Una hoja reluciente sin vida posó
su filo sobre la superficie tersa de su faz, movida por un profundo propósito,
tomo como impulso la curiosidad por desmembrar los misterios velados a través
de gruesas capas que respiraban una encima de la otra. Con el deslizar de la
hoja, cada sentimiento permitía la separación del velo interpuesto entre miles
de secretos, imprimiendo un corte delicado y perfecto a según la experticia del
dibujante. El origen del milagro intentó ocultase bajo bocanadas de una
extraña, pero brillante tinta, tan viva como las capas que le protegían. Sin
más defensas bajo la cuales ocultarse, lo único que pudo hacer fue morir, dejando
su secreto solo a quien tuviera corazón para leer.
