim dio la vuelta, se cayó su celular. El ladrón se dio cuenta de eso, pero también se quedó petrificado cuando vio la cara del muchacho. Tan solo unos segundos bastaron y el ladrón tomó el celular, de alguna manera, se comportó como si él mismo dudara en proseguir con el atraco. Pensando que era tarde para arrepentirse y teniendo el celular del chico, corrió rápidamente a ocultarse y evitar ser visto por alguien más.
Kazim estaba totalmente consternado, no daba crédito a lo que le había sucedido hace tan solo unos segundos. Cuando recobró el sentido, se tiró al piso de rodillas y lloró de coraje. Sentía que su suerte le había abandonado. Tardó un poco en reponerse, pero pudo hacerlo finalmente. Tomó el autobús y se fue directo a casa. Todo el camino se la pasó lamentándose por haber estado "perdiendo el tiempo" o al menos eso creía. Al llegar a casa no quiso enfrentar a sus padres, pero era inevitable ya que ambos se encontraban en casa esperando el preciso momento en que Kazim entrara.
Madre: ¿Se puede saber que horas son estas de llegar? ¡Tú no te mandas solo señor!...
En fin, un sin fin de regaños fueron decretados por la boca de ambos señores, pero esta vez el chico no se inmuto, ya que su mente solo estaba ocupada pensando en aquel suceso que le había arruinado todo el día. Después del sermón de sus padres, Kazim se fue directo a su cuarto, tan solo con la compañía de su pequeño sabueso llamado Chetos. Chetos notaba la tristeza de su amo, y su único deseo era tratar de consolarlo haciéndole compañía y observando la evolución del proceso de su conciencia la cual podía notar a través de los monólogos que el joven hacía en la privacidad de su cuarto. Y al final de eso, Chetos simplemente terminaba orinando la puerta demostrando su aprobación.
Entrada la media noche, Kazim terminó dejándose vencer por el sueño. Pero las imágenes del atraco volvían a su mente, y junto con las emociones que había experimentado, hicieron una tenebrosa orquesta en la mente inconsciente del joven para presentar las más espeluznantes pesadillas que su cerebro le podía ofrecer.
Después de despertar de ese infierno onírico, Kazim estaba recordando sobre todo lo que había sucedido el día anterior. Aunque los ánimos eran pobres.
Pero en la noche anterior, algo había tomado un rumbo extraño. En lugar de que la sombra de aquel hurto se desvaneciera para siempre de la vida de Kazim, en realidad era todo lo contrario.
Aquel ladrón había tenido un reparo a la hora de cometer el atraco, algo muy curioso había sucedido. Al llegar con un cómplice de él, el cual se dedicaba a desbloquear los celulares robados para ser restablecidos a su estado de fábrica; pidió que ese celular no se vendiera, es más, él mismo pagó por lo que hubiera costado si se vendía en el mercado negro. El mismo técnico, que le conocía de hace tiempo se quedó sorprendido por esa acción. Pues aquel chico nunca se había mostrado interesado en adquirir un celular robado, y menos mostrarse ansioso por tenerlo.
Una vez que el trabajo estuvo hecho, pago lo que se le pedía y regresó a su casa. Con el celular en la mano, y con toda la información de kazim disponible, aquel extraño ladrón comenzó a revisar los perfiles de su victima con animo de estudiarle a fondo ¿A caso era un vil acosador? ¿Por qué se había interesado en la pertenencia de aquel pobre muchacho?
Pasó la noche vagando en cada uno de los rincones de las redes sociales de Kazim. Una foto tras otra, videos, registros... era evidente. Había una obsesión, la cual ni el mismo entendía. Cuando por fin se dio cuenta de lo que estaba haciendo, apagó el celular y se puso en una pose reflexiva preguntándose el por qué. Sintiéndose profundamente arrepentido, estaba dispuesto ha reparar lo que había hecho.
Kazim estaba a mitad de camino hacia la escuela. El día anterior había sido toda una odisea, estaba deprimido por haber perdido su único medio de comunicación. Renata subió al autobús en el que iba Kazim, pero él no se había dado cuenta de su presencia. Renata noto inmediatamente que algo no andaba bien con su querido amigo. Ella no dudo en abordarlo con la intención de saber que era lo que le había sucedido a Kazim. En cuanto ella le habló, el levantó la mirada, la abrazó y se rompió en llanto. Después de que le contara lo sucedido a su amiga, ella intentó consolarle y al mismo tiempo a animarle a levantar una denuncia. A lo que el pequeño solamente respondió con negativas, pues ni siquiera podía dar una descripción de la persona que le había robado. Kazim no había podido ver el rostro del asaltante, y por el temor a que le hiciera daño, tampoco había conservado en su memoria la complexión de aquel individuo.
Renata le acompaño hasta su salón de clase procurando que no le pasara nada más a Kazim, afortunadamente ella iba en la misma escuela.
Renata: Trata de no pensar el que pasó Kaz, no justo que hayas pasado por esto. De verdad me siento muy mal por ti.
Kazim: No te preocupes nena, yo estoy bien, además, no me hizo daño. Creo que debo agradecer que no me haya hecho nada.
Renata: No tienes que agradecerle nada a ese tipo. ¡Lo que te ha hecho la pagará muy caro!
Kazim: ¡Ya sé! perdón por darte molestias.
Renata: ¡Ah! no es nada Kaz, no quiero verte triste, sé que es algo difícil de sobreponer, pero confió en que puedes recuperarte querido amigo.
Cuando llegaron a la escuela, Renata estaba atenta a que ninguno de los compañeros fuera a meterse con él, pues como era costumbre, un grupo de chicos solía molestarle muy seguido. Estaba decidida a callar a aquél que insultara a Kazim, y planeaba darle una gran bofetada al atrevido que lo hiciera.
Pero el curso que toma el flujo de la vida es caprichoso, y la persona que había robado el celular de Kazim estaba muy cerca de él. El ladrón se había dado cuenta de que su víctima estaba ahí, así que lo siguió manteniendo una distancia considerable para no llamar su atención y mucho menos levantar sospechas. Pero después de que Renata dejara a Kazim en su salón, aquel tipo se retiró sin tener oportunidad de acercarse ya que su víctima siempre estuvo custodiada por Renata.
En ninguna de las clases Kazim pudo concentrarse, lo que le ganó una que otra llamada de atención. La intención del chico no era precisamente concentrarse en sus estudios, más bien quería que los sucesos y quehaceres escolares lograran apartarlo de los pensamientos que rondaban en su cabeza. Al no lograrlo y ver que solo estaba perdiendo el tiempo, tomó sus cosas y se retiró sin decir nada.
Pero los ojos del responsable de la infelicidad de Kazim estaban muy alertas. Él esperaba en su salón y estaba muy atento en la ventana, con la esperanza de que Kazim saliera para ir al baño, sería entonces es cuando el intentaría interceptarlo. Sin embargo, cuando vio que el chico estaba en el pasillo que conducía la salida, rápidamente salió del salón donde se encontraba y se dirigió intempestivamente a Kazim.
¿?: ¡OYE! ¡ESPERA!
Kazim: ... ¿Quién eres tú?
Uriel: Me llamo Uriel.
Kazim: ¿Qué es lo que quieres?
Uriel: Quiero darte esto.
Uriel era el asaltante, y esto quedó constatado cuando Kazim miró el celular que le había sido arrebatado la noche anterior.
Kazim: ¿Por qué rayos tienes mi celular? ¿Cómo lo conseguiste? No me digas que tú...
Uriel abrazó a Kazim, le susurró algo al oído y luego le tomo del brazo para llevarlo fuera de la vista de los curiosos que se encontraban dentro de los salones, Kazim estuvo a punto de gritar pero Uriel le pidió que se calmara. Que estaba arrepentido, le pidió perdón.
Uriel: Kazim ¡perdóname por favor! nunca pretendí asustarte y robarte como lo hice ayer. Pero estaba desesperado por obtener algo de dinero. No te reconocí hasta que te di la vuelta, Se me cae la cara de vergüenza. No quería hacerte daño, en especial a ti.
Kazim recordó a Uriel, un chico que había encontrado hace unos tres días en la plaza central de Guadalajara. El chico había estado cantando en la calle a cambio de algunas monedas. Uriel hacía de todo con tal de tener suficientes gastos para poder pagar la colegiatura y comer por lo menos una vez al día. En aquella ocasión, Kazim se dio cuenta de que el chico estaba hambriento, así que le invitó a comer unos tacos en el famoso puesto de doña Patricia. Había sido curiosa la manera en que el pequeño se acercó a Uriel, pues él solo quería escucharlo cantar, su voz le hizo sentir mucho ánimo y por ello sintió la confianza para preguntarle sobre como había aprendido a cantar de esa manera y si se sabía algunas de sus canciones favoritas. Uriel y Kazim habían hecho muy bonita dupla, pero cuando se dio cuenta de que el chico no había comido, decidió ayudarle. Uriel recordó la cara de Kazim en el momento del asalto, por esa razón el arrepentimiento y la culpa de haber hecho semejante acción contra la única persona que le había ayudado de esa manera, le mantuvo en un infierno del que solo podía librarse al devolver el celular y pedir disculpas sinceras a Kazim.
Después de escuchar las disculpas de Uriel, Kazim se abalanzó sobre el y lo abrazó. Le dijo que todo estaba olvidado. Uriel estaba anonadado, él esperaba que su victima le atacara con palabras y humillaciones, pero sucedió lo contrario de lo que él esperaba.
